Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

miércoles, 31 de agosto de 2016

En Singapur: Burnt Ends, Caveau Bar...



Este año, en la pasada primavera, visitamos Singapur. Va siendo hora de contar nuestra experiencia, sobre todo porque nos gustó aún más de lo esperado, y además, aunque en un principio parecía difícil, encontramos donde beber los vinos que nos gustan, vinos auténticos.

Singapur está formada por una isla principal y otras 64 pequeñas islas. Situada entre Malasia al norte e Indonesia al sur. Considerada una ciudad-estado, presenta una alta densidad de población, 5 millones y medio de habitantes en una extensión de sólo 707 km2. Se independizó del Reino Unido en 1963, como parte de Malasia, y se separó de ésta dos años más tarde. Se trata de un país pequeño, una ciudad cosmopolita, de arquitectura vanguardista, muy limpia, sus calles están impolutas, de las ciudades más limpias que hemos visitado, organizada, tranquila y segura, es muy fácil de visitar. También destaca la amabilidad de sus habitantes, quienes componen una sociedad multirracial, conviviendo perfectamente diferentes religiones y culturas.

Tres barrios destacan por su variedad cultural: Chinatown, Little India y el barrio árabe donde sobresale Arab Street, calle repleta de tiendas de telas. También muy interesantes, la zona de Marina Bay, Colonial Distrit, Clarke Quay, Orchard Road... Y por qué no, Isla Sentosa, donde encontraremos playas y diversas atracciones.


En la ciudad existe una mezcla de modernidad y tradición, templos budistas, hinduistas...  los rascacielos, si bien de hormigón, acero y vidrio, presentan formas singulares, dominando el diseño más espectacular, sin olvidarnos de los asombrosos jardines, proporcionando en su conjunto una agradable visión.

Destacan el impresionante Hotel Marina Bay Sands; los jardínes Gardens by the Bay, situados justo detrás, cuya estética nos recordaba imágenes de la película Avatar; el lujoso Hotel Raffles, exponente de la época colonial; la noria Singapore Flyer y sus vistas; el edificio simulando la flor de loto ocupado por el Museo de la Ciencia, frente a la famosa estatua de Merlion, y también en la bahía, el bonito edificio del Teatro Ópera Esplanade, en forma de durián, la fruta más representativa, aunque esté prohibido comerla en ciertos lugares públicos, como el metro, debido a su fuerte olor. En el metro, realmente no está permitido consumir ningún tipo de alimento, ni líquido, por motivos de limpieza. Incluso se observan carteles con posibles multas por mascar chicle, por el mismo motivo.

Dicen que llueve frecuentemente, y me lo creo, pero no ocurrió así durante los diez días de nuestra estancia, aunque quizá hubo momentos en que lo deseamos, la temperatura y humedad son elevadas. Los lugareños aprovechan la comodidad de los múltiples centros comerciales para comer y realizar cualquier compra; también para trasladarse por la ciudad, protegidos del calor exterior gracias al aire acondicionado, la mayoría están interconectados por túneles subterráneos y comunicados con estaciones de metro. Es una ciudad desarrollada para el consumidor, la renta per cápita es altísima. Singapur es uno de los centros financieros más importantes del mundo.


De todas formas, en Singapur es posible comer de forma barata, en los establecimientos denominados Hawker. Son lugares sencillos donde se ubican distintos puestos ofreciendo platos propios de la cocina tailandesa, indonesia, malaya, india, coreana, vietnamita, china, japonesa, birmana, balinesa... de todas partes de Asia. Hay puestos específicos para comprar bebidas, frutas o dulces. Las mesas y sillas son comunes. La venta ambulante fue sustituida por este tipo de espacios. Los Food Court son sitios similares, aunque disponen de aire acondicionado y están dispuestos generalmente en centros comerciales.

De entre los primeros, nosotros visitamos Lau Pa Sat, también conocido como Telok Ayer Market (localizado en 18 Raffles Quay) y Maxwell Road Food Centre (1 Kadayanablur St.) y entre los segundos, Singapore Food Trail (en la base de la Singapore Flyer), Takashimaya (391 Orchard Road, en los grandes almacenes japoneses dentro del centro comercial Ngee Ann City) y el Food Republic localizado bajo la Fountain of Wealth.

Respecto a restaurantes donde destaque su cuidado por el vino, siempre nuestro máximo interés, visitamos los siguientes:



Abierto desde 2011. Disponen de una extensa carta de vinos donde predominan las botellas de renombre, sobre todo francesas, también de Italia. Ofrecen también una selección de 16 vinos por copas, esto ayuda a probar algunos vinos pues los precios son muy elevados en Singapur debido a los fuertes impuestos.

Bebimos unas copas de The Boxer 2013, de Mollydooker, shiraz de Mclaren Vale. Tenía ganas de probar algo de esta bodega. El vino presentaba unas notas de madera tostada algo exageradas para mi gusto, vainilla, eucaliptus, regaliz... Había que probarlo, por supuesto.


La cocina es internacional, de estilo europeo principalmente e inspiración francesa: lobster bisque, salmon en croûte, coq-au-vin, crème brulée... Todo bien, y muy bien atendidos.

Nos invitaron a unas copas de riesling de Reichsgraf von Kesselstatt, trocken, un detalle. Muy amables, nos ayudaron a reservar mesa para otro día en otro wine bar. Fue una velada muy agradable.



Pequeño wine bar localizado en la zona comercial de Orchard Road, exactamente en 1 Scotts Road, Shaw Centre 01-12, en referencia al local 12 del centro comercial, a la altura de la calle.

Selección de vinos por copas, unos 16, y carta de vinos importante entre los que elegimos con ganas una botella de Frappato 2012 de Azienda Agricola COS, la bodega siciliana de Giambattista Cilia y Giusto Occhipinti, vinos de los que no me canso nunca. Textura suave, una caricia sutil, vertical, fresa deshidratada, acidez perfecta, punto mineral, pétalos de rosa... ¡Qué bien nos sentó en Singapur!

Otros vinos que vimos en la carta eran de Roulot, Fourrier, Comte Lafon, Liger-Belair, Armand Rousseau, Chave, Isole e Olena, Fritz Haag... También Thierry Allemand, Foradori e incluso una garnacha de Sierra de Gredos, de Comando G. Los precios, los de Singapur.


