Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Vino Vivo 2017 - Salón de Vinos Naturales de Madrid



A principios de mayo, el domingo día 7, se celebró la 3ª edición del salón de vinos naturales de Madrid, organizado por la Asociación de Productores de Vinos Naturales (PVN). En esta ocasión se desarrolló en el espacio La Industrial, en la calle San Vicente Ferrer, en pleno barrio de Malasaña.

En mi recorrido de vinos sin aditivos, probamos vinos de muy diversas zonas, desde Valdeorras al Priorat, del Ampurdán a Zamora, también del Penedés, de Valencia, Bullas, Montilla, Granada, La Mancha, Gredos... Viticultores de prácticamente toda la geografía española estaban presentes.

Fue una jornada divertida, alegre, feliz, festiva.

Comentaré de forma muy resumida algunas de las mesas que visité:



La primera mesa que visitamos del salón. Sidra artesanal de producción familiar de la zona de la Alpujarra granadina. Elaborada en el Cortijo Fuente Guijarro. Localizado a una altitud de 2000 metros en el Parque Natural de Sierra Nevada, en su cara sur.

Trabajan con una gran variedad de manzanos antiguos, no utilizan aditivos ni manipulaciones de ninguna clase. Son sidras para beber a cualquier hora del día, del orden de los siete u ocho grados alcohólicos. Alguna más aromática, otras con mayor cuerpo, con fermentación terminada en botella, con doble fermentación utilizando el zumo de las propias manzanas. Sabores a fruta y especias, zumo seco fermentado y adictivo.


Dos días antes había probado una de sus garnachas en el magnífico restaurante Montia de San Lorenzo de El Escorial, Forcípula 2015. Le comenté cuánto me gustó, además acompañado por unos callos a la madrileña, tal como nos lo presentaron, formaba una pareja explosiva.

Raúl Calle, ingeniero forestal, desarrolla en Gredos un proyecto familiar desde 2012, recuperando viñedos perdidos de garnacha y albillo en la zona de Ávila.


Nos cuenta que su primer vino elaborado tenía que llamarlo forcípula, dada su profesión y su relación con este instrumento de medida. Probamos sus cuatro vinos de la mesa: el mencionado; un rosado espectacular, Churumbi, para beber a litros; una garnacha de magnífica acidez, nueva elaboración todavía sin nombre, de ahí lo de Raw escrito en la botella, y finalmente su vino Canto de los pollitos. Todos garnacha, garnacha de Gredos, todos de gran nivel, nos encantaron.



De la zona de Bullas. No es la primera oportunidad que catamos sus vinos, ni que los bebemos, lo hicimos recientemente en una de las ferias de vinos naturales en Montpellier. Degustamos en esta ocasión: Uva Negra Vino Blanco, forcallat 80% y monastrell; 3 Monas, divertida etiqueta, monastrell sin acabar, traída esta muestra expresamente; el pétillant, degollado dos días antes para el salón; la monastrell de maceración o las vinificadas en barricas. Sus vinos se caracterizan por su naturalidad y honestidad, siendo su único ingrediente la uva, 100%. Vinos auténticos.



En la comarca de Valdeorras. Nacho González recupera y trabaja sólo tres hectáreas en distintas parcelas, alguna ha sido heredada de su abuela. Cepas viejas de godello, palomino, doña blanca, garnacha tintorera, mencía y sumoll. Utiliza en casi todas sus elaboraciones tinajas de barro. En varios de sus blancos realiza maceraciones largas con sus hollejos. Sus vinos son tan interesantes como sus etiquetas, bellamente diseñadas por un artista amigo suyo. En esta degustación, añada 2016, me enamoré de su clarete Proscrito, 95% palomino y 5% garnacha tintorera, frescura, fruta ácida, zumo de uva fermentada.



Localizados en la población de Venta del Moro, en la comarca de Utiel-Requena. Producción familiar. Viejas cepas de más de 60 años y variedad bobal. No esconde en sus vinos su personalidad mediterránea. Me gustó Sexto Elemento 2015, pero aún me gustó más su botella David y Goliath, más fresco, también afrutado y sin perder elegancia. De viñedos en mayor altitud. Sus vinos no se encuentran dentro de ninguna denominación de origen.

