Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Vino Vivo 2017 - Salón de Vinos Naturales de Madrid



A principios de mayo, el domingo día 7, se celebró la 3ª edición del salón de vinos naturales de Madrid, organizado por la Asociación de Productores de Vinos Naturales (PVN). En esta ocasión se desarrolló en el espacio La Industrial, en la calle San Vicente Ferrer, en pleno barrio de Malasaña.

En mi recorrido de vinos sin aditivos, probamos vinos de muy diversas zonas, desde Valdeorras al Priorat, del Ampurdán a Zamora, también del Penedés, de Valencia, Bullas, Montilla, Granada, La Mancha, Gredos... Viticultores de prácticamente toda la geografía española estaban presentes.

Fue una jornada divertida, alegre, feliz, festiva.

Comentaré de forma muy resumida algunas de las mesas que visité:



La primera mesa que visitamos del salón. Sidra artesanal de producción familiar de la zona de la Alpujarra granadina. Elaborada en el Cortijo Fuente Guijarro. Localizado a una altitud de 2000 metros en el Parque Natural de Sierra Nevada, en su cara sur.

Trabajan con una gran variedad de manzanos antiguos, no utilizan aditivos ni manipulaciones de ninguna clase. Son sidras para beber a cualquier hora del día, del orden de los siete u ocho grados alcohólicos. Alguna más aromática, otras con mayor cuerpo, con fermentación terminada en botella, con doble fermentación utilizando el zumo de las propias manzanas. Sabores a fruta y especias, zumo seco fermentado y adictivo.


Dos días antes había probado una de sus garnachas en el magnífico restaurante Montia de San Lorenzo de El Escorial, Forcípula 2015. Le comenté cuánto me gustó, además acompañado por unos callos a la madrileña, tal como nos lo presentaron, formaba una pareja explosiva.

Raúl Calle, ingeniero forestal, desarrolla en Gredos un proyecto familiar desde 2012, recuperando viñedos perdidos de garnacha y albillo en la zona de Ávila.


Nos cuenta que su primer vino elaborado tenía que llamarlo forcípula, dada su profesión y su relación con este instrumento de medida. Probamos sus cuatro vinos de la mesa: el mencionado; un rosado espectacular, Churumbi, para beber a litros; una garnacha de magnífica acidez, nueva elaboración todavía sin nombre, de ahí lo de Raw escrito en la botella, y finalmente su vino Canto de los pollitos. Todos garnacha, garnacha de Gredos, todos de gran nivel, nos encantaron.



De la zona de Bullas. No es la primera oportunidad que catamos sus vinos, ni que los bebemos, lo hicimos recientemente en una de las ferias de vinos naturales en Montpellier. Degustamos en esta ocasión: Uva Negra Vino Blanco, forcallat 80% y monastrell; 3 Monas, divertida etiqueta, monastrell sin acabar, traída esta muestra expresamente; el pétillant, degollado dos días antes para el salón; la monastrell de maceración o las vinificadas en barricas. Sus vinos se caracterizan por su naturalidad y honestidad, siendo su único ingrediente la uva, 100%. Vinos auténticos.



En la comarca de Valdeorras. Nacho González recupera y trabaja sólo tres hectáreas en distintas parcelas, alguna ha sido heredada de su abuela. Cepas viejas de godello, palomino, doña blanca, garnacha tintorera, mencía y sumoll. Utiliza en casi todas sus elaboraciones tinajas de barro. En varios de sus blancos realiza maceraciones largas con sus hollejos. Sus vinos son tan interesantes como sus etiquetas, bellamente diseñadas por un artista amigo suyo. En esta degustación, añada 2016, me enamoré de su clarete Proscrito, 95% palomino y 5% garnacha tintorera, frescura, fruta ácida, zumo de uva fermentada.



Localizados en la población de Venta del Moro, en la comarca de Utiel-Requena. Producción familiar. Viejas cepas de más de 60 años y variedad bobal. No esconde en sus vinos su personalidad mediterránea. Me gustó Sexto Elemento 2015, pero aún me gustó más su botella David y Goliath, más fresco, también afrutado y sin perder elegancia. De viñedos en mayor altitud. Sus vinos no se encuentran dentro de ninguna denominación de origen.