Previamente, por copas, habíamos saboreado Scharzhof 2014 Egon Müller, como mi amigo Juan Luis comentó, para tener un grifo en casa, y Kritt Gewwürztraminer 2012 de Marc Kreydenweiss, un vino más complejo de lo que parece en un primer instante.

Acompañando, clams and spicy pork sausage in white wine and tomatoes, lobster roll, char grilled australian wagyu rump steak... platos sabrosos. Disfrutamos de la cena.



Este local, para mí, es un fuera de serie. Localizado en 20 Teck Lim Road, en Chinatown. Uno de los restaurantes que está adquiriendo más fama en esta zona asiática. Su chef es australiano, Dave Pynt; también el sommelier, Andrew Cameron, a quien puedo considerar el introductor del vino natural en Singapur y que, por cierto, poseía conocimientos de español, aprendido en Costa Rica. El bonito y moderno restaurante está especializado en carnes a la brasa de extraordinaria calidad, disponen de una barra con asientos para los comensales, cocinan frente a ellos, únicamente 18 plazas.

No había reservado y debido a su tamaño y a su incipiente fama dudaba que iba a tener la oportunidad de probar este restaurante, pero no, excelentemente atendidos por Andrew, responsable de la selección de vinos, estuvimos esperando 20 minutos, algo que no me preocupó pues es el tiempo que suelo dedicar a leer la carta de vinos, especialmente si se trata de una selección tan exquisita como la que estaba leyendo. Eso y unas copas, hizo que transcurriera rápidamente el tiempo para que nos ofrecieran acomodo en la barra mencionada.

Aquí no hay humos ni olores desagradables, la máquina de extracción funciona perfectamente. Realmente la carne elegida era deliciosa, se derretía en la boca como mantequilla. Además probamos algunos platitos cuya mezcla de ingredientes nos gustaron: leek, hazelnut and brown butter y beef mermelade and pickles.

Y respecto a los vinos, no podía pedir más, todos de mi gusto. Como podía esperarse, y era lo que yo buscaba, todos australianos aparte de una selección de champagnes.


Disfrutamos con cuatro vinos por copas: Chenin Pet Nat 2015 de James Erskine, de Brewitt Springs, South Australia; Cullen "Amber" 2014, Margaret River (2/3 semillon, 1/3 sauvignon); Si Vintners 2014 (semillon/chardonnay), también Margaret River, Western Australia, y Fruit of the Sky 2014, pinot noir de Patrick Sullivan, quien realiza algunos de mis vinos preferidos, de Australia y del mundo, de Yarra Valley, Victoria. ¡Cómo no me iba a enamorar de este restaurante!

Andrew, nuestro nuevo amigo australiano, a quien agradecemos su trato, nos presentó al chef, nos invitó a pasar a la cocina y nos enseñó la bodega de vinos. Comentando la posibilidad de comprarle alguna botella para llevárnosla no tuvo ninguna objeción, disminuyendo en ese caso el coste hasta aproximadamente la mitad de su valor si era consumida en el restaurante. Así que me llevé tres maravillas, tres fantásticos vinos, un juego de colores, sabores y aromas que disfrutamos en la habitación de nuestro hotel, vinos para el recuerdo:


Salmon Brut, un pétillant naturel de pinot noir del Domaine Lucci, es decir, Lucy Margaux. Un vino refrescante, muy bebible, con notas florales y de frutos rojos, fresas.  Esta bodega, junto a los vinos de Patrick Sullivan que mencionaba antes y los de Tom Shobbroock que he destacado en otras ocasiones en mi blog, forman parte de mis vinos australianos preferidos.

Slint Vineyard Chardonnay 2015 de Ochota Barrels, de Adelaide Hills, South Australia. Un elaborador que presentaba sus vinos esa tarde en el restaurante y a cuya presentación estábamos gentilmente invitados, pero ante la falta de tiempo por nuestra parte, teníamos otros planes, optamos por comprar esta botella. Únicamente 1975 unidades. Frescura, elegancia, notas cítricas, lima, ni pizca de madera en sus aromas. Nos gustó también.

Britannia Creek 2014, Patrick Sullivan. El vino del viaje, asemeja agua de manantial vitaminada, para combatir el calor de Singapur. Fresco, muy buena acidez, notas frutales de melocotón, orejón, lichi. Es elegante, cristalino, limpio, puro, con un punto mineral, punto calizo, también algunos recuerdos a frutos secos y notas de miel. Es complejo, cada una de las cinco variedades presentes aportan sus características: sauvignon, chenin, muscat, semillon y chardonnay. Delicioso. Espero toparme alguna vez más con otra botella.

Guardamos un bello recuerdo de nuestra estancia en Singapur.

Vicente


Singapur skyline

martes, 12 de julio de 2016

CA' PEPICO, para disfrutar una y otra vez



Sin necesidad de cruzar los Pirineos, en diversos puntos de la geografía española, me llama la atención una serie de restaurantes que destacan sobradamente por la cuidada e inigualable selección de vinos que ofrecen, primando la calidad sobre la cantidad y donde además es posible comer muy bien. Lugares que llevan tiempo trabajando con ganas. No están premiados con estrellas Michelin ni galardones similares, ni falta que les hace.

De forma rápida me viene a la mente, Villa Mas en Sant Feliú de Guíxols, Bodega Cigaleña en Santander, Taberna Laredo en Madrid o Taberna der Guerrita en Sanlúcar de Barrameda. En esta lista personal en la que muy probablemente coincida con otros muchos aficionados al vino, se podrían añadir otros más, seguro, pero uno que se encuentra claramente entre mis preferidos es Ca Pepico, el bonito restaurante de Pepe Ferrer y su hermana Ana. Localizado al norte de la ciudad de Valencia, en Meliana, en concreto en el Barri de Roca, en medio de la huerta y ocupando una antigua casa de pueblo, un restaurante con historia.

De estética muy agradable, colores blancos y azules, sensaciones mediterráneas, calidez. Mesas amplias, comodidad. Personal atento, profesional, amable, respetuoso. Cocina casera, sencilla, con productos siempre de temporada, de su entorno, platos tradicionales de la zona, de elaboración cuidadosa, respetando la calidad de la materia prima. 

