Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Nuestra visita al Jura y a la Maison Pierre Overnoy - Emmanuel Houillon



Pienso que el mejor lugar donde degustar y entender los vinos de una zona concreta es in situ en esa región. En esto seguramente coincidiré con todo amante del vino.

Hace muchos años que estoy enamorado de los vinos del Jura. Los bebo en casa o en restaurantes, pero recientemente tuve la oportunidad de visitar la zona y disfrutar cada día de la hermosa variedad de vinos que allí se elaboran. Compartiendo además el viaje con algunos de nuestros mejores amigos, la experiencia no pudo resultar mejor.

Jura es uno de los departamentos de la actual región administrativa Bourgogne-Franche-Comté, localizado al este de Francia y lindando con Suiza.

El viñedo, que se extiende a lo largo de 80 kilómetros, ocupa hoy en día menos de 2.000 hectáreas. Es pequeño en tamaño pero grande en diversidad. Chardonnay, pinot noir, ambas cultivadas aquí desde hace siglos, y las autóctonas poulsard o ploussard, trousseau y savagnin son las 5 variedades dominantes.

Arbois, población considerada la capital vínícola de la zona, da nombre a la AOC, constituida en 1936; las otras denominaciones son Côtes du Jura, Château-Chalon, L'Étoile, Crémant du Jura, Macvin du Jura y la más reciente Marc du Jura.


La región está dotada de una generosa naturaleza y bellos paisajes. Podemos ver numerosas cascadas (destacan las de Hérisson), también lagos, bosques, grutas, colinas, recorrer bonitos senderos (Sentier Karstique), pasear entre las viñas y visitar pequeños pueblos de ambiente sumamente tranquilo. Todo ello bajo un cielo limpio. Otra de las imágenes que se repiten son los numerosos prados donde pastan las vacas, no olvidemos que además de vinos es zona de grandes quesos.

Durante nuestra estancia en la zona visitamos varios de los pueblos más importantes: Pupillin, Arbois, Poligny, Château-Chalon y Salins-les-Bains, donde nos instalamos. En cada una de estas localidades nos acercamos a algunas de las direcciones que más nos atraían, restaurantes y tiendas de vinos y de quesos.

Le Grapiot (Pupillin)


El día de nuestra llegada teníamos reserva para cenar en este restaurante localizado en Pupillin, población pegada a Arbois. Le Grapiot se encuentra a sólo unos pasos de la casa de la familia Overnoy-Houillon.

Elegimos el Menú Plaisir, compuesto de entrada, principal y postre, a elegir entre dos opciones cada plato. Al menú añadimos una selección de quesos. Realmente comimos muy bien, sirva como ejemplo uno de los platos: Crème choux-fleur servi froide, déclinaison de truites des Planches, cubes chèvre frais de Céline Nicole, huile de noix et sakura. Potencian los ingredientes de productores cercanos, en este caso el queso de cabra y la trucha.

La carta de vinos es extensa y de calidad. Nosotros, 4 personas, disfrutamos enormemente. Empezando por Le Chardo Gai 2013 de Tony Bornard, ¿os suena el apellido? A mis amigos les encantó, yo ya me lo esperaba, había probado su ploussard en París sólo unos meses atrás. Para pedir sus vinos allá donde los encontremos.

Continuamos con una botella de otro de mis vignerons preferidos de la zona, Julien Labet, Pinor Noir 2015; para seguidamente abrir un vino con lacre de color rojo que no podía faltar en esta cena, sobre todo estando en el corazón de Pupillin, donde reina la ploussard: Arbois Pupillin 2012 Maison Pierre Overnoy. Bravo por Emmanuel Houillon. Deliciosa ploussard.


Los vinos de esta casa, etiquetados bajo la subdenominación Arbois-Pupillin, se diferencian visualmente por el color del lacre con que cierran la botella: blanco para chardonnay, color amarillo para savagnin y rojo para Ploussard.

El siguiente también era un hors catégorie! Les Vignes de mon Pére Savagnin 2004 de Jean-François Ganevat, el vigneron instalado en Rotalier, al sur del Jura. Un vino vinificado durante más de 130 meses al abrigo del aire (ouillé) en demi-muids de 600 litros. Todos los presentes en la mesa habíamos probado ya esta cuvée, bien esta añada o la 2003 en mi caso, y todos confirmamos de que se trata de un fuera de serie.

