Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

sábado, 29 de marzo de 2014

DOS VINOS DEL DOURO: CHARME (NIEPOORT) Y PINTAS (WINE & SOUL)

La zona vinícola del Douro siempre ha tenido un papel secundario para los denominados vinos de mesa, los vinos secos, debido a la importancia del comercio de los oportos. En 1986 una nueva ley permitió a los productores del Douro exportar sus productos directamente, sin la obligación de pasar por Vila Nova de Gaia. Pequeños vitivinicultores influyeron en el empuje de la zona y, desde hace poco más de una década, en la elaboración de vinos no fortificados a partir de sus propias uvas.

El valle del Douro comprende una enorme extensión de más de 40.000 hectáreas, suelos de esquistos y pizarras y una gran variedad de castas autóctonas entre las que destacan la touriga nacional, touriga franca (anteriormente llamada touriga francesa, aunque no tenga ninguna relación con Francia), tinta barroca, tinto cão y la única no portuguesa, la tinta roriz (tempranillo). Pero las variedades existentes, únicamente en el valle del Douro, llega a más de 100 diferentes.

La zona se divide en tres subregiones: Douro Superior, Cima Corgo (la más valorada) y Baixo Corgo, la zona más cercana a Oporto.

Dos vinazos de la región hemos disfrutado hace pocos días: Charme 2007, de Niepoort, y Pintas 2008 de Wine & Soul.


Charme 2007

Uno de los vitivinicultores más activos, o el que más, del panorama vinícola portugués es Dirck Niepoort. Es de sobra conocida la calidad de sus Porto Vintage, Colheita… y toda la gama de oportos. También la de sus vinos de mesa, vinos no fortificados: Redoma, Robustus, Batuta, Charme…

Niepoort, siempre enfrascado en nuevos proyectos, realiza multitud de colaboraciones con otros productores amigos: Dado con Álvaro de Castro en Dão; Omlet con Telmo Rodríguez, en el Douro; Ultreia Douro con Raúl Pérez (he probado recientemente el 2011 y es espectacular) y otras colaboraciones como Ladredo en Ribeira Sacra, el fantástico blanco de palomino Niepoort-Navazos o en otros países como Austria y Sudáfrica.

Con Charme, intenta acentuar un estilo más borgoñés, a pesar de las distancias lógicas. Los racimos no se despalillan, pisados a pie en los tradicionales lagares de piedra, barricas de roble francés, crianza de 16 meses, sin clarificación ni filtrado. Cepas viejas de más de 70 años (tinta roriz, touriga franca y más variedades) de Vale de Mendiz, en el corazón de la zona del Douro, en el valle de Pinhão. 9.500 botellas en la añada 2007. 13,5 % de graduación.

El vino de mi botella presentaba un color ligero, abierto. Cerrado en nariz en un principio, al ir abriéndose se percibía un conjunto de notas que recordaban a la fruta roja, las cerezas, hoja de té, tabaco, incluso cigarro puro. Es en boca que me gusta más, rica acidez, sedosidad, elegancia y frescura. Retronasal de nuevo a fruta roja y larga persistencia.


Pintas 2008

Wine & Soul lo forman la pareja Jorge Serôdio Borges y Sandra Tavares da Silva. El primero fue enólogo de Niepoort desde 1999 al 2004, y su mujer se inició como enóloga en Quinta do Vale Dona Maria, junto a Cristiano van Zeller, y su familia posee una bodega en Estremadura.

El nombre Pintas es en honor de su perro de raza pointer. El viñedo, inicialmente de menos de 2 hectáreas, trabajadas en alquiler y posteriormente comprado reúne más de 30 variedades diferentes plantadas hace unos 70 años. De orientación sur, cerca del pueblo Vale de Mendiz en la ribera del río Pinhão, en la zona Cima Corgo. La primera añada fue la 2001, realizando la vinificación en una vieja bodega que pertenecía a Niepoort.

En 2003 crean su primer Pintas Vintage Port y en 2005 el primer Pintas Character. También tienen un blanco, Guru.

Respecto a Pintas, las uvas son pisadas en lagares de granito y la crianza se realiza en barricas francesas. El 2008 fue embotellado en 2010, 5.500 botellas, 14,5 % de graduación.