Excelentes en nuestra última visita los calamares con habitas y ajetes tiernos y el plato de tacos de mero. En esta casa, además de pescados y carnes destacan los arroces y muchos platos a compartir como entrantes: clóchinas, tellinas, navajas, esgarraet, alcachofas, croquetas... Ahora en verano, deberíais probar el tomate valenciano en ensalada, carnoso y riquísimo. No nos olvidemos de los postres.

Pasión por el producto y pasión por el vino.

Desde mi primera visita, hace unos años, maravillosos vinos han pasado por mis manos, y mi hígado, vinos de Emmanuel Lassaigne, Overnoy-Houillon, Ganevat, Selosse... de cualquier zona vinícola y por supuesto de Jerez, Pep siempre ha sido un enamorado de estos vinos.


La bodega del restaurante está en permanente movimiento. La selección de champagnes de pequeño productor me impresiona (Pierre Peters, Benoit Lahaye, Marguet, Marie Courtin, Emmanuel Brochet, Léclapart, Prévost, Vincent Charlot-Tanneux...), siempre cuenta con los mejores Jura, una muestra de Borgoña, Loira, rieslings alemanes, pequeñas producciones y botellas a veces difíciles de encontrar que son buscadas por cualquier buen aficionado, las novedades de zonas más cercanas tampoco faltan. Una recopilación de vinos apasionante. Y por si fuera poco, los precios son ajustadísimos, en alguna ocasión incluso mejor que en tiendas especializadas.

Si se tienen dudas a la hora de decidir hay que preguntar a Pep, encontrará lo que te gusta o te hará descubrir otros vinos, tal vez una nueva visión, un nuevo camino. Es cierto que tenemos gustos afines, y una inagotable curiosidad, a veces pienso que me lee el pensamiento cuando hablamos de vinos.

En nuestra última visita, hará apenas un par de semanas, empezamos el aperitivo con unas copas de los vinos mostrados en la fotografía de cabecera. Aperitivo a base de tomate rallado, aceite de oliva virgen extra y suave allioli. Mientras, elegíamos los platos y las botellas. Optamos por una botella de savagnin ouillé de Overnoy-Houillon (en muy pocos sitios de España pueden disponer de estos vinos) y otra de Clos Rougeard Les Poyeux (casi imposible de encontrar hoy en día en restaurantes y tiendas a lo largo de todo el Valle del Loira, yo no lo logré). Deliciosos ambos, sublimes. Aun siendo difícil continuar con este nivel, unas copas de La Bota de Amontillado nº 49 Bota "A.R." del Equipo Navazos nos hizo casi levitar. Hubo más copas de otros vinos, hablo de un restaurante para disfrutar.




Os daréis cuenta de mi entusiasmo al hablar de este lugar que describo aquí, creo que por primera vez, pero apuesto que me entenderéis al nombrar los vinos bebidos, vinos que me recuerdan los buenos momentos. El vino siempre es para recordar, nunca para olvidar.

Ca' Pepico, como los otros restaurantes que he nombrado al principio, es uno de esos lugares de peregrinaje donde acudir los amantes del vino. Cada vez que salgo de este restaurante ya estoy pensando en cuándo volver.

Pep Ferrer dispone también de una tienda de vinos en Montcada, población cercana. Su nombre, Mesquevins. Sus vecinos pueden tener la seguridad y la suerte de beber muy bien.

Hasta una próxima visita.

Vicente


miércoles, 22 de junio de 2016

El vino natural en Lyon: Le Vin des Vivants, Café Sillon, Ô Vin d'Anges, Vercoquin, En mets fais ce qu'il te plaît...



Fue muy agradable pasar unos días en Lyon, fueron pocos, pero aprovechamos visitando varios sitios donde comer bien y beber vino de calidad. Hasta ahora nuestras paradas en Lyon habían sido de paso. La ciudad cuenta con una posición privilegiada, entre el Valle del Ródano y los viñedos de Beaujolais, y a un paso de Bourgogne. Tampoco está lejos de la zona de Bugey y Savoie o de Ardèche. La confluencia de sus dos ríos, el Ródano y su principal afluente, Saona, forman la Presqu'île, donde se asienta el bonito barrio de igual nombre. También dispone de dos colinas, Fourvière, al oeste, con la basílica de Nôtre-Dame, y la Croix-Rousse, al norte, dando también nombre a otro de sus barrios más atrayentes, conocido por su importante pasado como centro industrial de la seda.

Sabemos que París es la capital mundial del vino natural, pero en Lyon también encontramos donde disfrutarlo, varios son los bares, restaurantes y tiendas especializados que ofrecen una buena selección de vinos naturales.

Recorrimos algunos de ellos:



No es la primera vez que acudimos, es uno de mis rincones preferidos, me encanta. Cave y a partir de media tarde también bar à vins, dispone de una terraza muy deseada en la agradable Place Fernand Rey. Tampoco me importa consumir en una de las dos o tres mesas altas del interior, rodeados de botellas. Regentado por Mathieu Perrin, abrió en 2012. La selección de vinos es extraordinaria. 


Nosotros optamos por empezar por el Beaujolais Blanc 2015 de Laurence et Rémi Dufaitre, perfecto para estimular el apetito. Continuamos, teníamos sed, con Harddèche 2013, vino de Jean-Marc Brignot y Anders Frederik Steen, cabernet sauvignon y carignan del Domaine du Mazel, el domaine de Gérald et Jocelyne Oustric, en Ardèche, como habéis adivinado por el nombre de la cuvée. El vino estaba en un momento tremendo, como dirían mis amigos franceses: SUPER CANON !!!

Para comer, tablas de charcutería, de quesos, tapas... todos productos de calidad. Muy apetecible la burrata con tomates, delicioso el platito de queso fresco con miel...



En la Avenue Jean Jaurès, 7º distrito, muy cerca de la tienda de vinos naturales Vercoquin, de la que os comentaré un poco más abajo.