Finalmente, aunque bien podría haber sido el primer vino de la velada, nos despedimos del lugar con un pétillant: Ouf!, Pétillant Naturel de Jean-Baptiste Menigoz del domaine Les Bottes Rouges. Ouf! ¡Qué bueno! Pet'nat de chardonnay.

Los deliciosos platos los acompañamos con momentos de felicidad al degustar estos vinos. Fabuloso primer día en la zona.


Maison Pierre Overnoy
Emmanuel et Anne Houillon-Overnoy

Cuando acudí a la puerta de esta casa pensé: ¡Hemos llegado! Pierre Overnoy, quien ya en 1984 vinificó su primer vino sin sulfuroso, y Emmanuel Houillon, quien tomó las riendas del domaine una vez retirado el primero, nos recibieron junto a otros visitantes: una joven pareja venida de Brasil, un restaurador francés y también una pareja vecina de la región. Se trata de una bodega de referencia en el Jura y a nivel mundial. Los Overnoy-Houillon no dejan entrar en sus botellas ninguna otra cosa más que uva. Pierre Overnoy nunca ha utilizado productos químicos, en sus vinos siempre ha buscado la expresión más auténtica de sus tierras y las características de la añada, y Emmanuel, formado en el oficio desde muy joven por Pierre, ha continuado con idéntica filosofía. También presente en la mesa de cata su hijo adolescente, el futuro está asegurado.


Escuchando las explicaciones y experimentada información vinícola de Emmanuel Houillon, probamos 6 vinos diferentes. Entre ellos, el primero, Ploussard 2016, y el último, el extraordinario Savagnin ouillé 99. ¡Emocionante degustación! Hace ya unos años, al degustar sus vinos, comenté: "quien prueba un vino de esta casa es como si bebiera por primera vez".

Los, desde entonces, amigos brasileños, disfrutaron tanto como nosotros y cumplieron su deseo de que Overnoy les dedicara el libro que portaban, "La parole de Pierre". Lectura por cierto muy recomendable. Personalmente, me ilusionó mucho recoger el regalo de Pierre Overnoy, su pan recién elaborado. Mi  padre fue panadero.

Una visita inolvidable a esta gente tan sencilla, trabajadora y honesta. Estamos muy agradecidos por el acogedor recibimiento en un día de gran preocupación por las heladas en la viña.

Nuestra llegada, en el pasado mes de abril, coincidió con la gran ola de frío que afectó casi toda la región. Tras las tres últimas añadas poco productivas, un par de noches fueron suficientes para que la climatología jugara una mala pasada al viñedo del Jura, una zona en la que los vignerons no pueden permitirse la inversión en métodos de protección como quemadores de calefacción, sistemas de aspersión, hélices o menos aún helicópteros. En general, más del 50% de las viñas se vieron afectadas, en algunos casos pasó del 80%. El trabajo del vigneron es duro, muy duro, siempre expuesto y a merced del tiempo.


Tras visitar la familia Houillon-Overnoy, mi pareja y yo completamos el día cenando en este conocido restaurante de Arbois. En un día de enorme frío, nos sentó de maravilla el sabroso Coq au vin jaune et aux morilles servis en cocotte à l'ancienne. Es el plato estrella del lugar, acompañado en este caso de arroz blanco. De postre, ¡cómo no!, Crème brulée au vin jaune. Todo fait maison.


Y para acompañar la cena, Les Dolomies Les Combes 2013 Chardonnay de Celine et Steve Gormally, Côtes du Jura, y Pinot 2015, Arbois, de Emile y Alexis Porteret, domaine des Bodines. El blanco colosal y el pinot también muy bien.


La tienda de vinos de Stéphane Planche es un lugar a visitar. Stéphane es también el sommelier del prestigioso restaurante Maison Jeunet, localizado igualmente en Arbois. Al restaurante no acudimos en esta ocasión pero sí a su tienda. Cuenta con una buena selección de vinos del Jura y de otras zonas vinícolas. Hicimos buenas compras. Nos llevamos para casa algunas botellas de Jean-Marc Brignot y Anders Frederik Steen, y también de Sylvain Saux. Añadimos algunos vinos más de la región para disfrutarlos durante nuestra estancia. Así, de Alice Bouvot del Domaine l'Octavin, de Didier Grappe y también una joya de Pierre Overnoy, añada 97, vino del que no tardaré en comentar unos párrafos más abajo.