Las etiquetas también son muy interesantes, desplegables y con abundante información. Acabamos la degustación en esta mesa con Marisandro, un vino con 250 días de maceración y 2 años en barricas de ciento y pico años. Rico, rico.



Airén, malvar, albillo, chelva y también tempranillo y garnacha. Variedades de su zona. Está instalado en El Tiemblo, Ávila, pegado a la Sierra de Gredos. Siempre experimentando, sus vinos cada vez me gustan más. En esta sesión, añada 2016, sobresalían para mi gusto la malvar, dos semanas de maceración, y Alba, albillo con dos días de maceración. Destacan sus blancos, pero sus tintos presentaban una acidez colosal.

Aunque lo importante es el vino, me alegro también que utilice etiquetas más expresivas.


Por supuesto, no fueron las únicas mesas que catamos, también probamos los vinos de Vicent Tomàs, de la zona de la Vall d'Albaida, su blanco de tortosí y tardana o el de macabeo y la uva de mesa rosseti, destacaban para mi gusto; también presentes, Los Comuns, del Priorat, con vinos más frescos de lo que estamos acostumbrados en esta región; de Ignasi Seguí, Vinyes Singulars, en el Penedés, probamos el xarel.lo (con frescas notas que nos recordaba al plátano, la pera, manzana, fruta ácida) y también sus pet'nat; la garnacha blanca, gris o tinta del Ampurdán de La Gutina, ofrecida por Barbara Magugliani; los vinos de Purulio, de Torcuato Huertas, en la Alpujarra granadina, que no dejan de encantarme; también los de José Miguel Márquez, Bodegas Marenas, de quien saboreamos con gusto Montepilas (vino con idéntico nombre que su variedad autóctona) y Mediacapa (pedro ximénez); disfrutamos con los vinos de Barranco Oscuro, Garnata estaba fantástico; tremendo el pinot noir de Ramón Saavedra, Bodega Cauzón; probamos también otros de los vinos que nos gustan, los de Samuel Cano, Bodega Patio. También quiero destacar los vinos de Bodegas Coruña del Conde, Dagón o Alumbro; de Burgos, Valencia y Zamora respectivamente. De esta última, Microbodega del Alumbro, estamos enamorados de su clarete, mitad tempranillo, mitad palomino. No visitamos todas las mesas presentes en el salón, pero en próximas ocasiones tendré oportunidad de ello.

Este salón supone otra buena excusa para visitar cada año esta ciudad.

Madrid Calling!

Vicente








jueves, 25 de mayo de 2017

De vinos naturales por Madrid: Restaurante Montia; Bendito, Vinos y Vinilos; Wine Attack; La Siempre Llena; Olor y Sabor; La Fisna...



Ciudad de teatros, de grandes museos y numerosas exposiciones de arte, de plazas y paseos, de mercados y barrios históricos... Ciudad multicultural, abierta y acogedora. Vale la pena visitar Madrid.

Y revisitarla. Os cuento nuestro último recorrido y experiencia a través del vino y los locales que visitamos en los tres días anteriores al salón de vinos naturales, Vino Vivo, celebrado en la ciudad:



Desde febrero de 2016 La Fisna ocupa un nuevo espacio. Cambió de ubicación, desde la calle Doctor Fourquet a un bonito local de la calle Amparo nº 91, también en el atrayente barrio de Lavapiés. Si antes, durante muchos años, fue tienda de vinos y distribuidor, ahora añade la función de bar de vinos ofreciendo varios platos y más de 50 vinos por copas, además de poder disponer de cualquier botella de las múltiples referencias de la tienda, bien para llevarse o para consumir en el local. Nos alegramos enormemente por esta nueva propuesta.