En un estilo bastante diferente al anterior vino mencionado, más exuberante. Color cereza picota, borde violáceo. Frutos rojos maduros. Expresivo. En su punto, sin atisbo de sobre madurez, con suficiente acidez en boca. Concentrado y elegante. Seductor. Un vinazo. Mejora a cada sorbo. Madera completamente ensamblada. Es redondo, potente, sedoso, sin aristas. Fructosidad, taninos domados, finos. Mostraba también su mineralidad, recuerda un priorato de los más grandes. Rico, muy rico. Y qué bien huele. Lo disfrutamos.

Evidentemente seguiremos comprando y probando botellas de esta fantástica zona, el Douro.

Vicente

miércoles, 19 de febrero de 2014

CHABLIS GRAND CRU "LES CLOS" - VINCENT DAUVISSAT



A unos 100 Km al noroeste de la Côte-d’Or, cerca de Champagne, se extiende el viñedo de Chablis, o Chablisien. Ocupa actualmente 4700 hectáreas aproximadamente, en el valle del río Serein, en el departamento de Yonne. Ya existían vides en la época romana, pero su desarrollo tuvo lugar a partir del siglo XII gracias a la labor de los monjes cistercienses de la abadía de Pontigny.

Debido a su localización, la parte más septentrional de Borgoña, las viñas están expuestas a las heladas, al igual que en Champagne. Para paliar este problema se ha usado desde estufas entre las hileras de vides a sistemas de aspersión regando con agua y formando una fina capa de hielo sobre las yemas con el fin de protegerlas de un daño mayor.

Se divide en cuatro categorías o AOC, siendo chardonnay la cepa cultivada: Petit-Chablis, Chablis (principal área de producción), Chablis Premier Cru (entre los que destacan Montée de Tonnerre, Mont de Milieu, Fourchaume…) y Chablis Grand Cru.

Tanto los premiers como grand cru se asientan sobre un subsuelo calcáreo y arcilloso denominado kimméridgien, caracterizado por la abundancia de minúsculas conchas (de la familia Exogyra virgula). Se trata de una formación rocosa del Jurásico Superior, de hace unos 150 millones de años. Algunos terrenos bajo la AOC Chablis se sitúan también sobre otro tipo de suelo, el portlandien, calcáreo, poco arcilloso y sin fósiles marinos. Las viñas de Petit-Chablis están plantadas en llano y sobre portlandien.

Existe un solo Grand Cru repartido en siete climats contiguos. De oeste a este: Bougros, Preuse, Vaudésir, Grenouilles, Valmur, Les Clos y Blanchots. Ocupan en total una centena de hectáreas situadas en la comuna de Chablis, en la ribera derecha del Serein, en una altitud de entre 100 y 250 metros y de exposición generalmente al suroeste.

Les Clos, ya destacado por los monjes cistercienses, consta de unas 28 hectáreas y es, además del más extenso, el considerado comúnmente de mayor prestigio.

El domaine Dauvissat, valorado junto al de Raveneau como el más importante de Chablis, está dirigido por Vincent Dauvissat desde el retiro de su padre René. La vinificación de forma tradicional en barricas es poco intervencionista evitando que el vino quede marcado por la madera. Para algunas parcelas utiliza feuillettes, las barricas de tamaño más pequeño, 132 litros, típicas en Chablis. Desde 2002 sigue los principios y preparaciones de la agricultura biodinámica pero sin certificación. El domaine consta de unas 11 hectáreas repartidas en varias parcelas. Su propiedad en Les Clos alcanza 1,7 hectáreas.

Chablis Grand Cru Les Clos 2009 - Vincent Dauvissat

De color amarillo dorado, perfumado, floral, flor blanca, apuntes de miel. Al poco rato, notas de frutos secos, almendra. Buena acidez, en equilibrio con la untuosidad. Percibimos las características propias del chardonnay. Destacan también las sensaciones minerales, tensión y vivacidad, con nervio pero elegante. La nariz evoluciona hacia cera de abeja. Muy largo, persistente, intenso. Precisión. Complejo, de largo recorrido.

Una suerte tener la oportunidad de probar este vino.

Vicente


NOTA: Fuera de la AOC Chablis pero en el departamento de Yonne existen otros viñedos a destacar como por ejemplo las appellations comunales Irancy (pinot noir) y Saint-Bris (sauvignon blanc) y las regionales Côtes d’Auxerre o Bourgogne Épineuil (pinot noir), entre otras.