Las etiquetas también son muy interesantes, desplegables y con abundante información. Acabamos la degustación en esta mesa con Marisandro, un vino con 250 días de maceración y 2 años en barricas de ciento y pico años. Rico, rico.



Airén, malvar, albillo, chelva y también tempranillo y garnacha. Variedades de su zona. Está instalado en El Tiemblo, Ávila, pegado a la Sierra de Gredos. Siempre experimentando, sus vinos cada vez me gustan más. En esta sesión, añada 2016, sobresalían para mi gusto la malvar, dos semanas de maceración, y Alba, albillo con dos días de maceración. Destacan sus blancos, pero sus tintos presentaban una acidez colosal.

Aunque lo importante es el vino, me alegro también que utilice etiquetas más expresivas.


Por supuesto, no fueron las únicas mesas que catamos, también probamos los vinos de Vicent Tomàs, de la zona de la Vall d'Albaida, su blanco de tortosí y tardana o el de macabeo y la uva de mesa rosseti, destacaban para mi gusto; también presentes, Los Comuns, del Priorat, con vinos más frescos de lo que estamos acostumbrados en esta región; de Ignasi Seguí, Vinyes Singulars, en el Penedés, probamos el xarel.lo (con frescas notas que nos recordaba al plátano, la pera, manzana, fruta ácida) y también sus pet'nat; la garnacha blanca, gris o tinta del Ampurdán de La Gutina, ofrecida por Barbara Magugliani; los vinos de Purulio, de Torcuato Huertas, en la Alpujarra granadina, que no dejan de encantarme; también los de José Miguel Márquez, Bodegas Marenas, de quien saboreamos con gusto Montepilas (vino con idéntico nombre que su variedad autóctona) y Mediacapa (pedro ximénez); disfrutamos con los vinos de Barranco Oscuro, Garnata estaba fantástico; tremendo el pinot noir de Ramón Saavedra, Bodega Cauzón; probamos también otros de los vinos que nos gustan, los de Samuel Cano, Bodega Patio. También quiero destacar los vinos de Bodegas Coruña del Conde, Dagón o Alumbro; de Burgos, Valencia y Zamora respectivamente. De esta última, Microbodega del Alumbro, estamos enamorados de su clarete, mitad tempranillo, mitad palomino. No visitamos todas las mesas presentes en el salón, pero en próximas ocasiones tendré oportunidad de ello.

Este salón supone otra buena excusa para visitar cada año esta ciudad.

Madrid Calling!

Vicente








jueves, 25 de mayo de 2017

De vinos naturales por Madrid: Restaurante Montia; Bendito, Vinos y Vinilos; Wine Attack; La Siempre Llena; Olor y Sabor; La Fisna...



Ciudad de teatros, de grandes museos y numerosas exposiciones de arte, de plazas y paseos, de mercados y barrios históricos... Ciudad multicultural, abierta y acogedora. Vale la pena visitar Madrid.

Y revisitarla. Os cuento nuestro último recorrido y experiencia a través del vino y los locales que visitamos en los tres días anteriores al salón de vinos naturales, Vino Vivo, celebrado en la ciudad:



Desde febrero de 2016 La Fisna ocupa un nuevo espacio. Cambió de ubicación, desde la calle Doctor Fourquet a un bonito local de la calle Amparo nº 91, también en el atrayente barrio de Lavapiés. Si antes, durante muchos años, fue tienda de vinos y distribuidor, ahora añade la función de bar de vinos ofreciendo varios platos y más de 50 vinos por copas, además de poder disponer de cualquier botella de las múltiples referencias de la tienda, bien para llevarse o para consumir en el local. Nos alegramos enormemente por esta nueva propuesta.

El local es realmente bonito, era una antigua taberna que han restaurado conservando elementos antiguos proporcionando un ambiente muy agradable. En una mesa y taburetes altos pero cómodos, saboreamos tres de los platos que proponen para acompañar los vinos: ensaladilla templada rusa, cecina de León y escabeche casero de pollo de corral con shiitake. Muy sabrosos y generosos. El pan también es de calidad.