El local es realmente bonito, era una antigua taberna que han restaurado conservando elementos antiguos proporcionando un ambiente muy agradable. En una mesa y taburetes altos pero cómodos, saboreamos tres de los platos que proponen para acompañar los vinos: ensaladilla templada rusa, cecina de León y escabeche casero de pollo de corral con shiitake. Muy sabrosos y generosos. El pan también es de calidad.

De beber elegimos unas copas de Lovamor 2016, albillo de Alfredo Maestro; Chardonnay-savagnin 2013 vin de voile de Julien Labet y Trousseau de Messagelin 2014 de Etienne Thiebaut, del domaine des Cavarodes. Los tres extraordinarios. Tremendos. Y por copas.


Vale la pena echar una ojeada a las referencias del bar y visitar el espacio de la tienda. Veremos botellas de Macle, Aviet, Ganevat, Domaine des Murmures, Descombes, Michel Guignier, Hervé Souhaut, François Chidaine, Beatriz Herranz, Rafa Bernabé... y tantas otras. La oferta de vinos de Jerez es también buenísima.

Charlando con Iñaki, uno de los propietarios, nos comenta que no es que estén especializados en vinos naturales, sino en los vinos que les gustan. Magnífica respuesta. Y tienen muy buen gusto.


Un lugar encantador, de nuestro gusto. Su propietario, José González, es el alma del local, muy simpático. Ocupa un pequeño espacio del Mercado de San Fernando, en Lavapiés, uno de mis barrios preferidos, ejemplo de multiculturalidad, donde convive gente de más de 80 nacionalidades diferentes.

Bendito, Vinos y Vinilos es un lugar donde disfrutar de jamones, cecinas, embutidos, quesos de leche cruda y una gran variedad de vinos naturales. Tienda y bar de vinos, nosotros acudimos un viernes en la tarde noche. El ambiente es divertido, de muy buen rollo, para disfrutar abriendo botellas, charlar y degustar los manjares citados servidos en papel de estraza sobre vinilos utilizados como platos. También hay tocata, de hecho, sobre el tocadiscos probamos las primeras copas. Esto sí es rock'n'roll.


Y vaya que se abrieron botellas y probamos vinos durante el rato que estuvimos: Orange, la tardana y macabeo de Mariano Taberner (Bodegas Cueva); el clarete del Alumbro, un vino que nos gusta mucho; Kπ Amphorae 2015 de Samuel Ramos; Airén 2010 Rancio de Sol a Sol de Julián Ruiz (Esencia Rural); Kabronic de Samuel Cano (Bodega Patio) y finalmente, elCouto Palomino Fino 2016 de Pagos de Nona.




En el local se permanece de pie, pero para quien lo desee también hay algunas mesas y sillas en la puerta, en el pasillo del mercado a modo de terraza.


El anterior no fue el único local de vinos que visitamos en este mercado, mercado por cierto como los de toda la vida y que los viernes y sábados alarga su horario en un ambiente festivo, lleno de gente joven y de todas las edades.

A pocos pasos de Bendito, Vinos y Vinilos se encuentra La Siempre Llena. Me encantó. Se trata de una bodega, contemporánea, donde sirven vinos a granel, naturales. También disponen de botellas. Nosotros probamos un par de copas: Aire en el patio de Samuel Cano y un Pet' Nat de Bodegas Coruña del Conde. Acompañadas con unas aceitunas maceradas, cortesía de la casa. Cerca ya de las 11 de la noche de un viernes, hora de cierre, nos apuntamos este puesto del mercado para visitarlo en próximas estancias en Madrid.



No sé cuál fue la excusa principal para visitar el pueblo de El Escorial, si el Monasterio o este restaurante. Aparte bromas, ambas visitas las recomiendo enormemente. El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial me impresionó, tanto la sala de la biblioteca como el claustro y todo su conjunto. El paisaje de los alrededores y del trayecto desde Madrid hasta la zona es bastante verde, por las ventanas del tren vimos incluso ciervos. Y el pueblo, situado al noroeste de Madrid, a una hora, y a pies de la Sierra de Guadarrama, da sensación de calidad de vida y tranquilidad.