Arbois es una bonita población, en ella se concentran además de la tienda nombrada, otras direcciones de interés. En su plaza más conocida, Place de la Liberté, tenemos a un lado la tienda de vinos de los Tissot, justo enfrente de la boutique de un famoso maestro chocolatero, Les Chocolats d'Edouard Hirsinger. En una podemos catar sin problema los vinos de Bénédicte y Stéphane Tissot del domaine Mireille et André Tissot, a mí siempre me han gustado mucho, y en la otra comprar deliciosos dulces.

También destaca en Arbois un lugar de tremenda popularidad entre los amantes del vino y del vino artesanal principalmente, Le Bistrot des Claquets. En la semana de nuestra visita, la siguiente a Pascua, estaba cerrado por vacaciones, otra vez será.

Essencia (Poligny)

Si Arbois se considera la capital de los vinos del Jura, Poligny lo es del comté. Y Essencia es la tienda donde acudir para comprar este apreciado y extraordinario queso; también morbier, otro de los grandes quesos de la zona.  


Philippe Bouvret dirige este negocio de larga duración familiar, de varias generaciones. Además de fromages y otros productos de calidad podemos aprovisionarnos para no pasar sed. Nosotros acudimos dos veces. Atención a la lista de nuestra compra: vinos de Jean-François Ganevat, Emile & Alexis Porteret (Domaine des Bodines), Didier Grappe, Domaine Pignier, Etienne Thiebaud (Domaine des Caravodes), Alice Bouvot (Octavin), Jean-Baptiste Menigoz (Les Bottes Rouges) y un vino verdaderamente difícil de encontrar incluso aquí, el de Kenjiro Kagami, de hecho sólo nos llevamos una botella de este vigneron. Respecto a los vinos de otras zonas presentes en la tienda, la verdad es que no me fijé. Essencia requiere una visita imprescindible, valga como muestra la fotografía de cabecera.



Precioso pueblo que visitamos, su nombre coincide también con el de la appellation. Su protagonista es el Vin Jaune, aunque igualmente se elabora en otras tres appellations d'origine contrôlées de la zona. Este vino seco emplea únicamente la variedad savagnin, tras su fermentación madura en barricas de 228 litros sin ser llenadas por completo (non ouillé), favoreciendo la aparición de una fina capa de levaduras llamada voile (velo), similar a la flor de los vinos andaluces. Aquí, en este frío clima, la capa es más fina y no se emplea el sistema de soleras y criaderas. Este velo, además de preservar el vino, le transfiere aromas muy particulares (goût de jaune) recordando principalmente la nuez. El vino envejece seis años y tres meses evaporándose una gran porción del líquido, quedando de cada litro de mosto la cantidad de 0,62 litros que es a su vez la capacidad de la botella empleada denominada clavelin. Se trata de uno de los vinos más singulares, complejos y duraderos del mundo.

Una de las más felices alianzas queso-vino se da entre el famoso queso Comté y el Vin Jaune. Este queso de larga reserva se elabora exclusivamente con leche fresca de vacas locales de la raza Montbéliarde (unos 500 litros para un solo queso), se prensa en forma de rueda, de gran diámetro, y alcanza entre los 30 y 55 kilos de peso. Su aroma afrutado y sus notas con recuerdos a avellanas y nueces conjugan perfectamente con el Vin Jaune.



Durante toda nuestra estancia estuvimos instalados en este pueblo situado a unos pocos kilómetros al norte de Arbois, en una preciosa casa de grandes estancias, doble cocina y terraza con vistas. Aprovechamos el lugar cenando varias veces acompañados por los grandes vinos de nuestras compras, entre ellos:

Mizuiro 2014, chardonnay de Kenjiro Kagami, vigneron japonés instalado en Grusse, cerca de Rotalier. Su domaine se denomina des Miroirs. Kagami es espejo (miroir) en japonés. Ya he comentado que no es fácil encontrar sus botellas, la producción es muy limitada y la demanda va creciendo, de hecho nosotros teníamos como encargo comprar varias y sólo conseguimos una, botella que nos bebimos muy a gusto.