De beber elegimos unas copas de Lovamor 2016, albillo de Alfredo Maestro; Chardonnay-savagnin 2013 vin de voile de Julien Labet y Trousseau de Messagelin 2014 de Etienne Thiebaut, del domaine des Cavarodes. Los tres extraordinarios. Tremendos. Y por copas.


Vale la pena echar una ojeada a las referencias del bar y visitar el espacio de la tienda. Veremos botellas de Macle, Aviet, Ganevat, Domaine des Murmures, Descombes, Michel Guignier, Hervé Souhaut, François Chidaine, Beatriz Herranz, Rafa Bernabé... y tantas otras. La oferta de vinos de Jerez es también buenísima.

Charlando con Iñaki, uno de los propietarios, nos comenta que no es que estén especializados en vinos naturales, sino en los vinos que les gustan. Magnífica respuesta. Y tienen muy buen gusto.


Un lugar encantador, de nuestro gusto. Su propietario, José González, es el alma del local, muy simpático. Ocupa un pequeño espacio del Mercado de San Fernando, en Lavapiés, uno de mis barrios preferidos, ejemplo de multiculturalidad, donde convive gente de más de 80 nacionalidades diferentes.

Bendito, Vinos y Vinilos es un lugar donde disfrutar de jamones, cecinas, embutidos, quesos de leche cruda y una gran variedad de vinos naturales. Tienda y bar de vinos, nosotros acudimos un viernes en la tarde noche. El ambiente es divertido, de muy buen rollo, para disfrutar abriendo botellas, charlar y degustar los manjares citados servidos en papel de estraza sobre vinilos utilizados como platos. También hay tocata, de hecho, sobre el tocadiscos probamos las primeras copas. Esto sí es rock'n'roll.


Y vaya que se abrieron botellas y probamos vinos durante el rato que estuvimos: Orange, la tardana y macabeo de Mariano Taberner (Bodegas Cueva); el clarete del Alumbro, un vino que nos gusta mucho; Kπ Amphorae 2015 de Samuel Ramos; Airén 2010 Rancio de Sol a Sol de Julián Ruiz (Esencia Rural); Kabronic de Samuel Cano (Bodega Patio) y finalmente, elCouto Palomino Fino 2016 de Pagos de Nona.




En el local se permanece de pie, pero para quien lo desee también hay algunas mesas y sillas en la puerta, en el pasillo del mercado a modo de terraza.


El anterior no fue el único local de vinos que visitamos en este mercado, mercado por cierto como los de toda la vida y que los viernes y sábados alarga su horario en un ambiente festivo, lleno de gente joven y de todas las edades.

A pocos pasos de Bendito, Vinos y Vinilos se encuentra La Siempre Llena. Me encantó. Se trata de una bodega, contemporánea, donde sirven vinos a granel, naturales. También disponen de botellas. Nosotros probamos un par de copas: Aire en el patio de Samuel Cano y un Pet' Nat de Bodegas Coruña del Conde. Acompañadas con unas aceitunas maceradas, cortesía de la casa. Cerca ya de las 11 de la noche de un viernes, hora de cierre, nos apuntamos este puesto del mercado para visitarlo en próximas estancias en Madrid.



No sé cuál fue la excusa principal para visitar el pueblo de El Escorial, si el Monasterio o este restaurante. Aparte bromas, ambas visitas las recomiendo enormemente. El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial me impresionó, tanto la sala de la biblioteca como el claustro y todo su conjunto. El paisaje de los alrededores y del trayecto desde Madrid hasta la zona es bastante verde, por las ventanas del tren vimos incluso ciervos. Y el pueblo, situado al noroeste de Madrid, a una hora, y a pies de la Sierra de Guadarrama, da sensación de calidad de vida y tranquilidad.


La jornada no podía ser más completa habiendo reservado en el restaurante Montia, situado a escasos 500 metros del Real Monasterio. Era nuestra primera visita y la expectación grande. Una expectación que fue superada ampliamente.