Sí, aquí se come muy, muy bien. Mathieu Rostaing, el chef, es el culpable, junto a su equipo. Acudimos al mediodía, el menú de tres platos nos entusiasmó. No sólo la elaboración del atún o del lomo de cerdo, también la guarnición, con un toque atrevido que para nuestro gusto funciona, frambuesas, cebolla roja, menta, flores de cilantro... La polenta que acompañaba uno de los platos parecía la papilla para un niño, la mejor que he probado.


Respecto a la bebida, no nos resistimos a volver a probar el chardonnay de Beaujolais de Jean-Claude Lapalu, Ce Blanc, servido por copas en este restaurante. Pas de sulfites ajoutés, naturellement !


La botella que elegimos fue de Yann Bertrand. Tenía ganas de beber algún vino de este vigneron. Fleurie en este caso, Cuvée du Chaos 2014. La eficiente sommelière, Joanna, nos aconsejó servirlo en decantador, no es que fuera imprescindible, pero como bien dijo, posiblemente sólo lo hubiéramos encontrado delicioso al llegar a la última copa. Nos apuntamos para la próxima ocasión otro de sus vinos, Bio Dynamite (Morgon), también en la carta, porque a este restaurante además hemos de volver. Un lugar bonito, agradable, pequeño, de cómodas mesas, y de fondo, música tri-hop, Morcheeba entre otros, y funky. Al mediodía, opción de dos platos, entré+plat, plat+dessert, 19 euros. De todas formas yo aconsejo pedir los tres, 23 euros, vale la pena. Muy buen precio.



En el barrio de la Croix-Rousse, barrio muy chulo. Cave y bar de vinos localizado en la Place Bertone. La selección de vinos italianos es fantástica, e igualmente la de vinos franceses. Entre los primeros, Panevino, Massa Vecchia, Pacina, Carfagna, Mauro Vergano...


De entre las numerosas botellas expuestas, nos decidimos por una vigneronne que no conocíamos aún, Julie Balagny, en Fleurie. Chavot 2012, un vin qui pinote. La lista de buenos vignerons en Beaujolais es interminable. ¡Qué bien!


Muy bien atendidos por Sébastien y Christophe, nos invitaron a una de las frecuentes degustaciones y encuentros que programan con los vignerons... Lo aprovechamos. Un lugar donde sentirse a gusto.

Comer unas tapas, beber vino de calidad y sentirse literalmente rodeado de botellas. Qué más se puede pedir. Naturalmente nos llevamos algunos recuerdos en forma de botellas de vino.



Vercoquin, la primera tienda de vinos naturales que se abrió en Lyon. Hace más de 10 años. Déjate aconsejar por su caviste, Fréderic Lignon. Si lo deseas, puedes comprar el vino aquí y degustarlo en el restaurante justo al lado, Le Mouton Danse, con el único suplemento del droit de bouchon. Así lo hicimos nosotros.


Un día de calor y un pétillant delicioso, el refrescante Pet Nat de Laurence et Rémi Dufaitre. C'est pas un vin de soif, c'est un vin de super soif !


Continuamos acompañando los platos del menú del restaurante con otra botella de etiqueta divertida, también comprada en Vercoquin, No sulfite no cry, un vino para disfrutar, somos fans de los vinos de Sophie y Lilian Bauchet.



Al entrar en este restaurante, abierto desde 1999, se diría que entramos en una vivienda particular, la niña entretenida con el ordenador, el padre en la cocina y la madre que nos invita a elegir asiento en el comedor.

Observamos multitud de sartenes dispuestas en la cocina, el chef estaba ya en acción. Contamos 16 comensales en total. Los fines de semana por la noche tienen un menú découverte: amuse bouche, entrée, poisson, viande, fromage et dessert. Los productos eran de primera calidad, muy frescos, trabajados cuidadosamente, las cocciones precisas, los gustos sutiles... El pigeonnau (pichón) élevé en Bresse rôti au jus  nos encantó.


En cuanto a la lista de vinos, era bastante escueta para lo que me esperaba y sobre todo al ver las grandes botellas vacías expuestas por todo el restaurante. Preguntamos por otros vinos, finalmente nos ofrece un espumoso que aceptamos encantados: Saint-Peray 2006 de René-Jean Dard y Hervé Souhaut, en su perfil négociant bajo el nombre de Les Champs Libres. Finas burbujas que acompañaron perfectamente la cena.

Une expérience bien agréable chez Katsumi Ishida. Tres horas y media.



En la rue de la Martinière, donde comienzan las pendientes de la Croix-Rousse. Otro sitio para comer de maravilla, L'Ebauche, pequeño local, sans chichis (sin tonterías), excelente cocina y vino que no falta. Melik Debadji, chef, et Antoine, sommelier.

Me gusta que no se excedan en la propuesta de platos, en este caso tres primeros a elegir, tres segundos y lo mismo con los postres, para qué más, es el menú de mediodía. El filet de dorade, crème de persil, artichauts poivrade et tomates séchées destacó, el resto también nos gustó. Respecto a los postres, si alguno lleva ruibarbo yo siempre lo elijo. Comimos muy bien.


Junto a la comida, unas copas de Séléné 2015 blanc, de Sylvère Trichard, para abrir el apetito, y una botella de La Bonne Pioche 2014, de Michel Guignier. On dirait Bourgogne! Algo que nos ocurrió con muchos de los vinos de Beaujolais que probamos en este viaje, gamay que pinota.


Situado en la misma calle del anterior restaurante nombrado, justo enfrente. Nos despedimos de Lyon cenando en este bar de vinos con una botella de Lilian Bauchet, quien como otros vignerons de la zona acababan de sufrir en su viñedo los efectos de las inclemencias naturales, granizo. No es la única causa de nuestra elección, pues allá donde tienen sus vinos los pedimos porque están entre nuestros preferidos. El vino, Fleurie 2011, un vino que ya no se hace, corresponde a las parcelas que vendió no hace mucho. El local, música animada, buen ambiente y platos que sirven con rapidez preferentemente a compartir.


Lyon, un lugar para visitar a menudo.

Vicente

domingo, 20 de marzo de 2016

Simplesmente... Vinho BCN 2016



Suerte, casualidad, coincidencia, serendipia... No sabría cómo llamarlo, la cuestión es que casi recién aterrizado de un viaje a Lisboa me enteré de un evento que se iba a celebrar en la ciudad donde vivo, simplesmente... Vinho BCN. Un grupo de viñerons portugueses iban a presentar sus vinos en Barcelona durante todo un fin de semana. Un encuentro donde catar, aprender, charlar, beber y comer, todos juntos, viñerón y aficionado.