Red Bulles, Pétillant Naturel de poulsard del Domaine des Bodines, el domaine de  Emile y Alexis Porteret. Esta botella cayó antes de la cena.

Let's fly around the Jura! Extraordinario vino a base de pinot noir, poulsard, trousseau y chardonnay. Siendo de Didier Grappe, no me extraña tanto. Para beber sin moderación. Les Insouciantes 2015 Côtes du Jura. Ah, y ¡viva el tapón de rosca! Se encuentran en Saint-Lothain, cerca de Poligny.





El siguiente vino que menciono es de uno de los grandes de nuestro particular viaje por el Jura, el de un joven vigneron, Etienne Thiebaud, afincado en  Cramans, a pocos kilómetros de Arbois. La botella, Guille-Bouton 2013, chardonnay del domaine des Caravodes.

Seguimos, C'est max!, Arbois, Pinot noir 2014 de Jean-Baptiste Menigoz (domaine Les Bottes Rouges). De 11,5% de graduación, vibrante y tremendamente accesible.





Château-Chalon 2010, comprado en la tienda de los vinos de Bénédicte y Stéphane  Tissot en Arbois. Aún siendo su añada más reciente de Château-Chalon en el mercado, destaca su finura y elegancia. Está listo y no hay que esperar 30 años para disfrutarlo, es de placer inmediato, aunque quien lo desee puede esperarlos.


Nuestra última cena en el Jura transcurrió también en la casa alquilada, con un vino comprado para la ocasión en Les Jardins de Saint-Vincent, la tienda en Arbois de Stéphane Planche. Fue el vino de la noche, del viaje y uno de los vinos de nuestra vida, un vino de 20 años, complejo y emocionante: Vieux Savagnin Ouillé 1997 de Pierre Overnoy.

Hasta la próxima

miércoles, 31 de mayo de 2017

Vino Vivo 2017 - Salón de Vinos Naturales de Madrid



A principios de mayo, el domingo día 7, se celebró la 3ª edición del salón de vinos naturales de Madrid, organizado por la Asociación de Productores de Vinos Naturales (PVN). En esta ocasión se desarrolló en el espacio La Industrial, en la calle San Vicente Ferrer, en pleno barrio de Malasaña.

En mi recorrido de vinos sin aditivos, probamos vinos de muy diversas zonas, desde Valdeorras al Priorat, del Ampurdán a Zamora, también del Penedés, de Valencia, Bullas, Montilla, Granada, La Mancha, Gredos... Viticultores de prácticamente toda la geografía española estaban presentes.

Fue una jornada divertida, alegre, feliz, festiva.

Comentaré de forma muy resumida algunas de las mesas que visité:



La primera mesa que visitamos del salón. Sidra artesanal de producción familiar de la zona de la Alpujarra granadina. Elaborada en el Cortijo Fuente Guijarro. Localizado a una altitud de 2000 metros en el Parque Natural de Sierra Nevada, en su cara sur.

Trabajan con una gran variedad de manzanos antiguos, no utilizan aditivos ni manipulaciones de ninguna clase. Son sidras para beber a cualquier hora del día, del orden de los siete u ocho grados alcohólicos. Alguna más aromática, otras con mayor cuerpo, con fermentación terminada en botella, con doble fermentación utilizando el zumo de las propias manzanas. Sabores a fruta y especias, zumo seco fermentado y adictivo.


Dos días antes había probado una de sus garnachas en el magnífico restaurante Montia de San Lorenzo de El Escorial, Forcípula 2015. Le comenté cuánto me gustó, además acompañado por unos callos a la madrileña, tal como nos lo presentaron, formaba una pareja explosiva.

Raúl Calle, ingeniero forestal, desarrolla en Gredos un proyecto familiar desde 2012, recuperando viñedos perdidos de garnacha y albillo en la zona de Ávila.