La sala es bonita, cómoda, con buena luz y pocas mesas. Atendidos por el chef Dani Ochoa y su equipo, son todos unos cracks, les agradecemos el buen rato pasado, tres horas. Tuvimos claro elegir el menú degustación más largo y su maridaje, naturalmente. No tienen carta, tampoco de vinos. Trabajan con productos de la zona y la combinación platos y vinos es extraordinaria. De hecho, Dani es uno de los poquísimos chefs que he conocido quien además de cocinar de maravilla muestra idéntica sensibilidad y conocimiento por el vino.

De este restaurante nos gustó todo, hasta incluso el diseño de los delantales que portaba el equipo. Todo está estudiado al detalle, pero con enorme naturalidad.

Entre los platos que degustamos, en nuestro caso, 7 aperitivos, 6 platos, quesos de la sierra y 3 postres, todo delicioso, nombro solo a modo de ejemplo algunos de ellos:

Espárrago, crema de bacalao y espinaca con flores silvestres; molleja de ternera, castañas, alcachofas y borrajas; paletilla de conejo a la brasa con guiso de caracoles y acedera; callos a la madrileña; estofado de fresas y haba; bizcocho de galleta con mousse de chocolate y helado de cerveza... Es difícil destacar un plato, todos nos gustaron.

Empezamos con una cerveza artesana para el aperitivo, muy refrescante, y seguidamente los vinos: Pure S 2013, Jon Blanc; Botrítico 2016, Diego; Casèbianco 2015; Pinot Noir 2003, Pierre Frick; Q.V. 2012, Tissot et Bonnelle; Forcípula 2015, Raúl Calle; De sol a sol 2009, Julián Ruíz, Esencia Rural; Tardatto 2015, Mariano Taberner, Bodega Cueva; La Cosa 2014, Alfredo Maestro y Likor 2009 de Jean-Christophe Garnier.




El maridaje fue espectacular, acertadísimo y de gran nivel. Como apunte:

Botrítico, con las características que su nombre indica, es un vino realizado por Diego Rodríguez, agricultor vecino y amigo de Juan José Moreno García (La Microbodega del Alumbro). Un vino de Zamora, tempranillo vendimiado en invierno con uva botrytizada. Nos entusiasmó este vino. No se comercializa, nos contó Dani. Un vinazo que puede funcionar con varios platos, con el espárrago y crema de bacalao es increíble.

El Pinot Noir de Pierre Frick, ojo con la añada, es un fuera de serie. Acompañó el plato de molleja de ternera. Otro fuera de serie, el vino elaborado por Magali Tissot (¿os suena el apellido?) y Ludovic Bonnelle, domaine du Pech, en la zona vinícola del Sud-Ouest: Q.V., sauvignon macerada en qvevri. Con la paletilla de conejo combina perfectamente.

La garnacha de Raúl Calle, garnacha de Gredos, nos sorprendió muy gratamente. Junto a los callos a la madrileña formaba una pareja explosiva. Una producción de escasas 806 botellas.

La Airén 2009 de Sol a Sol de Julián Ruiz (Quero - Toledo) es un espectáculo en sí. Con los quesos de la zona aún más.

Ya en los postres, La Cosa, dulce natural de Alfredo Maestro, un néctar de moscatel que juega en el límite y que me sigue sorprendiendo. La última copa de la sesión fue la chenin de Garnier, Anjou, equilibrado, nada empalagoso.

Ganas tenemos de repetir la experiencia. El menú lo varían con frecuencia.





A sólo unos 30 kilómetros al este de Madrid y bien comunicada por tren, visitamos la bella ciudad cuna de Cervantes, Alcalá de Henares. Aquí podemos admirar su prestigiosa Universidad, observar los bonitos edificios de su casco antiguo, calles con soportales, plazas con parterre y la bonita visión de numerosas cigüeñas y sus nidos situados en campanarios, torres y tejados. También podemos hacer un alto en el camino sin salir del centro histórico para visitar Olor y Sabor, un lugar donde además de bien comer disponen de varias referencias de vinos sin aditivos muy de mi gusto.

La cocina es tradicional, adaptada a nuestro tiempo. Huevos cremosos sobre picadillo de matanza toledana y patatas y el plato de bacalao crujiente fue nuestra elección. Platos abundantes y sabrosos.