(Fotografía cedida por Guillem Martínez).

martes, 28 de enero de 2014

"MIS VINOS DEL 2013" por Juan Luis Vanrell



Elegir los doce vinos del año tiene un significado similar a la costumbre de comerse la uvas en Nochevieja. Es hacer un punto y aparte; cerrar el año vinícola; marcar una línea en el calendario dejando atrás los vinos bebidos durante los últimos doce meses y enfrentarse a los siguientes con la esperanza de que sean mucho mejores. Por supuesto, la elección de los doce vinos es mucho más compleja que el simple hecho de comerse un racimo de doce uvas, pues se trata de analizar, recordar y seleccionar las uvas fermentadas y embotelladas que he disfrutado a lo largo de los 365 días de ese año, ahí es nada. Así pues, escoger los doce vinos de un año no resulta fácil, sino todo lo contrario. Es una tarea ingrata, incluso en ocasiones injusta, ya que hacer una selección tan reducida siempre conlleva dejar fuera a grandes vinos. Este año vuelvo a encontrarme con el mismo problema, así que para solventar esta situación he decidido guiarme por un matiz: los momentos en los que me bebí esos vinos. Estos son mis vinos y, por tanto, también mis momentos:

1º) Vega Sicilia único, cosecha de 1973

Para hablar de este vinazo debo empezar dando las gracias a la persona que hizo posible que me lo bebiera, mi amigo Marco Antonio Valera que, en un detalle de generosidad, me hizo uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Gracias Marco.

Lo que más me impresionó de este vino fue su elegancia y la vida que derrochaba, a pesar de su edad (40 años), incluso la que le quedaba por delante de no habérmelo bebido. Maderas nobles, cedro, brea, tierra mojada, humedad. Curiosamente me recordaba a un Barolo viejo, de hecho me trajo a la memoria el Asili di Barbaresco 1998 de Bruno Giacosa, que en su día en mis mejores vinos del 2012.

Este vino, como no podía ser de otra forma, me lo bebí, mano a mano, con mis amigos Vicente y Mari Cruz en una tarde noche de diciembre reservada especialmente para ese momento.

2º) Jacques Selosse. Initial

Todos tenemos un amigo que cuando le ofreces una copa de champagne te dice “a mí no me gusta el champagne”. Obviamente, no ha probado un buen champagne y mucho menos uno de Selosse. El Initial es una sinfonía de aromas, de sabores y de sensaciones. Uno de esos vinos adictivos en nariz y en boca. El equilibrio personalizado. También me ha generado un problema: ahora soy mucho más exigente con los espumosos.

Lo bebí en Enópata en una cata de champagnes “contra” cavas de Gramona. Recuerdo que era un lunes de febrero y que al día siguiente trabajaba, sin embargo la noche fue mágica, divertida, placentera con grandes cavas, y con grandes decepciones entre los champagnes de renombre.

3º) David Leclapart 2004. L’Apôtre

¡Qué bien lo pasamos esa noche!, como siempre que nos reunimos los amigos Enópatas. Los vinos con esta gente mejoran con su sola presencia. Esta vez fue en casa y este pedazo de champagne lo trajo Mario. Estos son mis escuetos apuntes que conservo: almendras, anacardos, nueces, frutos secos en general, cerezas, cítricos, pomelo, crema, mantequilla, miel, con una maravillosa acidez. Todo en su justa medida.

4º) Fromentin Leclapart. Blanc de Noirs

De por sí, es un vino que podría estar en esta lista por su equilibrio, su acidez, sus enamoradizas notas de bollería, de mantequilla, de cereza y de fresas. Pero es que, además es el contenido que llena la foto de la portada de mi novela, “Valencia y el Testamento de Violeta García”, por lo que no podía faltar en mi lista de vinos de 2.013. Además, me trae grandes recuerdos de la tarde que pasé con Juan y Rebeca haciendo pruebas de fotografía con el campanario de San Valero al fondo y, por supuesto, bebiéndonos un par de botellas de este champagne. Una gran tarde, desde luego: una puesta de sol, champagne, fotografía, amigos…

5º) Los Riojas viejunos

Este año he tenido la suerte de poder beber varios riojas viejunos. La mayoría de ellos podría ocupar un espacio en esta selección, así que para hacerles justicia a todos ellos he creído conveniente hacer un punto dedicado a esos maravillosos vinos que el mundo vinícola de la actualidad parece haber olvidado. Con ellos quiero reivindicar no sólo el placer de beber grandes riojas, sino también la forma tradicional de elaborarlos.

Bodegas Palacio. Glorioso 1964 y 1966.
Bodegas Riojanas. Viña Albina 1964.
CVNE. Imperial 1994.
Marqués de Murrieta. Ygay etiqueta blanca 1970.
Marqués de Murrieta. Castillo de Ygay 1998.
Marqués de Arienzo. Cosecha 1982.