Simplesmente... Vinho es un salón de vinos independiente, promovido por los propios vitivinicultores, que se celebra anualmente en Oporto desde hace 4 ediciones. Un salón off de vinos portugueses cuya primera edición, producida por João Roseira de Quinta do Infantado, se celebró en 2013.

Este año hemos tenido por vez primera la oportunidad de disfrutarlo en Barcelona. Sí, ya se celebró, hace dos semanas, pero tengo ganas de hablar de ello y comentar nuestra experiencia.

Música en directo, platos de cuatro de las cocinas más atrayentes de la ciudad, exposición de arte y vinos verdaderos. Todo ello en la Galería Addicted To Life, en Poble Nou. Fue un éxito. He de felicitar a Malena Fabregat, impulsora y organizadora de dicho festival. A quienes no hayáis ido, os recomiendo no perderos la edición del próximo año.

Recorrimos las principales regiones vinícolas de Portugal, Vinho Verde, Bairrada, Dão, Douro, Lisboa, Alentejo... a través de una selección de productores que elaboran vinos de calidad, con tipicidad, de forma artesanal y respeto a la viña y su entorno.


La primera mesa a la que nos acercamos fue a la de Vasco Croft y su bodega Aphros, en Vinho Verde. Suelos graníticos. Un acierto comenzar el día con sus vinos, frescos, agradables, como su Aphros Loureiro 2014 o su Phaunus Pet Nat 2015, pétillant que elabora por primera vez y que resultó un flechazo, para beberlo a cualquier hora del día. Tiene otro pétillant, vinificado en ánfora y elaborado en su antigua bodega donde no existe ni electricidad. Trabaja con la variedad blanca loureiro y en tintos con vinhao, también llamada sausão, la sousón que conocemos en Galicia. Siendo Vinho Verde una zona mucho más conocida por sus vinos blancos, me gustó probar su Aphros Vinhao 2013, un tinto prensado a pie en lagar de granito empleando después inox. Vinos tranquilos y espumosos, de gran vivacidad, equilibrio y baja graduación.



También en suelos graníticos pero en Dão elabora sus vinos este joven vitivinicultor. La verdad es que suena mejor la palabra francesa vigneron, o viñeron. António Madeira nos comenta las diferencias térmicas que se dan en su zona del día a la noche, lo que proporciona mayor acidez a sus vinos. Sus viñas tienen entre 50 y 120 años en una altitud de hasta 600 metros y trabaja con 20 ó 30 variedades en complantación. 

Branco 2013, un recién nacido, mostraba un gran potencial, en su composición predominanan síria, fernão pires y bical. En los tintos, como el Vinhas Venhas (10 parcelas) o A Palheira (4 parcelas), ambos del 2013 pero este último todavía más profundo, con mayor finura, destacan las variedades baga, jaén (es la mencía) y tinta amarela. Usa barricas usadas. Como colofón probamos A Centenária 2013, viñas de 120 años en una única parcela, una muestra de Dão a finales del XIX. António Madeira busca la frescura en sus vinos sin olvidar la profundidad, son vinos austeros, finos, de guarda.


Bodega situada en la región vinícola de Lisboa. Sólo 5 hectáreas, de suelos arcilloso calcáreos, unos 150 metros de altitud y cerca del mar. Un clima fresco que conlleva maduraciones lentas. Recuerdo perfectamente beber uno de sus vinos en un restaurante de la capital portuguesa, la botella de la mariquita. En esta ocasión, tras degustar sus blancos, donde junta variedades como arinto (aporta mayor acidez), encruzado (da volumen en boca) o fernão pires (más afrutada), probé de nuevo su tinto 2010, un vino con estructura pero con frescura y bebible sin cansar.

No finalizó aquí la degustación, el último vino que presentaba era extraordinario, proviene de una antigua parcela plantada por su abuelo en 1957, con distintas variedades, en su mayoría baga y el resto hasta 15 variedades diferentes, también blancas, lo que hay en la viña, en cofermentación y un año en inox y tres en madera. Se trata de Quinta da Serradinha 1999, de una complejidad asombrosa. Caramba con la baga, prohibido escupir al catarlo. Sólo 1000 unidades. En la etiqueta figura la antigua clasificación como Vinho Regional Estremadura.



También en la zona de Lisboa, a pocos kilómetros del Atlántico, se localiza Vale da Capucha. Su suelo, arcilloso calcáreo, contiene grandes cantidades de fósiles. Al retomar el trabajo iniciado por su bisabuelo, Pedro Marques cambió la filosofía de la bodega, reduciendo rendimientos, potenciando una agricultura ecológica y privilegiando las variedades blancas. Entre el Gouveio 2014, Arinto 2013 y el Alvarinho 2012, me cuesta decidirme cuál me gustó más. Por momentos parecía que estaba catando vinos de Chablis.



Rodrigo Filipe, Quinta do Paço, realiza un rosado y un tinto con la variedad castelão pero es su blanco el que nos tiene atrapados, Humus 2014, 100% arinto, buena acidez, salinidad y perfecto para comer. Será que nos trae buenos recuerdos cenando en nuestro restaurante preferido de Lisboa, Leopold.

Posteriormente, lo bebimos con los platos de sushi preparados por Atsushi Takata, del restaurante La cuina de l'Uribou, una de las muestras de cocina presentes. Es significativo que el viñeron se sintiera halagado cuando le solicitamos unas copas de su vino para acompañar la comida.


Los vinos de Fernando Paiva eran los que más ganas tenía de probar. Trabaja en 3 hectáreas. Dispone de la certificación biodinámica demeter desde 2007, pionero en Portugal. Sus vinos me gustaron todavía más de lo que esperaba, todos de la añada 2015, el blanco de arinto y azal sin sulfuroso añadido es un placer catarlo, imagínate bebiéndolo. Más frutales se mostraban el Mica Loureiro o el Mica de 5 variedades (azal, arinto, loureiro, treixadura y alvarinho). Mica forma parte de un proyecto que comparte con otros tres productores bajo el nombre de ViniBío. Por último probamos el tinto de vinhao, también sin SO2, encontramos sapidez y buena acidez, el elaborador nos comenta que es un vino para comer, a mí me abría el apetito.