Para beber, elegimos dos botellas: Pampaneo 2015 de Julián Ruiz, de Toledo, airén en maceración durante 6 meses y Cailloux, extraordinaria pinot noir de Patrick Bouju, de Auvernia. Disfrutamos.

También funcionan como tienda para comprar sus productos.





De nuevo en Madrid, en el barrio de Malasaña. Abierto desde finales de enero de este año, en la calle del Limón nº 30, paralela a Conde Luque, se localiza Wine Attack, tienda de vinos con numerosas referencias y donde poder cenar los fines de semana, cocina tipo bistrot. Os lo recomendamos.




En nuestra visita, mesa para dos, como durante todo nuestro viaje, cenamos verduras a la plancha con bacalao, pastel de rabo de toro y una extraordinaria tabla de quesos de leche cruda franceses. Todo riquísimo. Para beber, dos botellas: Doris 2016 de Fabio Bartolomei, Vinos Ambiz, variedad doré, y Keep on Pouching 2015, fantástica chenin sudafricana de Craig Hawkins, muy conocido ya en todo el mundo.

Lo importante siempre es el vino, pero me alegra que Fabio utilice etiquetas más llamativas. En cuanto a su vino, cada vez nos gusta más.

No nos fuimos sin algunas compras, había donde elegir:



Otro lugar que visitamos, el local de los hermanos Villalón, quienes regentaron el famoso El Padre. Nuestra intención fue conocerlo y tomar algo. Se localiza en la calle Reina, junto a la Gran Vía. Estando llena la zona de comedor y bar de vinos, llegamos algo tarde, bajamos al sótano, especializado en cócteles al estilo de bar americano, pero donde nos atendieron perfectamente al solicitar un par de copas de vino de entre las múltiples referencias, en concreto: Albillo 2014 de Vinos Ambiz y L'Ailleurs (2015) de Anne et Jean-François Ganevat. Como digo, la carta de vinos es muy extensa, en ella vimos también algunos vinos de Puzelat, Laureano Serres, Breton, Olivier Rivière, Julien Labet, Lucien Aviet y bastantes de Ganevat, entre otros. Habrá que volver y cenar.

En Madrid la oferta en vinos naturales va aumentando. Seguro que en mi próxima visita recorreremos otros lugares y repetiremos los conocidos que tanto nos han gustado.

Vicente

© elvinoquebebo.blogspot.com

domingo, 30 de abril de 2017

La isla de Sado en Japón: La Barque de Dyonisos, Soba Mozen - 蕎麦 茂左衛門 ...



Sado es una pequeña isla situada a 45 kilómetros al noroeste de la ciudad de Niigata, en aguas del mar de Japón. No es de las islas más pequeñas, pero con una población de sólo unos 66.000 habitantes en una extensión de 855 km2 y un paisaje de mar, bosque y montañas, sugiere una clara invitación a la relajación.

La producción de la isla se basa en la pesca y la agricultura, destacan productos como el sake (existen varias destilerías en la isla), el caqui, arroz, las setas silvestres... Los campos de cereales forman  parte también del paisaje.

Nuestro viaje comenzó en tren desde Tokio hasta Niigata. El ferry hasta Ryotsu, lugar de entrada a la isla, es su unión con el resto del país. Una vez allí, no disponen de tren como medio de transporte pero sí de autobuses y taxis.

Nos distrajimos en el tren hasta Niigata charlando con nuestra amiga Kazumi Nagase, quien nos acompañaba y había organizado el viaje. Disponíamos de nuestro propio combustible, que tampoco faltó durante el recorrido en ferry:

Ouf! Pétillant Naturel de Jean-Baptiste Menigoz, Les Bottes Rouges. L13. Pet'Nat comprado días atrás en The Wine Store en Tokio. Chardonnay del Jura.


Shinkansen! Tren bala! Ouf!

Nora Pon Blanc 2015, variedades kerner y müller-thurgau, bodega Nora Kura. Para evitar la oxidación se ha embotellado intencionadamente mientras contiene algo de gas (dióxido de carbono - CO2). Trabajan sin ninguna adición de sulfito.