Tantos vinos como momentos con grandes y diferentes amigos: Rafa Boluda, Raúl Carretero, Andrés Candela y los amigos de siempre, los amigos de Enópata…

6º) Bodegas Monje. Reserva 2000, Oscar Domínguez

Compré esta botella hace un par de años en Tenerife, el día que visité Bodegas Monje. La tuve en la neverita esperando compartirla con mi amigo Javi Bahilo. Un buen día me quedé sin vino y mi amigo se fue a China, pillé la botella y me la bebí. Lo siento Javi, me bebí uno de los vinos que más me han sorprendido nunca. Alucinante. Jamás podía esperar encontrar en un vino canario todos los matices que encontré en aquella botella. Me recordó a un pinot noir –sí, sí, a un pinot noir- a un pinot noir viejo, complejo, que escondía grandes secretos bajo su color cebolla. Cedro, casis, ceniza, especias, bayas rojas, cerezas, tabaco, grafito, tierra… Esa tierra que tanto amo, a pesar de que nada familiar me une, y a la que me escapo cada invierno que puedo.

7º) Punset. Riserva 2006

Este Barbaresco lo disfruté gracias a mi amigo Massimo Cesca. Le pedí que me enviara una selección de vinos italianos a su gusto y me envió este pedazo de vino de una pequeña bodega de Neive, que cumple con los requisitos que auguran un buen vino: bodega pequeña, respeto por el viñedo, mínima manipulación en bodega, terroir a tope… Además, a un precio sorprendente para ser un Barbaresco excepcional. Al escribir estas líneas recuerdo que debo hablar con Massimo para que me envíe más joyas como esta.

Este vino me lo bebí con mi cuñado y amigo Raúl un sábado de febrero. No teníamos ninguna pretensión más que bebernos un Barbaresco, lo que hace que lo disfrutáramos aún mucho más.

8º) Didier Dagueneau 2007. Damnatus Mons

¡¡¡¡Huuuummmm!!!! Este es uno de esos vinos que me emocionan con sólo recordarlos. No se sabe lo impresionante que puede estar una sauvignon blanc hasta que no se prueba una como la que elaboró Didier Dagueneau con este Damnatus Mons. Armonía y equilibrio. Esas serían las dos palabras que mejor lo definirían. Además es una sinfonía de matices y de sabores: cítricos, pomelo, miel, roble, salino, atlántico…

Entre muchos otros vinos, lo compartimos los amigos de Enópata durante una noche de junio, bajo el cielo de Ruzafa, en una cata memorable que celebramos en mi terraza y que ha quedado rinstaurada de por vida.

9º) Perrot Minot. Champs Perdrix 2003

Pinot noir. Bendita pinot noir. No hay nada que más me guste en esta vida que beberme un maravilloso pinot noir. Y éste lo es. Me encanta todo lo que he probado de Perrot Minot y este Champs Perdrix 2003, de Vosne Romanée, no es una excepción. Elegante, sutil, pero a la vez complejo y poderoso. Habrá que pensar en comprar una casita en la Borgoña para la jubilación.

Hay muchos otros pinot noirs que he bebido a lo largo de este año, incluso grands crus, pero si he elegido éste ha sido porque en mi despacho suelo organizar catas con mi socio y otros amigos. La selección de los vinos que llevé aquella noche de noviembre fue excepcional, sin embargo este pinot noir destacó por encima de todos de forma rotunda. Esas catas no sólo son muy divertidas, sino que además transmiten la pasión que yo siento por el vino a otras personas creando afición a la causa, lo que siempre es gratificante.

10º) Louis Jadot. Hameau de Blany 1997

Volvemos a la Borgoña, ahora con la gran “dama blanca”, esa variedad que allí alcanza su máxima expresión. ¿Veis como hay que pillarse una casita en la Borgoña?

Tres son los motivos por los que este vino debe estar en esta lista. El primero, porque es un vinazo. Es sumamente complejo, más bien e meditación, pero a la vez es cremoso, amielado, lácteo, con notas de fruta de hueso blanco y pomelos. El segundo porque una de las dos veces que lo bebí fue el día que empecé las vacaciones de verano, y ese siempre es un día grande. Y el tercero porque fue uno de los vinos con los que celebramos el setenta cumpleaños de mi madre.