La jornada no podía ser más completa habiendo reservado en el restaurante Montia, situado a escasos 500 metros del Real Monasterio. Era nuestra primera visita y la expectación grande. Una expectación que fue superada ampliamente.

La sala es bonita, cómoda, con buena luz y pocas mesas. Atendidos por el chef Dani Ochoa y su equipo, son todos unos cracks, les agradecemos el buen rato pasado, tres horas. Tuvimos claro elegir el menú degustación más largo y su maridaje, naturalmente. No tienen carta, tampoco de vinos. Trabajan con productos de la zona y la combinación platos y vinos es extraordinaria. De hecho, Dani es uno de los poquísimos chefs que he conocido quien además de cocinar de maravilla muestra idéntica sensibilidad y conocimiento por el vino.

De este restaurante nos gustó todo, hasta incluso el diseño de los delantales que portaba el equipo. Todo está estudiado al detalle, pero con enorme naturalidad.

Entre los platos que degustamos, en nuestro caso, 7 aperitivos, 6 platos, quesos de la sierra y 3 postres, todo delicioso, nombro solo a modo de ejemplo algunos de ellos:

Espárrago, crema de bacalao y espinaca con flores silvestres; molleja de ternera, castañas, alcachofas y borrajas; paletilla de conejo a la brasa con guiso de caracoles y acedera; callos a la madrileña; estofado de fresas y haba; bizcocho de galleta con mousse de chocolate y helado de cerveza... Es difícil destacar un plato, todos nos gustaron.

Empezamos con una cerveza artesana para el aperitivo, muy refrescante, y seguidamente los vinos: Pure S 2013, Jon Blanc; Botrítico 2016, Diego; Casèbianco 2015; Pinot Noir 2003, Pierre Frick; Q.V. 2012, Tissot et Bonnelle; Forcípula 2015, Raúl Calle; De sol a sol 2009, Julián Ruíz, Esencia Rural; Tardatto 2015, Mariano Taberner, Bodega Cueva; La Cosa 2014, Alfredo Maestro y Likor 2009 de Jean-Christophe Garnier.




El maridaje fue espectacular, acertadísimo y de gran nivel. Como apunte:

Botrítico, con las características que su nombre indica, es un vino realizado por Diego Rodríguez, agricultor vecino y amigo de Juan José Moreno García (La Microbodega del Alumbro). Un vino de Zamora, tempranillo vendimiado en invierno con uva botrytizada. Nos entusiasmó este vino. No se comercializa, nos contó Dani. Un vinazo que puede funcionar con varios platos, con el espárrago y crema de bacalao es increíble.

El Pinot Noir de Pierre Frick, ojo con la añada, es un fuera de serie. Acompañó el plato de molleja de ternera. Otro fuera de serie, el vino elaborado por Magali Tissot (¿os suena el apellido?) y Ludovic Bonnelle, domaine du Pech, en la zona vinícola del Sud-Ouest: Q.V., sauvignon macerada en qvevri. Con la paletilla de conejo combina perfectamente.

La garnacha de Raúl Calle, garnacha de Gredos, nos sorprendió muy gratamente. Junto a los callos a la madrileña formaba una pareja explosiva. Una producción de escasas 806 botellas.

La Airén 2009 de Sol a Sol de Julián Ruiz (Quero - Toledo) es un espectáculo en sí. Con los quesos de la zona aún más.

Ya en los postres, La Cosa, dulce natural de Alfredo Maestro, un néctar de moscatel que juega en el límite y que me sigue sorprendiendo. La última copa de la sesión fue la chenin de Garnier, Anjou, equilibrado, nada empalagoso.

Ganas tenemos de repetir la experiencia. El menú lo varían con frecuencia.