La isla de Sado no aparece habitualmente en los itinerarios turísticos por Japón. Nuestra visita a la isla, de marcado carácter rural, aunque fuera en días algo lluviosos y grises, no le restó belleza y encanto al lugar. No me extraña que fuera elegida como hogar por uno de los vignerons franceses cuyos vinos están entre los más buscados por los aficionados y profesionales. Hablo de Jean-Marc Brignot, vigneron del Jura, quien tanto en Francia como en el mundo del vino natural adquirió un gran prestigio.

Brignot y su mujer Satomi san, japonesa, pero no de Sado, se instalaron en esta isla en 2013. Sado no es una isla común, algunas otras personas, bien del resto de Japón o bien de otras partes del mundo se han trasladado hasta este lugar con el objetivo de disfrutar de la felicidad que proporciona vivir rodeado de naturaleza. Así pienso que es el caso de Brignot, quien intenta hacer realidad su proyecto de hacer vino en este lugar sin tradición vinícola pero donde se siente con la suficiente libertad para ello. Sería un pionero en la zona. No olvidemos que en Japón existe un gran interés por el vino natural.



Nuestra amiga Kazumi, mi pareja y yo cenamos con Brignot y su mujer en el bistrot que abrieron con el nombre de La Barque de Dyonisos, sin duda el primer bar de vinos de la isla. ¡Y qué vinos!

Satomi san cocinó varios platos deliciosos, utilizando los ingredientes locales, productos de temporada como calabaza, setas y pescado de la zona... bien elaborados, de forma sencilla, sin enmascarar sabores.

Jean-Marc me enseñó su bodega, la selección de vinos era variada y de excelente gusto, pero yo tenía claro que esa noche deseaba beber algunos de sus vinos, y así lo hizo: 




Harddèche. L13. Cabernet sauvignon y carignan. Vino elaborado en asociación con Anders Frederik Steen y con la materia prima del domaine du Mazel, de Jocelyn y Gerald Oustric, en Ardèche. Ya había bebido en otras ocasiones un par de botellas de este gran vino, pero nunca compartido con su autor.

Sweet beginning of a better end. Bonito nombre para un bonito vino. Syrah, grenache y carignan. También añada 2013.

El siguiente vino, Klockkaine L13, es una gewürztraminer tremendamente fresca, alejada de los aromas concentrados a lichis; seca, adictiva, extraordinaria. Uva de Laurent Bannwarth, en Obermorschwihr, Alsacia. Bravo Jean-Marc.


Vinos a los que no se les ha añadido nada durante su vinificación, ni nada se les ha quitado. Vinos vivos y puros.

Fue una bonita velada, de amena conversación. Brignot es un librepensador y siempre es interesante su opinión y su visión, no sólo en lo que respecta al mundo vinícola. Belle soirée!

Tras la cena paseamos hasta el ryokan donde estábamos hospedados. La experiencia vivida por el momento en la isla y la brisa del mar tan cercano, a sólo unos pasos, me hacía pensar en lo acertada que fue la decisión de Brignot y su familia de vivir en este lugar que ejerce tan irresistible atracción. 

Soba Mozen蕎麦 茂左衛門

A la mañana siguiente, visitamos una destilería de sake cercana. Su proceso de elaboración es realmente interesante, también la complejidad del producto en cuanto a sabores, aromas y texturas.

Nos recogió Brignot, quien se había ofrecido para acercarnos hasta un restaurante cuya visita no nos podíamos perder en las pocas horas que nos quedaban en la isla. Se trataba de Soba Mozem, dirigido por Yoshiko Kawakami san y Saito Kazuo san, otra pareja que decidió continuar su vida aquí.

El plato de soba es su especialidad, son fideos finos elaborados con harina de alforfón (trigo sarraceno), pero también nos encantó otro de los platos que degustamos, consistía en pescado de la isla, marinado en limón y sal, aderezado con vinagre de caqui, setas silvestres y verduras. También probamos 2 diferentes sakes. Uno de ellos, más complejo, era sensacional. ¡Qué bien comimos en Soba Mozen!