11º) Vega Lacuesta. Bellori fermentado en barrica 2009

Reconozco que la verdejo no me apasiona, al menos no me apasionaba hasta que bebí este Bellorí fermentado en barrica. Tal vez sea porque no tiene nada que ver con las verdejos que hasta entonces había probado o tal vez porque me recuerda horrores a un fantástico chardonnay de Pulgny-Monrachet. Sí, así es, no os extrañéis. De hecho, el día que presenté mi novela en “Enópata”, al terminar la presentación, mi amigo Juan me dio una copa de vino blanco, tras pegar el primer sorbo pensé que me había dado un pedazo borgoña, pero no, era un Bellorí fermentado en barrica.

12º) Salvador Poveda. Sacristía 1964

Nunca hasta la cata de junio con la gente Enópata había probado un fondillón, un vino de reyes que tuvo su esplendor muchos siglos atrás y ahora casi forma parte del olvido. Reconozco que la noche que lo probé no me gustó, es más me decepcionó, sin embargo conforme ha ido pasando el tiempo he ido valorando sus notas rancias, con recuerdos de Oporto, Madeiras, Marsalas, Palos Cortados, Olorosos y Amontillados. Un vino extraño que debemos rescatar del olvido y darle el reconocimiento que se merece y con el que yo me debo disculpar con otra botella.

Como con las uvas de cada Nochevieja, con estos doce vinos cierro una etapa y abro una nueva que seguro que será como mínimo, tan buena como la del 2013. Y lo será no sólo por los vinos bebidos sino también por los momentos vividos, siempre entorno a una copa de vino, claro.

Juan Luis

Hermitage - La Chapelle





Fotografía y texto: Juan Luis Vanrell

sábado, 25 de enero de 2014

12 VINOS DEL 2013 PARA RECORDAR




Sea por el momento que acompañaron o por los momentos que originaron, recordamos en este primer mes del nuevo año los vinos degustados que más placer nos han dado durante el pasado 2013.

1.- Azienda Agricola COS, Cerasuolo di Vittoria Classico 2009

Limpio y brillante. Frutos rojos, cerezas, piel, uva, balsámicos. Ligero y de paso fácil. No es muy persistente en boca pero sí tremendamente fresco. Infusión de hierbas aromáticas en el paladar. La botella se termina fácilmente. El 2010 resultó igual de placentero. Nero d’avola y frappato, variedades sicilianas que emplea en este vino esta casa que no tiene desperdicio en ninguna de sus referencias tanto tintas como blancas.

2.- Cuvée Orégane 2009, Jean-François Ganevat, Côtes-du-Jura

Unas cuantas botellas llevamos bebidas de este productor jurassien practicante de la agricultura biodinámica y todas nos han gustado. Las sensaciones que anoté de su cuvée Orégane, nombre heredado de su yegua, fueron: “Pomelo, limón, piña, frescas notas evolucionando hacia fruta ligeramente confitada. Especias, notas de mantequilla y tiza que se mezclan formando un conjunto equilibrado en una gran botella del Jura mitad chardonnay, mitad savagnin, travaillé comme autrefois”. Un vino complejo, sin adición de sulfuroso, sin clarificación y sin filtración. En su vinificación se utiliza el método del ouillage evitando el contacto con el aire e impidiendo la aparición del velo.

3.- Domaine Valette, Mâcon-Chaintré, Vieilles Vignes 2009

Domaine familiar de 8,5 ha situado en el viñedo mâconnais. Nos lo aconsejaron en la tienda hongkonesa de vinos naturales “La Cabane à vin”, y acertaron plenamente. Nariz intensa, mantequilla fresca, mineral, amielado y amplio en boca. Rico. Un recuerdo más de nuestra estupenda estancia en Hong Kong.

4.- Vin de Liqueur, Overnoy-Houillon, Pupillin

Pocas unidades y difícil de encontrar esta sorprendente botella. Vino de licor obtenido a partir de mosto y marc (aguardiente de orujo) y posterior crianza, lo que sería un Macvin del Jura, una mistela. Notábamos su alcohol en nariz pero sin embargo resultaba atrayente. Contrastaba en boca con su finura y elegancia. Equilibrio entre el dulzor, el alcohol y la buena acidez. Persistente, adictivo y digestivo. Una botella que siguió a su Ploussard 2011. Noche Overnoy en el bar del barrio, el bar de vinos “L’Ànima del Vi”. ¡Menudo bar!