A sólo unos 30 kilómetros al este de Madrid y bien comunicada por tren, visitamos la bella ciudad cuna de Cervantes, Alcalá de Henares. Aquí podemos admirar su prestigiosa Universidad, observar los bonitos edificios de su casco antiguo, calles con soportales, plazas con parterre y la bonita visión de numerosas cigüeñas y sus nidos situados en campanarios, torres y tejados. También podemos hacer un alto en el camino sin salir del centro histórico para visitar Olor y Sabor, un lugar donde además de bien comer disponen de varias referencias de vinos sin aditivos muy de mi gusto.

La cocina es tradicional, adaptada a nuestro tiempo. Huevos cremosos sobre picadillo de matanza toledana y patatas y el plato de bacalao crujiente fue nuestra elección. Platos abundantes y sabrosos.

Para beber, elegimos dos botellas: Pampaneo 2015 de Julián Ruiz, de Toledo, airén en maceración durante 6 meses y Cailloux, extraordinaria pinot noir de Patrick Bouju, de Auvernia. Disfrutamos.

También funcionan como tienda para comprar sus productos.





De nuevo en Madrid, en el barrio de Malasaña. Abierto desde finales de enero de este año, en la calle del Limón nº 30, paralela a Conde Luque, se localiza Wine Attack, tienda de vinos con numerosas referencias y donde poder cenar los fines de semana, cocina tipo bistrot. Os lo recomendamos.




En nuestra visita, mesa para dos, como durante todo nuestro viaje, cenamos verduras a la plancha con bacalao, pastel de rabo de toro y una extraordinaria tabla de quesos de leche cruda franceses. Todo riquísimo. Para beber, dos botellas: Doris 2016 de Fabio Bartolomei, Vinos Ambiz, variedad doré, y Keep on Pouching 2015, fantástica chenin sudafricana de Craig Hawkins, muy conocido ya en todo el mundo.

Lo importante siempre es el vino, pero me alegra que Fabio utilice etiquetas más llamativas. En cuanto a su vino, cada vez nos gusta más.

No nos fuimos sin algunas compras, había donde elegir:



Otro lugar que visitamos, el local de los hermanos Villalón, quienes regentaron el famoso El Padre. Nuestra intención fue conocerlo y tomar algo. Se localiza en la calle Reina, junto a la Gran Vía. Estando llena la zona de comedor y bar de vinos, llegamos algo tarde, bajamos al sótano, especializado en cócteles al estilo de bar americano, pero donde nos atendieron perfectamente al solicitar un par de copas de vino de entre las múltiples referencias, en concreto: Albillo 2014 de Vinos Ambiz y L'Ailleurs (2015) de Anne et Jean-François Ganevat. Como digo, la carta de vinos es muy extensa, en ella vimos también algunos vinos de Puzelat, Laureano Serres, Breton, Olivier Rivière, Julien Labet, Lucien Aviet y bastantes de Ganevat, entre otros. Habrá que volver y cenar.

En Madrid la oferta en vinos naturales va aumentando. Seguro que en mi próxima visita recorreremos otros lugares y repetiremos los conocidos que tanto nos han gustado.

Vicente

© elvinoquebebo.blogspot.com

martes, 25 de abril de 2017

Bares de vinos naturales en Kamakura y Yokohama: Binot, So San, Beau Temps, Sabatora Kajitsu...



La afición por el vino natural en Japón se desarrolla por todo el país. Kamakura, una pequeña población costera a una hora en tren al suroeste de Tokio, concentra alrededor de una decena de bares o restaurantes especializados en vinos naturales.

Esta ciudad cuenta con importantes playas, con unas pocas calles comerciales de edificios bajos y sobre todo con numerosos templos y santuarios, como el sintoísta Tsurugaoka Hachimangu. Fue visitando este último que coincidimos con el final de uno de los eventos más importantes que se celebran en Kamakura, denominado Yabusame, donde jinetes se exhiben en el tiro con arco montados a caballo.


Realizar un recorrido en tren por la costa (línea Enoden) o contemplar la enorme estatua del Buda gigante situado al aire libre en el Templo Kotoku-in son dos actividades también muy recomendables. 