Un bocadillo, de los especiales, preparado por Borja Sierra de Granja Elena, otro de los restaurantes representados en este evento y uno de mis sitios preferidos en Barcelona, era el maridaje perfecto para beber buen vino.


Conocía su vino Gilda al haberlo disfrutado en Santa Clara dos Cogumelos, un restaurante de Lisboa que recomiendo, sobre todo si os gustan las elaboraciones con setas. Pero no había probado María da Graça, variedad alfrocheiro, un vino más alternativo que el primero, muy fresco, en su añada 2015 no usa barrica, sólo inox. En la etiqueta aparece su padre y su hermano mayor.



Sílvia Mourão y Nadir Bensmaïl son distribuidores, importadores, exportadores de vino y además de promulgar en Portugal el vino de pequeño productor y trabajo artesanal, realizan diversos proyectos con elaboradores locales, bajo el nombre de Uvelhas Negras. Así, Achada 2013, fresco y floral, 100% variedad alfrocheiro en esta añada, y Granvizir 2011, vino de parcela con 47 variedades autóctonas, donde optan por la profundidad, ambos realizados con Alvaro Castro, Quinta da Pellada, en Dão. También probamos Óssio 2014, Adega do Monte Branco, un vino que busca la frescura en Alentejo. Vinos de carácter.

Aprovechando que venían directamente de Canarias nos ofreció también la malvasía aromática de la bodega de Fuencaliente Matías i Torres, en La Palma. Es la bodega de la vitivinicultura Victoria a quien tuve el gusto de conocer en Jerez en la última edición de Vinoble. Malvasía de suelo volcánico, sin portainjerto, cuando probéis sus vinos os entrará unas ganas enormes de visitar su isla. Me alegra que importen sus vinos para Portugal. 



Sara Dionísio y António Lópes trabajan en 20 hectáreas dispersas en parcelas de diferentes suelos, altitudes y entorno. Predomina el granito. Con certificación Ecocert desde 1996, utilizan preparados biodinámicos desde 2006. De entre todos sus vinos, me entusiasmó, y mucho, la botella de Elfa 2010, 30 variedades, todas en la misma parcela, baga es una de ellas, también alguna blanca y alguna sin nombre. Crianza en inox, tres años, sin paso por madera. Un vino peculiar, para añadirlo a la lista de compras.


Dispone de 6 hectáreas, esquistos y granito, a menos de 100 kilómetros de España, y una altitud de 500 metros. Muy frescos sus Rufia 2015, el blanco (encruzado, malvasia, arinto, bical y cercial, esta última es la rabigato en Douro o sercial en Madeira) y el tinto (touriga nacional, jaen, rufete, baga, y mourisco). En Portugal existen alrededor de 300 variedades autóctonas. Seguimos con Terras de Tavares 2006, 2002 y 1997, vinos elegantes, con notas vegetales, frescura, y gran capacidad de envejecimiento.


Los vinos portugueses no estaban solos, venían acompañados por otros vinos atlánticos, gallegos, cómo no.

Los primeros vinos que bebí de Alberto Nanclares, Coccinella y Crisopa, fue precisamente en Cambados, en la Vinoteca Ribeira de Fefiñáns, frente a la ría de Arousa y junto a José Luis Aragunde, propietario del local, copartícipe de dichas botellas y un enamorado del vino. Así que, tener la oportunidad de probar toda la gama de vinos de Alberto Nanclares me hizo especial ilusión. Fuimos atendidos por Sílvia Prieto. Todos sus vinos nos gustan, y siguen sorprendiéndome, esta vez con la botella de botrytis paraje mina 2015, 17 g/L de azúcar residual y 13% de alcohol. Entre las prácticas de este viticultor destaca la utilización como compost de algas recogidas en la ría, aportando de esta manera oligoelementos, minerales y antibióticos para que la planta mejore su resistencia a las enfermedades.


Otra bodega gallega y esta vez una sorpresa, un descubrimiento para mí, los vinos de Fazenda Prádio, en la zona de Ribeira Sacra. Están fuera de la denominación, de ahí que no figure el nombre de la variedad en sus etiquetas, son vinos de mesa, pero utilizan el nombre sin las vocales. El BRCLL 2014, brancellao, es una bomba, silvestre, notas a pino, eucalipto, monte, fresco, salvaje, si lo bebes y cierras los ojos se diría que ves los jabalís corriendo. No se queda atrás la botella de merenzao, MRNZ, o la de ensamblaje al 50% de ambas variedades, muy sutil. Probamos también sus otros vinos, mencía en maceración carbónica (MNC M.C.) y el rosado, sangrado, del que nos llevamos unas copas para acompañar los platos que preparaba otro de los restaurantes presentes, Rasoterra, el mejor restaurante vegetariano que conozco en la ciudad. 


Nos faltó degustar otros vinos, como As Furnias de Juan González Arjones, en la Ribera del Miño, o los de Juan Antonio Ponce de la DO Manchuela, la muestra mediterránea del fin de semana. Vitivinicultores que hemos mencionado en alguna ocasión en este blog y cuyo excelente trabajo conocemos.


Seguro que también me perdí alguna mesa de vinos portugueses, pero deseaba terminar la sesión con los vinos de João Roseira. Quinta do Infantado son pioneros en la venta directa desde el Douro sin pasar por Vila Nova de Gaia. Recordad que hasta la entrada de Portugal en el Mercado Común Europeo en 1986, la reglamentación exigía que la crianza y embotellado de todos los vinos de oporto debía realizarse en la ciudad.

Probamos varios vinos, de entre ellos me fijé especialmente en el Gouvyas Vinhas Velhas 2004, viñas de más de 70 años, dos parcelas, una a cada margen del Douro. Intenso y elegante. Botella en tamaño magnum, siempre mejor. Finalizamos con una selección de oportos: Porto White, Ruby, LBV 2011, Tawny Reserva y Tawny 10 años. Fortificados que presentan menor proporción de azúcar residual de lo que es habitual, los oportos más secos del mundo.