5.- Guímaro, Finca Capeliños 2010, Ribeira Sacra

Una delicia, nariz seductora y sutil, frutos rojos y flores, fresas y rosas. Especias dulces, balsámicos. Fresca acidez. Incita a beber. Muy bueno. Mencía en su mayor proporción. Un vino de Pedro M. Rodríguez Pérez. Primera añada con este nombre en la etiqueta, anteriormente llamado GB1P. Cada vez nos gustan más los tintos gallegos.

6.- Vin Rosé Pinot Gris 2010, Le Clos du Tue-Boeuf

Varios son los rosados que hemos disfrutado en el 2013. Entre todos ellos destacó este Rosé Pinot Gris de Thierry Puzelat. De aspecto amarronado más que rosado, sin embargo disfrutamos de un placentero vino de fresca fruta, zumo de uva macerada.

7.- Clos des Vignes du Maynes, Mâcon Cruzille 2010 Aragonite

Otro Mâcon en la selección anual, en este caso un domaine de 6,5 ha situado al sur de la zona y en una añada espléndida en Borgoña. Un productor, Julien Guillot, de cuyos vinos he disfrutado varias veces durante el 2013, siendo mi preferido este Aragonite tomado en el restaurante gerundense “Plaça del Vi 7”. Complejo, miel, especias, membrillo y materia mineral. Madurez y sedosidad en boca. Aragonite es el mineral predominante en su suelo

8.- Vega Sicilia “Único” Cosecha 1973

Los grandes vinos de categoría internacional, con los años, se asemejan, aunque sean diferentes uvas. Este Vega Sicilia del 73 nos recordó a los mejores barolos que habíamos probado.

9.- Champagne L´Apôtre 2004, David Léclapart

Una maravilla, uno de los mejores champagnes que he bebido, hacía tiempo que no lo probaba y esta botella se mostró espectacular. Burbuja finísima, complejidad y personalidad en una excelente añada, toques cítricos, craie (tiza), flor marchita, levadura… pureza. Para mí, la estrella del día, y eso que le acompañaron grandes vinos como por ejemplo el Celler Batlle Gran Reserva 2002 de Gramona, uno de los cavas punteros, o el Etienne Henri Sancerre 2003 de Henri Bourgeois, un extraordinario sauvignon blanc vinificado en barricas.

10.- Meursault Perrières 1er Cru  2008, Vincent Dancer

Ya había probado algún chardonnay de este productor y me había gustado mucho, pero este Meursault Perrières son palabras mayores, incluso algún amigo declaró que era el mejor blanco que había bebido hasta el momento. Disfrutado comiendo en “Ca’ Pepico”, restaurante valenciano que es uno de nuestros rincones preferidos.

11.- Amontillado 1830 VORS, El Maestro Sierra

Almendra, nuez y turrón. Sal. Humo, tabaco, caramelo de café. Especias orientales, curry. Espectacular nariz. Notamos también notas de avellana y de azúcar tostado. Largo y complejo. De color caramelo. Semanas después, seguía inconmensurable. Cada sorbo de este vino (foto de cabecera) nos traía recuerdos de nuestro viaje por tierras gaditanas y, cómo no, de nuestra visita a esta excelente bodega de Jerez.

12.- Viña Real Reserva Especial 1962 y Corona Blanco Semidulce 1939 CVNE

En este caso no se trató de una botella sino de copas degustadas en una sesión inolvidable: la cata degustación vertical de Viña Real Gran Reserva celebrada hace un año en Barcelona, en Monvinic y dirigida magistralmente por Luis Gutiérrez, poco antes de ser elegido representante de Parker en España, y Víctor Urrutia, quinta generación de la familia fundadora de la bodega CVNE (Compañía Vinícola del Norte de España).

Probamos una selección de añadas a lo largo de todas las décadas, desde el año 2005 al 1949, siendo la botella correspondiente a 1962 el vino que más me impresionó, no tenía nada que envidiar de los Grands Crus de Borgoña ni del resto de las grandes botellas del mundo. Elegancia, sutilidad, equilibrio y multitud de matices. La degustación finalizó con un vino único por su historia y características, el Corona Blanco Semidulce Cosecha 1939. ¡Enorme! ¡Acojonante! 31 años de barrica y más de 40 en botella. La emoción se desbordó entre los asistentes. Como expresó Luis Gutiérrez, a través de estos Rioja habíamos bebido un trocito de la historia de España.

En el pasado otoño tuvimos la oportunidad de visitar esta histórica bodega riojana, pudiendo admirar uno de sus tesoros, el cementerio de antiguas botellas, erróneo nombre para unos vinos tan vivos como pude comprobar en la cata mencionada.