Nos cuenta que su primer vino elaborado tenía que llamarlo forcípula, dada su profesión y su relación con este instrumento de medida. Probamos sus cuatro vinos de la mesa: el mencionado; un rosado espectacular, Churumbi, para beber a litros; una garnacha de magnífica acidez, nueva elaboración todavía sin nombre, de ahí lo de Raw escrito en la botella, y finalmente su vino Canto de los pollitos. Todos garnacha, garnacha de Gredos, todos de gran nivel, nos encantaron.



De la zona de Bullas. No es la primera oportunidad que catamos sus vinos, ni que los bebemos, lo hicimos recientemente en una de las ferias de vinos naturales en Montpellier. Degustamos en esta ocasión: Uva Negra Vino Blanco, forcallat 80% y monastrell; 3 Monas, divertida etiqueta, monastrell sin acabar, traída esta muestra expresamente; el pétillant, degollado dos días antes para el salón; la monastrell de maceración o las vinificadas en barricas. Sus vinos se caracterizan por su naturalidad y honestidad, siendo su único ingrediente la uva, 100%. Vinos auténticos.



En la comarca de Valdeorras. Nacho González recupera y trabaja sólo tres hectáreas en distintas parcelas, alguna ha sido heredada de su abuela. Cepas viejas de godello, palomino, doña blanca, garnacha tintorera, mencía y sumoll. Utiliza en casi todas sus elaboraciones tinajas de barro. En varios de sus blancos realiza maceraciones largas con sus hollejos. Sus vinos son tan interesantes como sus etiquetas, bellamente diseñadas por un artista amigo suyo. En esta degustación, añada 2016, me enamoré de su clarete Proscrito, 95% palomino y 5% garnacha tintorera, frescura, fruta ácida, zumo de uva fermentada.



Localizados en la población de Venta del Moro, en la comarca de Utiel-Requena. Producción familiar. Viejas cepas de más de 60 años y variedad bobal. No esconde en sus vinos su personalidad mediterránea. Me gustó Sexto Elemento 2015, pero aún me gustó más su botella David y Goliath, más fresco, también afrutado y sin perder elegancia. De viñedos en mayor altitud. Sus vinos no se encuentran dentro de ninguna denominación de origen.

Las etiquetas también son muy interesantes, desplegables y con abundante información. Acabamos la degustación en esta mesa con Marisandro, un vino con 250 días de maceración y 2 años en barricas de ciento y pico años. Rico, rico.



Airén, malvar, albillo, chelva y también tempranillo y garnacha. Variedades de su zona. Está instalado en El Tiemblo, Ávila, pegado a la Sierra de Gredos. Siempre experimentando, sus vinos cada vez me gustan más. En esta sesión, añada 2016, sobresalían para mi gusto la malvar, dos semanas de maceración, y Alba, albillo con dos días de maceración. Destacan sus blancos, pero sus tintos presentaban una acidez colosal.

Aunque lo importante es el vino, me alegro también que utilice etiquetas más expresivas.


Por supuesto, no fueron las únicas mesas que catamos, también probamos los vinos de Vicent Tomàs, de la zona de la Vall d'Albaida, su blanco de tortosí y tardana o el de macabeo y la uva de mesa rosseti, destacaban para mi gusto; también presentes, Los Comuns, del Priorat, con vinos más frescos de lo que estamos acostumbrados en esta región; de Ignasi Seguí, Vinyes Singulars, en el Penedés, probamos el xarel.lo (con frescas notas que nos recordaba al plátano, la pera, manzana, fruta ácida) y también sus pet'nat; la garnacha blanca, gris o tinta del Ampurdán de La Gutina, ofrecida por Barbara Magugliani; los vinos de Purulio, de Torcuato Huertas, en la Alpujarra granadina, que no dejan de encantarme; también los de José Miguel Márquez, Bodegas Marenas, de quien saboreamos con gusto Montepilas (vino con idéntico nombre que su variedad autóctona) y Mediacapa (pedro ximénez); disfrutamos con los vinos de Barranco Oscuro, Garnata estaba fantástico; tremendo el pinot noir de Ramón Saavedra, Bodega Cauzón; probamos también otros de los vinos que nos gustan, los de Samuel Cano, Bodega Patio. También quiero destacar los vinos de Bodegas Coruña del Conde, Dagón o Alumbro; de Burgos, Valencia y Zamora respectivamente. De esta última, Microbodega del Alumbro, estamos enamorados de su clarete, mitad tempranillo, mitad palomino. No visitamos todas las mesas presentes en el salón, pero en próximas ocasiones tendré oportunidad de ello.