Tras la exquisita comida, tocaba regresar a Tokio. En las pocas horas en esta isla no tuvimos tiempo de visitar otros artesanos establecidos aquí ni tampoco coincidimos con las fiestas populares del lugar. Según he leído son famosas las danzas que se pueden ver en los teatros Noh y en las que los hombres se visten de demonios y bailan al son del taiko o tambor japonés.

Nos despedimos de Sado, de su encanto, y de nuestros amigos de esta isla. La verdad es que apetecía quedarse y comenzar una nueva vida.

Hasta aquí llega nuestro recorrido por Japón. ¡Un viaje inolvidable!

Vicente



Enlaces relacionados:










sábado, 29 de abril de 2017

Extraordinaria noche en Osaka: Balthazar - バルタザール ; Nikolashika お好み・葡萄酒 にこらしか ... (2ª Parte)



La última noche en Osaka nos deparó una multitud de momentos para el recuerdo. Cenamos en uno de los bistrots con mejor selección de vinos naturales; tomamos varias copas en otro local entrañable, por el lugar y por la simpatía de sus propietarios, donde incluso nos mostraron su arte con la guitarra española tocando por bulerías; seguidamente degustamos algunos de mis vinos preferidos en uno de los bares más pequeños y que más me han gustado de todos los que hemos conocido y, finalmente, visitamos un extraordinario bar de licores con la mejor música soul.

Tenía marcada en mi libreta de notas la visita al bistrot de vinos naturales Balthazar. Fue un gran acierto, no sólo por la cena y los vinos abiertos, sino también y especialmente por entablar amistad con gente del lugar, gracias a quienes visitamos otros locales que nos encantaron. Sin la compañía y guía de nuestros nuevos amigos nunca hubiera encontrado estos sitios tan interesantes de Osaka. Fue una experiencia que recordamos con cariño. En este país sólo he encontrado gente adorable.

Balthazar -  バルタザール



El sommelier y propietario es Yuta Mihara san, su hermano es el cocinero. Se trata de un bistrot donde elaboran principalmente platos italianos de pasta, muy sabrosos. Tienen una importante selección de vinos naturales. Pregunté de todas formas por algunos de mis preferidos y me decidí finalmente por una cuvée de Pierre Beauger que aún no había bebido, reservando por si tenía más sed una botella de Jean-Marc Brignot a la que también le había echado el ojo. Uno de los comensales sentado en la barra intervino para ayudar al sommelier con sus conocimientos de inglés y también se interesó por nuestra procedencia. Todo el mundo es muy amable por aquí.

À boif. Lot SB12. Es decir, sauvignon blanc y añada 2012. En la etiqueta explica simpáticamente el porqué del nombre de este vino: "à boire" + "ai soif" = [a bwaf]. Aporta otras informaciones, el SO2 total (14 mg/L), y alguna nota más con sentido de humor, como la expresión vendangé en tongues, en chanclas.



Me gustan los vinos de Pierre Beauger, vigneron que trabaja en Auvergne, y esta botella me gustó también, con notas cítricas y frescas sin que se noten de ningún modo sus 16 grados. Quise convidar al señor de la barra con una copa y cuál fue mi sorpresa cuando transcurridos unos minutos se acercó a nuestra mesa el sommelier con la botella de Brignot que tanto me apetecía, como regalo del señor de la barra mencionado, Sr. Tatsuhiro, cliente del bistrot. Domo arigato! Se trataba de Freedom of Peach L14, un vino de Jean-Marc Brignot y Anders Frederik Steen, cabernet sauvignon del domaine du Mazel en Ardèche. Una delicia de vino.

No fue la única botella a compartir, entablamos también conversación con la pareja de la mesa vecina, Madoco san y Tatsuya san, y al poco rato se unió al grupo dos clientes más, Takashi san y Yasuhiko san, este último había vivido en París y hablaba por lo tanto francés, algo que siempre agradezco para comunicarme, aunque el lenguaje del vino natural es internacional, siempre lo he dicho. Siete personas éramos en total, todas amantes del vino natural, por lo que varias botellas más pasaron por la mesa: Grandiose 2014 Lou Grezes; Préty 2012 de Alexandre Jouveaux; Restons Nature, pet'nat de Julien Albertus, de Alsacia...