Hasta aquí mi lista del 2013, aunque podrían ser varios más. El orden es meramente cronológico (a excepción del doceavo que se trata de unas copas degustadas en una sensacional cata).

Hasta pronto.

Vicente




Ambas fotos fueron realizadas por compañeros de la cata vertical

jueves, 26 de diciembre de 2013

SYDRE Y POIRÉ, SIDRAS DE MANZANAS Y DE PERAS DE ÉRIC BORDELET



Éric Bordelet, pomologue y poirologue, de anterior profesión sommelier, elabora sidras artesanales a partir de más de treinta tipos de manzanas y una veintena de peras distintas, rescatando antiguas variedades. Algunos de los árboles alcanzan los 300 años de antigüedad. Sus suelos son graníticos y pizarrosos. En sus cultivos realiza prácticas biodinámicas.

Fue en 1992 cuando retomó el negocio familiar situado en Charchigné, en el departamento de Mayenne, en Pays de la Loire, al oeste de Francia. Bajo clima normando y subsuelo bretón, indica Éric Bordelet en su página web. Amigos como Didier Dagueneau le apoyaron en su proyecto. La superficie del domaine consta actualmente de 19 hectáreas de producción.

El fruto es recogido a mano de septiembre a diciembre dependiendo de su madurez. La fruta se deja deshidratar durante varias semanas en un lugar aireado para aumentar su concentración y sabor. El proceso continúa con el ensamblaje de las distintas variedades, triturado, prensado suave, varios trasiegos y lenta fermentación natural. Emplea el método ancestral y levaduras autóctonas. No realiza adición de azúcar ni de carbónico. La crianza se prolonga varios meses en botella. Trata la sidra como de un vino se tratase. La graduación de alcohol alcanza entre 3 y 6%. Las cantidades de azúcar residual son variables. No se sirven escanciadas como es el caso de la sidra natural asturiana.

Utiliza la antigua ortografía francesa para sus botellas: sydre o sidre en lugar de cidre.

Sidre Brut, muy fresca, parece que muerdas el fruto silvestre. Para acompañar quesos por ejemplo y, por supuesto, las galettes saladas de Bretaña y Normandía. Utiliza una treintena de variedades de manzanos de 40 a 100 años. De tonos dorados, abundante burbuja que deja forma a una corona de persistencia media. Aromática, huele a manzana madura, manzana silvestre, es fresca, viva.

Sidre Tendre, ligeramente dulce en comparación con el brut, pero no excesivamente. Mismo proceso que la anterior dejando una pequeña cantidad de azúcar residual. Imaginárosla con una tarta de manzana, una tarta tatin.

Sydre Argelette 2012, la cuvée especial de Bordelet. Buena acidez. Aquí me atreví a acompañarla con un guiso de pollo con manzanas y champiñones, un éxito. También refrescaría una raclette, comprobado. 6% de graduación. Numerosas variedades de manzana utilizadas, (40% dulces, 40% amargas y 20% ácidas): fréquin rouge, locard vert, damelot, sang de boeuf, tête de brebis, kermerien, bourdas, doux moen, peau de vache, etc… Después de triturarlas se dejan macerar en sus pieles para obtener mayor extracción de sabor. Los manzanos, en este caso, son los más antiguos de la propiedad. No se tratan de manzanas de mesa. Presenta dulzor, amargor y acidez equilibrados en boca. Huele a manzana horneada, también en compota. Riquísima, fresca, equilibrada, sin excesos de carbónico.

Poiré Granit 2012: ensamblaje de una veintena de variedades de pequeñas peras. 4% de graduación alcohólica, finas burbujas, con aromas a peras completamente, recuerdos a jugo fermentado, muy afrutada. Nada empalagoso. Retrogusto amargo de hueso o piel de pera. El tanino y la acidez equilibran el dulzor. Muy agradable. Mucho. Granit describe la piedra entre las que alarga sus raíces el peral, algunos de los árboles alcanzan los 300 años de edad. Marida con ciertos pasteles, pero también con otros platos como calabazas asadas, quesos o para disfrutar en cualquier momento.

También elabora una botella denominada Poiré Authentique, algo más dulce, que aún no he probado, una sidra llamada Nouvelle Vague, en formato de cinco litros, y un calvados, digestivo obtenido por destilación.

Como indica en sus etiquetas, sidras elaboradas por un gars de métier, un tipo de oficio. Aunque mis burbujas preferidas siempre serán las que provienen de la uva, pienso que vale la pena probar alguna vez las cuvées de este sidrólogo.