Este salón supone otra buena excusa para visitar cada año esta ciudad.

Madrid Calling!

Vicente








jueves, 25 de mayo de 2017

De vinos naturales por Madrid: Restaurante Montia; Bendito, Vinos y Vinilos; Wine Attack; La Siempre Llena; Olor y Sabor; La Fisna...



Ciudad de teatros, de grandes museos y numerosas exposiciones de arte, de plazas y paseos, de mercados y barrios históricos... Ciudad multicultural, abierta y acogedora. Vale la pena visitar Madrid.

Y revisitarla. Os cuento nuestro último recorrido y experiencia a través del vino y los locales que visitamos en los tres días anteriores al salón de vinos naturales, Vino Vivo, celebrado en la ciudad:



Desde febrero de 2016 La Fisna ocupa un nuevo espacio. Cambió de ubicación, desde la calle Doctor Fourquet a un bonito local de la calle Amparo nº 91, también en el atrayente barrio de Lavapiés. Si antes, durante muchos años, fue tienda de vinos y distribuidor, ahora añade la función de bar de vinos ofreciendo varios platos y más de 50 vinos por copas, además de poder disponer de cualquier botella de las múltiples referencias de la tienda, bien para llevarse o para consumir en el local. Nos alegramos enormemente por esta nueva propuesta.

El local es realmente bonito, era una antigua taberna que han restaurado conservando elementos antiguos proporcionando un ambiente muy agradable. En una mesa y taburetes altos pero cómodos, saboreamos tres de los platos que proponen para acompañar los vinos: ensaladilla templada rusa, cecina de León y escabeche casero de pollo de corral con shiitake. Muy sabrosos y generosos. El pan también es de calidad.

De beber elegimos unas copas de Lovamor 2016, albillo de Alfredo Maestro; Chardonnay-savagnin 2013 vin de voile de Julien Labet y Trousseau de Messagelin 2014 de Etienne Thiebaut, del domaine des Cavarodes. Los tres extraordinarios. Tremendos. Y por copas.


Vale la pena echar una ojeada a las referencias del bar y visitar el espacio de la tienda. Veremos botellas de Macle, Aviet, Ganevat, Domaine des Murmures, Descombes, Michel Guignier, Hervé Souhaut, François Chidaine, Beatriz Herranz, Rafa Bernabé... y tantas otras. La oferta de vinos de Jerez es también buenísima.

Charlando con Iñaki, uno de los propietarios, nos comenta que no es que estén especializados en vinos naturales, sino en los vinos que les gustan. Magnífica respuesta. Y tienen muy buen gusto.


Un lugar encantador, de nuestro gusto. Su propietario, José González, es el alma del local, muy simpático. Ocupa un pequeño espacio del Mercado de San Fernando, en Lavapiés, uno de mis barrios preferidos, ejemplo de multiculturalidad, donde convive gente de más de 80 nacionalidades diferentes.

Bendito, Vinos y Vinilos es un lugar donde disfrutar de jamones, cecinas, embutidos, quesos de leche cruda y una gran variedad de vinos naturales. Tienda y bar de vinos, nosotros acudimos un viernes en la tarde noche. El ambiente es divertido, de muy buen rollo, para disfrutar abriendo botellas, charlar y degustar los manjares citados servidos en papel de estraza sobre vinilos utilizados como platos. También hay tocata, de hecho, sobre el tocadiscos probamos las primeras copas. Esto sí es rock'n'roll.


Y vaya que se abrieron botellas y probamos vinos durante el rato que estuvimos: Orange, la tardana y macabeo de Mariano Taberner (Bodegas Cueva); el clarete del Alumbro, un vino que nos gusta mucho; Kπ Amphorae 2015 de Samuel Ramos; Airén 2010 Rancio de Sol a Sol de Julián Ruiz (Esencia Rural); Kabronic de Samuel Cano (Bodega Patio) y finalmente, elCouto Palomino Fino 2016 de Pagos de Nona.