Balthazar se encuentra en 1-6-1 Utsubohonmachi, Nishi-ku, Osaka. No se puede usar tarjeta para pagar, sólo cash.

Con nuestros amigos iniciamos un tour por sus lugares preferidos de la ciudad, su Osaka. Algo que nunca olvidaremos porque los sitios que conocimos nos gustaron mucho, y la compañía más.

Hanaki Saké Ten - 花木酒店



Curioso lugar donde fue muy fácil sentirse cómodo, sobre todo por la enorme simpatía de sus propietarios, Chisato Hanaki san y Satoshi Hanaki san. En las paredes del local colgaban elementos relacionados con la cultura española o de otros viajes supongo realizados. Habían visitado por ejemplo Jerez. La guitarra española estaba bien presente en el local, de hecho nos agasajaron con una bulería. Como digo, el lugar es acogedor y pasamos divertidos momentos entre copas y algo de picoteo. El carácter japonés y el andaluz o español no son tan diferentes.

お好み・葡萄酒 にこらしか



En su transcripción del japonés no tengo claro si su pronunciación es Nikolashka, Nikorasika o algo parecido, pero eso es lo de menos, era un sitio que me apetecía mucho visitar. Nuestra amiga Madoco san recibió un mensaje de Wakae san, el propietario del local, de que en esos momentos había sitio libre para el grupo en su bar de vinos. Un lugar pequeño, con la barra alargada y varios taburetes, donde no sé si dispondrán como máximo unas 10 plazas para sentarse frente a la barra, y con varios guiños al manga o al anime japonés en su decoración. Muy divertido. Se encuentra por la zona de Dotombori.

Me pidieron que eligiera qué beber. Como vi alguna botella vacía, les comenté que me apetecía un vino australiano, en concreto de una de mis bodegas preferidas, Lucy Margaux, nada fácil o casi imposible de encontrar en España. En ese momento, Kouta Wakae san empezó a sacar botellas de Anton Van Klopper y a alinearlas delante de mí. ¿Estaba en el paraíso? (Fotografía de cabecera).

Lo difícil era cuál botella elegir. Me decidí por Gris Blanc 2015, delicioso pinot gris y sauvignon blanc de Adelaide Hills.





Siendo el yakisoba uno de los platos estrella de la casa, lo probamos con ganas, por supuesto, y seguimos con otro vino:

Rainbow Juice 2015 de Gareth Belton, Gentle Folk Wines. Rosado elaborado en esta añada a partir de siete variedades, tintas y blancas; semillon, chardonnay, sauvignon blanc, pinot noir, sangiovese y otras. De la zona de Basket Range, en Adelaide Hills. Como su nombre indica, un zumo. Silvestre, salvaje, fantástico.



Este local, no fácil de encontrar, es conocido por los grandes aficionados y profesionales japoneses del vino natural. De hecho, coincidimos en nuestra visita con la del simpático sommelier Hiroshi san, propietario de Maruchu Bar en Tokio, otro sitio encantador. El mundo del vino es pequeño también aquí, todos se conocen.



Nikorashika fue uno de los bares de vinos que más nos gustaron de los visitados en nuestro viaje por Japón.

Ishi no hana - 洋酒バー 石ノ花 

Pusimos punto final en nuestro recorrido con este bar de licores, gin tonics, combinados y música soul. Su responsable: Yuichiro Geka. Un bar singular con máquina de Music Box a la entrada y ventana al final de la barra con vistas al canal fluvial en plena zona de Dotombori. Un lugar especial que también disfrutamos.

¡Qué noche la de aquel día! Inolvidable.

Best regards to our new friends! Gracias por enseñarnos lo mejor de Osaka, vuestra Osaka. Domo arigato! 

A la mañana siguiente, con la sonrisa todavía en la boca, descansamos en el shinkansen que partió desde Osaka camino de Tokio con la suerte de abrir nuestros ojos y ver justo en ese momento la bella estampa del Monte Fuji. ¡Qué maravilla! No es fácil observarlo tan claramente y en un día tan despejado. Bellísimo.