A Kamakura hubiéramos ido de todas formas en este viaje por Japón, lo tenía marcado en nuestra lista de visitas, y seguro que hubiera disfrutado en alguno de sus bares de vinos naturales, pero gracias a nuestra nueva amiga japonesa, Kazumi, tan amante de los vinos naturales como yo, o más, pudimos conocer los locales más atrayentes de esta ciudad:



Comimos en este restaurante italiano, en un segundo piso de un edificio situado en una comercial y pintoresca calle. Regentado por el Sr. Ryoma Kamei. A la ensalada, plato y postre italiano acompañó un vino italiano, Garg'n'go de Angiolino Maule, La Biancara, de la región del Véneto. Vinificado en inox y refermentado en botella con mosto pasificado de la misma variedad, garganega. Fácil de beber y de rápido placer. Un buen lugar donde adquirirr fuerzas para nuestro recorrido.

2 Chome-8-9 Komachi, Kamakura



Después de acercarnos hasta la playa, había que hacer tiempo hasta la apertura de este local en su horario de tarde noche, visitamos este bar. La entrada, muy japonesa, jardín y caminito de madera hasta la casa. Las botellas de vino vacías en el suelo ya nos indica que se trata de un restaurante público. Es un sitio encantador. Ya nos lo había recomendado Nozomi Miura, la simpatiquísima sommelière del Wine Stand Bouteille en Tokio.


Junto a unos platitos, sólo algo para picar, íbamos de ronda de bares, elegimos unas copas de entre varios vinos que nos ofrecieron, en este caso todos de Alsacia. Uno de los que más me gustó fue el pet nat Restons Nature Dark Nat del vigneron Julien Albertus, Domaine Kumpf et Meyer.

1 Chome-14-26 Hase, Kamakura, Kanagawa Prefecture.



Pequeño y acogedor. El propietario, Tsuyoshi Abe san, además de encargarse de la cocina en su bar de vinos, cultiva y cuida su propio huerto, por supuesto siempre sin productos químicos. Varios vinos por copas de mi gusto tomamos aquí. De todas formas, destacaría Château Le Puy Emilien 2008, hacía tiempo que no lo bebía. Para acompañar, deliciosos platitos preparados por Abe san.

Me permitieron sin ninguna pega abrir una botella que acababa de comprar en una pequeña tienda de la ciudad: Follow Your Dreams, Testalonga, del sudafricano Craig Hawkins. La compartí con los asistentes. ¡Cómo me gustan estas cosas! ¡Y estos vinos!

1 Chome-5-14, Komachi, Kamakura




So San - 天藍  祖餐

Verdaderamente las celebraciones de los japoneses son bonitas, al igual que disfrutan por ejemplo del florecimiento de los cerezos en primavera, también sienten admiración por la luna en su momento de máximo esplendor. La luna llena del mes que visitamos Japón y en concreto en esa noche en Kamakura brillaba como nunca en el año.

El que voy a contar fue uno de los eventos más bonitos que viví en el viaje. Siempre guiados por nuestra amiga Kazumi Nagase, entramos en el restaurante bar de vinos So San, su propietario Hidefumi Ishii san había propuesto que esa noche todos los visitantes a su local compartieran su botella de vino con el resto de los asistentes. Así, en la mesa principal, mesa común, degustamos y compartimos vinos y conversación, bien en portugués con una pareja de jubilados japoneses que había residido en Brasil, bien en inglés con un holandés que trabajaba en el país o también charlando medio en italiano o en español con el amable Fumi, el sommelier y propietario, quien había trabajado en Sicilia con algunos productores locales. Preciosos momentos gracias al vino, vino natural.

Las dos botellas que nosotros propusimos fue Tsugane La Montagne 2013, merlot extraordinario de Eishi Okamoto, bodega Beau Paysage, de quien me bebería todos sus vinos, y Nora Rouge 2014 (fotografía cabecera de este artículo), merlot y pinot noir del sur de Hokkaido, en el que destacaban sus notas de cereza negra.