En el local se permanece de pie, pero para quien lo desee también hay algunas mesas y sillas en la puerta, en el pasillo del mercado a modo de terraza.


El anterior no fue el único local de vinos que visitamos en este mercado, mercado por cierto como los de toda la vida y que los viernes y sábados alarga su horario en un ambiente festivo, lleno de gente joven y de todas las edades.

A pocos pasos de Bendito, Vinos y Vinilos se encuentra La Siempre Llena. Me encantó. Se trata de una bodega, contemporánea, donde sirven vinos a granel, naturales. También disponen de botellas. Nosotros probamos un par de copas: Aire en el patio de Samuel Cano y un Pet' Nat de Bodegas Coruña del Conde. Acompañadas con unas aceitunas maceradas, cortesía de la casa. Cerca ya de las 11 de la noche de un viernes, hora de cierre, nos apuntamos este puesto del mercado para visitarlo en próximas estancias en Madrid.



No sé cuál fue la excusa principal para visitar el pueblo de El Escorial, si el Monasterio o este restaurante. Aparte bromas, ambas visitas las recomiendo enormemente. El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial me impresionó, tanto la sala de la biblioteca como el claustro y todo su conjunto. El paisaje de los alrededores y del trayecto desde Madrid hasta la zona es bastante verde, por las ventanas del tren vimos incluso ciervos. Y el pueblo, situado al noroeste de Madrid, a una hora, y a pies de la Sierra de Guadarrama, da sensación de calidad de vida y tranquilidad.


La jornada no podía ser más completa habiendo reservado en el restaurante Montia, situado a escasos 500 metros del Real Monasterio. Era nuestra primera visita y la expectación grande. Una expectación que fue superada ampliamente.

La sala es bonita, cómoda, con buena luz y pocas mesas. Atendidos por el chef Dani Ochoa y su equipo, son todos unos cracks, les agradecemos el buen rato pasado, tres horas. Tuvimos claro elegir el menú degustación más largo y su maridaje, naturalmente. No tienen carta, tampoco de vinos. Trabajan con productos de la zona y la combinación platos y vinos es extraordinaria. De hecho, Dani es uno de los poquísimos chefs que he conocido quien además de cocinar de maravilla muestra idéntica sensibilidad y conocimiento por el vino.

De este restaurante nos gustó todo, hasta incluso el diseño de los delantales que portaba el equipo. Todo está estudiado al detalle, pero con enorme naturalidad.

Entre los platos que degustamos, en nuestro caso, 7 aperitivos, 6 platos, quesos de la sierra y 3 postres, todo delicioso, nombro solo a modo de ejemplo algunos de ellos:

Espárrago, crema de bacalao y espinaca con flores silvestres; molleja de ternera, castañas, alcachofas y borrajas; paletilla de conejo a la brasa con guiso de caracoles y acedera; callos a la madrileña; estofado de fresas y haba; bizcocho de galleta con mousse de chocolate y helado de cerveza... Es difícil destacar un plato, todos nos gustaron.

Empezamos con una cerveza artesana para el aperitivo, muy refrescante, y seguidamente los vinos: Pure S 2013, Jon Blanc; Botrítico 2016, Diego; Casèbianco 2015; Pinot Noir 2003, Pierre Frick; Q.V. 2012, Tissot et Bonnelle; Forcípula 2015, Raúl Calle; De sol a sol 2009, Julián Ruíz, Esencia Rural; Tardatto 2015, Mariano Taberner, Bodega Cueva; La Cosa 2014, Alfredo Maestro y Likor 2009 de Jean-Christophe Garnier.




El maridaje fue espectacular, acertadísimo y de gran nivel. Como apunte:

Botrítico, con las características que su nombre indica, es un vino realizado por Diego Rodríguez, agricultor vecino y amigo de Juan José Moreno García (La Microbodega del Alumbro). Un vino de Zamora, tempranillo vendimiado en invierno con uva botrytizada. Nos entusiasmó este vino. No se comercializa, nos contó Dani. Un vinazo que puede funcionar con varios platos, con el espárrago y crema de bacalao es increíble.