Así transcurrió nuestra experiencia, aprendiendo de los viñerons presentes, observando la exposición fotográfica de Pierre Radisic, las pinturas de Claudio Bado, las fotografías de Vincent Pousson, saciando el apetito con la comida de Rasoterra, de Atsushi Takata y de Borja y Patricia de Granja Elena, sin olvidarnos de las costillas a la brasa preparadas por Rafa Peña, Gresca, para la cena junto al grupo de viñerons, otro de los grandes momentos.

Dos días de vinos, comida, arte y música.

Vicente

Los vinos de Malena es la empresa que importa y distribuye desde Barcelona la gran mayoría de los vinos degustados. Un catálogo emocionante.

sábado, 12 de marzo de 2016

En Lisboa: Leopold, À Margem, Santa Clara dos Cogumelos... (2ª Parte)



No es difícil comer bien en Lisboa. De hecho, justo al lado de nuestro hotel de la Praça do Rossio (o Dom Pedro IV), en el barrio La Baixa, comimos muy a gusto en un par de ocasiones en una sencilla casa de comidas, localizada en una esquina frente a la bonita fachada de estilo neomanuelino de la estación de Rossio. Nos poníamos las botas: petiscos (aperitivos), recetas de bacalhau, sardinhas asadas, bifanas (carne de cerdo marinada)...

De todas formas, mi afición no se limita a la comida, el vino me importa y no me vale cualquiera, valoro la pequeña producción, artesanal, y la honestidad en su elaboración, de ahí mi búsqueda de restaurantes o bares donde dispongan de estos vinos, vinos, no infusiones de madera ni compota de frutas.   

Si además nos encontramos con un pequeño restaurante, íntimo, de carácter familiar, con personalidad, donde cuidan el detalle, con una cocina atrevida, que ofrezca algo distinto y en el que se esté muy a gusto y perfectamente atendidos, ese lugar hay que visitarlo. Estoy hablando del restaurante Leopold, uno de los que más disfrutamos.

Lisboa se ha modernizado con gusto y lo notamos en todos los restaurantes que hemos visitado.



Localizado en el barrio de Mouraria, rua de São Cristovão 27. Thiago Feio, preparando los platos de degustación, y su esposa Ana Cachaço, atendiendo, informando y sirviendo, llevan dos años en este pequeño, muy pequeño restaurante que anteriormente fuera una antigua panadería.

Sólo cuatro mesas, cuatro, amplias y cómodas. Dos comensales en nuestro caso, como durante todo el viaje. Creo que tuvimos suerte de poder disponer de una mesa reservando sólo unas pocas horas antes.

Para el nombre del restaurante se inspiraron en el museo de arte moderno de Viena donde se expone, aparte de otras obras, la mayor colección de Egon Schiele. La decoración es minimalista, la enorme ventana a la calle nos muestra el contraste con un barrio todavía algo deprimido aunque también con un encanto peculiar. Vajilla de cerámica local de calidad, menú degustación de seis platos y una corta pero adecuada selección de vinos. De fondo, música de Tom Waits.


Se trata de una cocina de autor, con algunas elaboraciones realizadas a baja temperatura, con delicadas notas orientales en algunos de sus platos (gotas de miso, alga kombu, hierbas japonesas, shitake) y producto autóctono (mantequilla de leche de oveja de Avenzao, pan de trigo de Alentejo, ternera de Azores, plátanos de Madeira, quesos de Azores...), siempre en combinaciones exitosas y sorprendentes. Para terminar, unos higos confitados y hojas de menta presentados en una bonita y antigua caja de tabaco. Nos informan que los higos son de una zona de Portugal muy cercana a Badajoz.


No se me olvida nombrar los vinos que saboreamos, dos botellas elegí, valía la pena. Humus 2014 para empezar, un blanco de la variedad local fernao pires elaborado por el viñeron Rodrigo Filipe, quien trabaja de forma natural, sin adicionar sulfuroso. La bodega, Encosta da Quinta, se localiza al norte de Lisboa. Percibimos notas cítricas, salinas, algún recuerdo a pipas de girasol, magnífica acidez e ideal para esta cocina. Sólo 11% de graduación alcohólica.


Y seguidamente otro vinazo, clasificado en su fecha como Vinho Regional Beiras (Bairrada), Poço do Lobo 1995, Caves Sao Joao, variedad 100% arinto, una de las más antiguas de Portugal. Complejo, con notas de miel, fruta seca y  una acidez que le ha permitido envejecer y seguir mostrando frescura. Una vez más una elección estupenda para disfrutar con la cocina de este restaurante.

Tenemos ganas de volver, pero creo que será ya en el nuevo establecimiento al que se trasladaran muy pronto. Cerca, en Castelo.


BELÉM

Desde la estación de Cais do Sodré sale la línea de tren que lleva a Cascais. Desde la estación de Rossio podemos coger el tren a Sintra y admirar, entre otros, el famoso y bello Palácio do Pena, si lo permiten las frecuentes neblinas, imagino que su nombre tiene relación. Por cierto, en este palacio se rodó la película española "El perro del hortelano". Para visitar otro lugar imprescindible, a unos treinta minutos de transporte, subiremos al tranvía nº 15 cuyo recorrido comienza en la Praça da Figueira. Nos llevará a Belém. También se puede acudir en bus, en tren o en barco.

En Belém podemos comenzar visitando la famosísima Antiga Confeitaria de Belém, creo que ya he comentado que elaboran los mejores pastéis do Belém que he probado, recién horneados, crujientes, espolvoreados con canela a gusto.

Al lado tenemos el Mosterio dos Jerónimos, de estilo manuelino. Muy cerca, el Museu Colecção Berardo, de arte moderno y contemporáneo. Y acercándonos al río Tajo, un fenomenal paseo bordeándolo con vistas al Ponte 25 de Abril, al Cristo Rei (estatua situada en el margen de enfrente), al monumento de los descubrimientos (Padrão dos Descubrimentos), monumento monolítico de 52 metros de altura construido en 1960, y a la Torre de Belém, de 1515. De todo ello podemos disfrutar acompañados de buen vino en la magnífica terraza (esplanada) del siguiente restaurante:



Espléndida terraza situada a mitad del paseo mencionado, dentro de un entorno extraordinario. El día que acudí no destacó especialmente la comida, sí la selección de vinos. Aquí se celebra una importante feria de vinos a primeros de julio, Vinho ao Vivo, donde participan productores de varios países europeos.