Pero como comentaba, probamos otros vinos elegidos por el resto de asistentes, entre ellos me encantó uno en particular: Acchi Rouge 2013 Domaine Atsushi Suzuki, Hokkaido, variedad zweigelt en un 90% y el resto pinot noir; fragancia, deliciosa fruta, suave acidez... También comimos, con ganas, o más bien cenamos.

No se me olvidará nunca nuestra visita a So San.

2-9 Onarimachi, Kamakura





Tenía ganas de probar un vino con una variedad local. Esto ocurrió en este bar, el más cercano a la estación. Koshu es la principal variedad blanca japonesa. Elaborado por Caney Wine en la prefectura de Yamanashi. Viñedo Iwaimura-Kawakubo. Realmente interesante. La pareja propietaria nos buscó muy amablemente en su bodega de vinos una de sus últimas botellas disponibles.

1 Chome-8-9, Ogigayatsu, Kamakura


Fue el último local que visitamos en nuestro recorrido, un ida y vuelta desde Tokio. La próxima vez haremos noche, Kamakura nos encantó.

Sabatora Kajitsu - 鯖寅果実酒商店Yokohama

Otra visita desde Tokio, también factible por su cercanía, es Yokohama. En tan sólo 30 minutos de tren llegamos a la segunda ciudad más habitada del país, de unos 4 millones de habitantes. Entre sus zonas turísticas destacan el complejo de rascacielos Minato Minari 21 en el distrito financiero, antigua zona de muelles, siendo su edificio más famoso la Landmark Tower de 296 metros de altura. También destacan las calles del Chinatown, comerciales y repletas de restaurantes, con sus coloridas puertas de entrada al barrio.

De todas formas, me atraía mucho más alejarme de estas zonas para buscar una dirección que anoté cuando preparé el viaje, Sabatora Kajitsushu, bar de vinos naturales de Ryuji Kunii san. No encontraréis la palabra Sabatora escrita en ninguna parte, sino su nombre en japonés, indescifrable, pero sí veréis un atrayente y pequeño local de vinos con botellas vacías a los pies de su puerta a modo de decoración. Si reconocéis en esas botellas algunos de los nombres más buscados entre los aficionados al vino natural, os daréis cuenta que habéis encontrado el lugar apropiado.

El local, enano, expone en sus estanterías la mejor selección de vinos por metro cuadrado que yo hubiera visto hasta el momento.


Disfrutamos con uno de los mejores pétillant que hemos probado en los últimos tiempos: Pétillant Naturel Noir de Noir de Domaine Lucci, Lucy Margaux, una de mis bodegas preferidas. Pinot noir de hermoso color rubí brillante, sus aromas de cerezas y fresas son evidentes, tanto en nariz como en el paladar. Fresco y limpio, me encantaría tener unas cuantas cajas en casa.


Compartimos algunas copas con la pareja de la mesa de al lado, vecinos del barrio, y fuimos agasajados probando el siguiente vino: Passetoutgrain 2013, 50% pinot noir y 50% zweigelt, de Takahiko Soga, uno de mis productores preferidos del viaje desde que probé uno de sus vinos por primera vez pocos días atrás en Tokio. Para acompañar, Kunii san nos preparó un variado de tapas, sencillas y sabrosas.


5 Chome-186-1 Ishikawacho Naka-ku Yokohama

Seguro que hay más locales interesantes en Yokohama, pero éste, Sabatora Kajitsushu, espero volver a visitarlo.

Vicente


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viernes, 14 de abril de 2017

El jerez en Japón, recorrido por algunos de sus bares: Bar de Ollaria, Sherry Club, Bar Clavel...



El vino de Jerez y su cultura tiene bastantes seguidores en Japón. Los 11.000 kilómetros de distancia no son un impedimento. La afición de los japoneses por los vinos jerezanos, sherry wines, va incrementándose año a año. Un dato indicativo es que en el país existe un número importante de venenciadores oficiales, cerca de 200 profesionales, y por supuesto lugares donde los sherry lovers japoneses disfrutan de estos vinos. Nosotros visitamos cuatro bares especializados, tres en Tokio y uno en Kioto, pero existen más.