El Pinot Noir de Pierre Frick, ojo con la añada, es un fuera de serie. Acompañó el plato de molleja de ternera. Otro fuera de serie, el vino elaborado por Magali Tissot (¿os suena el apellido?) y Ludovic Bonnelle, domaine du Pech, en la zona vinícola del Sud-Ouest: Q.V., sauvignon macerada en qvevri. Con la paletilla de conejo combina perfectamente.

La garnacha de Raúl Calle, garnacha de Gredos, nos sorprendió muy gratamente. Junto a los callos a la madrileña formaba una pareja explosiva. Una producción de escasas 806 botellas.

La Airén 2009 de Sol a Sol de Julián Ruiz (Quero - Toledo) es un espectáculo en sí. Con los quesos de la zona aún más.

Ya en los postres, La Cosa, dulce natural de Alfredo Maestro, un néctar de moscatel que juega en el límite y que me sigue sorprendiendo. La última copa de la sesión fue la chenin de Garnier, Anjou, equilibrado, nada empalagoso.

Ganas tenemos de repetir la experiencia. El menú lo varían con frecuencia.





A sólo unos 30 kilómetros al este de Madrid y bien comunicada por tren, visitamos la bella ciudad cuna de Cervantes, Alcalá de Henares. Aquí podemos admirar su prestigiosa Universidad, observar los bonitos edificios de su casco antiguo, calles con soportales, plazas con parterre y la bonita visión de numerosas cigüeñas y sus nidos situados en campanarios, torres y tejados. También podemos hacer un alto en el camino sin salir del centro histórico para visitar Olor y Sabor, un lugar donde además de bien comer disponen de varias referencias de vinos sin aditivos muy de mi gusto.

La cocina es tradicional, adaptada a nuestro tiempo. Huevos cremosos sobre picadillo de matanza toledana y patatas y el plato de bacalao crujiente fue nuestra elección. Platos abundantes y sabrosos.

Para beber, elegimos dos botellas: Pampaneo 2015 de Julián Ruiz, de Toledo, airén en maceración durante 6 meses y Cailloux, extraordinaria pinot noir de Patrick Bouju, de Auvernia. Disfrutamos.

También funcionan como tienda para comprar sus productos.





De nuevo en Madrid, en el barrio de Malasaña. Abierto desde finales de enero de este año, en la calle del Limón nº 30, paralela a Conde Luque, se localiza Wine Attack, tienda de vinos con numerosas referencias y donde poder cenar los fines de semana, cocina tipo bistrot. Os lo recomendamos.




En nuestra visita, mesa para dos, como durante todo nuestro viaje, cenamos verduras a la plancha con bacalao, pastel de rabo de toro y una extraordinaria tabla de quesos de leche cruda franceses. Todo riquísimo. Para beber, dos botellas: Doris 2016 de Fabio Bartolomei, Vinos Ambiz, variedad doré, y Keep on Pouching 2015, fantástica chenin sudafricana de Craig Hawkins, muy conocido ya en todo el mundo.

Lo importante siempre es el vino, pero me alegra que Fabio utilice etiquetas más llamativas. En cuanto a su vino, cada vez nos gusta más.

No nos fuimos sin algunas compras, había donde elegir:



Otro lugar que visitamos, el local de los hermanos Villalón, quienes regentaron el famoso El Padre. Nuestra intención fue conocerlo y tomar algo. Se localiza en la calle Reina, junto a la Gran Vía. Estando llena la zona de comedor y bar de vinos, llegamos algo tarde, bajamos al sótano, especializado en cócteles al estilo de bar americano, pero donde nos atendieron perfectamente al solicitar un par de copas de vino de entre las múltiples referencias, en concreto: Albillo 2014 de Vinos Ambiz y L'Ailleurs (2015) de Anne et Jean-François Ganevat. Como digo, la carta de vinos es muy extensa, en ella vimos también algunos vinos de Puzelat, Laureano Serres, Breton, Olivier Rivière, Julien Labet, Lucien Aviet y bastantes de Ganevat, entre otros. Habrá que volver y cenar.

En Madrid la oferta en vinos naturales va aumentando. Seguro que en mi próxima visita recorreremos otros lugares y repetiremos los conocidos que tanto nos han gustado.

Vicente

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