Siempre prefiero solicitar una botella antes que unos vinos por copas, pero ante la variada selección por copas ofertada opté por degustar varios vinos.

Espumante Ataíde Semedo Cuvée Bruto 2013. DOP Bairrada. De burbuja fina, seco, no está nada mal. Sus uvas: bical, cerceal, chardonnay y pinot noir. Método tradicional.

Vale da Capucha Gouveio 2013 Vinho Regional Lisboa, elaborado por Pedro Marques. Suelo arcillo calcáreo de origen oceánico. Bien esta godello.

Vinha do Outeiro 2012 Coleçao Uvelhas Negras Quinta da Pellada & Os Goliardos. Dão. En colaboración con Álvaro Castro. Un vino fresco, atlántico, con recuerdos a tinto gallego, especias, bosque... Afrocheiro 70%, touriga nacional 30%.

Centurião 2007 Uvelhas Negras Quinta do Mouro & Os Goliardos, vinho regional alentejano. Vino de carácter maduro, fruta madura, y ciertos recuerdos al Priorat, o al Douro. Mezcla de alicante bouschet, aragonez, cabernet sauvignon y petit syrah. La aragonez es la tempranillo, llamada tinta roriz en el norte de Portugal.




TRANVÍAS

Al igual que los elevadores, además de medio de transporte, los tranvías se han convertido en atracción turística.

Creo que ya he nombrado el tranvía nº 28, el más famoso de la ciudad. Recorre Alfama hasta la Praça do Comercio, para seguidamente atravesar Chiado y llegar al barrio de Estrela. El tramo que recorre por Alfama y Castelo es el más buscado.

Existe otro tranvía muy curioso, el nº 12. Un tranvía que realiza un recorrido circular, su parada inicial/final es en Praça da Figueira. Aconsejo subirse a él para acercarse al Castelo de São Jorge, construcción árabe de mediados del siglo XI. También pasa junto a espectaculares miradores como el de Santa Luzia y Largo das Portas do Sol. Uno de los puntos más interesantes de su recorrido es la Sé (catedral de estilo gótico). Justo al lado, hay una dirección donde tenía ganas de acudir, Cruzes Credo, local de buena pinta, buen ambiente, pero donde no nos quedamos a cenar, la causa es que permiten fumar dentro de su sala. Lo veo incompatible con la comida y con el vino.



Restaurante situado encima del Mercado de Santa Clara, en una zona muy agradable de Alfama, delante de la cúpula del Panteón Nacional. Alrededor se monta, martes y sábados, el mercadillo de pulgas Feira da Ladra, tipo rastro.

Una buena forma de llegar hasta aquí es aprovechar el tranvía 28 y bajar en la parada justo antes de la monumental iglesia de estilo renacentista São Vicente de Fora, dedicada a San Vicente Martir, patrón de la ciudad.

El restaurante abrió hace dos años y medio. Su carta se centra en las setas, de ahí su nombre. En sus paredes exponen pinturas con la posibilidad de comprarlas, actualmente una serie de Anabela Moreira titulada "Retratos de interior".

Cenamos muy bien aquí, a destacar las croquetas, de portobello. También el llamado huevo perfecto, a baja temperatura, con trufa, crema de queso y almendras ahumadas, y el risotto de hongos porcini, trompetas da morte, corteza de naranja, romero y nueces. Delicioso todo. De postre, crême brulée con boletus edulis y trufa, de tremendo sabor.

Para beber:

Gilda 2013, Bairrada, de Tiago Teles. Merlot, tinta barroca y tinta Cao. Suelo arcillo calcáreo y fuerte influencia atlántica. Fresco y vertical.

Fraga Alta Reserva 2006, Douro, vinicultora Lucinda Todo Bom. Llamándose así, cómo no lo iba a pedir. Fruta madura, notas de chocolate, necesita respirar un tiempo, con más volumen que el anterior, más ancho. Son distintos, claro, éste es del Douro y en un estilo algo más clásico. Touriga nacional, touriga franca y sousão, son las variedades de este vino.

Muy bien atendidos, al igual que en todos los sitios donde acudimos, Santa Clara dos Cogumelos es un restaurante para repetir.

En una bonita noche y desde este bonito lugar recomiendo regresar paseando hasta el centro.




MIRADORES

No lejos del restaurante dos Cogumelos, en un corto paseo, se puede visitar dos extraordinarios miradores: el de Graça, junto a la iglesia del mismo nombre, dispone incluso de un quiosco donde tomar algo, como en muchas plazas lisboetas, y el miradouro da Senhora do Monte, el más alto de la ciudad, con vistas al castillo y al Ponte 25 de Abril. Lugares ambos muy románticos.

Otros famosos son: Miradouro de São Pedro de Alcántara, en Bairro Alto, con hermosas vistas a Graça y al Castillo de Sao Jorge, podemos acceder a él subiendo en el funicular da Glória; Miradouro de Santa Catarina, ya sabéis, al lado del Noobai Café, con fabulosas vistas; el de Santa Luzia y, a un paso, el de Largo das Portas do Sol, también de bellísimas vistas.


Hasta aquí nuestra visita a Lisboa, ya tenemos apuntadas nuevas direcciones para un próximo viaje: LX Factory, en Alcântara, centro de creatividad que ocupa una antigua fábrica textil, y el restaurante Os Gazeteiros, en Castelo. Este último recomendado por Sílvia Mourão, fundadora de Os Goliardos, distribuidores e importadores, quienes realizan un enorme trabajo de acercamiento en Portugal de diferentes vinos europeos de pequeña producción, reflejo de su terroir.

La selección de restaurantes visitados fue fácil de confeccionar, solo tuve que leer el listado que Os Goliardos recomiendan en su web, confirmar su buen gusto, elegir los vinos que más me apetecían y disfrutar. Lástima que el bar de vinos que regentaban lo cerraran hace año y medio, ahora se centran en la distribución y en proyectos de colaboración con elaboradores locales.

Volveremos a Lisboa, o a Portugal, lo antes posible. 

Vicente