Desde el 2014 ostenta según el libro Guinness el récord de jereces ofrecidos, casi 300. El anterior poseedor era otro importante sherry bar, el Sherry Club, ambos localizados en el céntrico barrio de Ginza, en Tokio.


El propietario de Bar de Ollaria es Toshihiko Watanabe san, venenciador oficial por el Consejo. El sumiller Tkasuyuki Sano san nos atendió de forma muy amable y profesional,  al descubrir que éramos españoles nos hizo una demostración de su destreza venenciando líquido con una considerable altura entre venencia y copa. De entre las opciones para degustar jerez, mi umami, optamos por unas copas de Cruz Vieja Amontillado en Rama. No nos faltó el jamón de bellota cortado a mano, más umami, ¡extraordinario! ¡este amontillado y este jamón!

Tienen otro Bar Ollaría en el distrito de Ebisu.


Sherry Club Tokyo

Se trata del primer bar restaurante de Japón dedicado a los vinos de Jerez, su propietaria la señora Michiro Takahashi lo abrió en 1986.

También localizado en el barrio de Ginza, en una calle paralela al anteriormente mencionado. En su comedor principal, además de la barra y varias mesas, tiene decorada una de las paredes con frontales de botas jerezanas, firmadas con tiza. 


Cocinan platos españoles, nosotros optamos por picotear. Un plato de queso manchego, lomo ibérico y unas aceitunas nos sirvió para acompañar las copas elegidas de Manzanilla Micaela Bodegas Baron y Fino Gutiérrez Colosía, para empezar. Finalizamos con Pastora Manzanilla Pasada en Rama de Bodegas Barbadillo, que se muestra igual de bien en todas partes.





Sherry Club Kyoto

Sucursal de la anterior pero en Kioto, en una encantadora zona muy cerca del tradicional barrio de Gion. La entrada se encuentra franqueada por una bonita escultura de un venenciador. Dentro es acogedor, pequeño y agradable, coqueto y de ambiente tranquilo como su barrio. Nos gustó mucho. Para comer pedimos varios platos: jamón, ensalada de tomate y mojama, anguila rebozada... ¡buenísimo!

De beber, me di un gustazo, tres copas distintas, tremendas: Manzanilla La Gitana en Rama, Toro Albalá Amontillado Viejísimo y Don Gonzalo Oloroso de Valdespino.

489-2, Shimogawara-cho Higashiyama-ku





Bar Clavel (Fotografía de cabecera)

De nuevo en Tokio. No es fácil encontrar este bar de vinos jerezanos, situado en la 4ª planta de un edificio, no hay muchas indicaciones, aunque las suficientes con un poco de paciencia. El local, en una de las puertas de la planta, comparte ésta con otros comercios, oficinas y bares variados. Abierto no hace mucho, en 2015, por Aki Shimada san, también venenciadora oficial, con grandes conocimientos del jerez y gran simpatía.

Al estar todo en japonés la sumiller fue mostrándome botellas sacándolas de las neveras de vino. A la docena de botellas entre finos y manzanillas, siguió varias de amontillado, y al nombrar yo la palabra oloroso colocó varias botellas más sobre la barra, y todo para elegir alguna copa. De la gran variedad, mi pareja y yo elegimos las siguientes: Fino Tradición, Manzanilla 541 Alexander Jules y Los Abandonados 68 Oloroso Alexander Jules. De esta última disfrutamos las últimas copas de la última botella que le quedaba al bar. ¡Qué maravilla! Para acompañar, queso manchego, embutidos y frutos secos. El servicio en todos los sitios es impecable.

A pesar de la diferencia de idioma, entre inglés, japonés y español, charlamos un rato con Aki y algunos clientes, todos muy contentos y orgullosos de recibir una pareja de españoles amantes también del jerez. Hasta nos hicieron una foto con la propietaria mientras venenciaba con arte y eficacia.




Japón nos encanta, la simpatía y amabilidad de su gente es extraordinaria, ¡qué a gusto se está por aquí!

Vicente