Vicente


Compré las sidras de Éric Bordelet en Cuvée 3000 en Barcelona.

Para profundizar en el mundo de la sidra recomiendo la siguiente dirección: Cider Guerrilla blog de sidra

domingo, 22 de diciembre de 2013

MEURSAULT PERRIÈRES - VINCENT DANCER



El nombre de Perrières es bastante común en la región de Borgoña como muestran los Premiers Crus Nuits-Saint-Georges Les Perrières, Beaune Les Perrières o Saint-Aubin Les Perrières, entre otros, siendo el de mayor prestigio el correspondiente Perrières de Meursault, una joya situada al suroeste del pueblo y calificada 1er Cru pero considerada por muchos expertos a la altura de un Grand Cru. Su nombre está relacionado con su suelo pedregoso y las antiguas canteras de la zona.

Más de 20 viticultores trabajan en Perrières, entre los que destacan Jean-Marc Roulot,  Coche-Dury y el Domaine des Comtes Lafon, entre otros.

Existe un Perrières-Dessous y un Dessus (debajo y encima) diferenciados por el desnivel. Muchos consideran que la parte más baja, donde el suelo de caliza degradada es más profundo, produce los mejores vinos. También existen Aux Perrières y Clos des Perrières.

En 1855 el doctor J. Lavalle clasificó por vez primera los distintos pagos de la Côte d´Or considerando Les Perrières (Dessus y Dessous) como Tête de Cuvée, la máxima categoría. En su opinión, después del auténtico Montrachet, no conocía ningún vino blanco más exquisito que Les Perrières.

Meursault se encuentra en la Côte de Beaune, entre Volnay, al norte, y Puligny-Montrachet al sur. En la plaza central del pueblo destaca la iglesia de Saint-Nicolas y el bello Hôtel de Ville (ayuntamiento) con el techo de tejas vidriadas. La comuna no posee ningún Grand Cru, pero sí varios Premier Cru entre los que destacan Genevrières, Charmes y Perrières. Aquí reina la chardonnay, aunque en la comuna de Meursault se produce también una pequeña cantidad de tinto.

Meursault Perrières 1er Cru 2008 Vincent Dancer

Vincent Dancer, instalado en Chassagne-Montrachet, retomó en 1996 el viñedo familiar. Trabaja aproximadamente un total de cinco hectáreas repartidas en parcelas de Puligny-Montrachet, Meursault, Pommard y Beaune, además de Chassagne-Montrachet. Elabora también algunos vinos tintos. Emplea prácticas biodinámicas en su viñedo.

Es un apasionado por la fotografía, como demuestra en su blog donde exhibe bellas imágenes relacionadas con la viña:

Su Meursault Perrières 1er Cru 2008 se trata de un vino no filtrado que proviene de su propiedad situada en Perrières-Dessous de únicamente 0,29 hectáreas y viñas de 46 y 29 años. Tiene un periodo de crianza de 16 meses y fue embotellado en enero de 2010. Producción de 1800 botellas.

Color dorado con reflejos plateados. Rápidamente notamos su perfume: principalmente cítricos (limón), mantequilla, miel, cera, silex, complejidad. En boca acompaña su acidez perfectamente delineada e integrada, es elegante y fresco. También graso, con suavidad en su textura. Profundidad. Destaca sobre todo su fina expresión mineral, tensión, pedernal, gran pureza. Aúna presencia y sutilidad, untuosidad y frescura.

Disfrutado recientemente junto a un sustancioso arroz meloso en uno de nuestros restaurantes preferidos: Ca' Pepico (Meliana-Valencia). Situado en medio de la huerta valenciana, compagina calidad y cercanía en el producto, una extraordinaria y amplia selección de vinos y excelente servicio.

Nos quedamos con el recuerdo del momento, entre amigos y acompañados con este gran chardonnay. Muy bueno. Nos gustan los vinos de mi tocayo Vincent Dancer.

Vicente

domingo, 15 de diciembre de 2013

VEGA - SICILIA "ÚNICO" COSECHA 1973



No siempre se da la oportunidad de probar botellas de 40 años, y menos si se trata de uno de los grandes vinos a nivel mundial. Sí, tengo la suerte de contar con  excelentes amigos que piensan en uno a la hora de compartir un Vega Sicilia Único 1973.

Superados los primeros minutos de nervios al abrir la botella con sumo cuidado y ver el corcho mojado casi en su totalidad, apreciamos en nariz un vino que presumimos capaz de dar mucha felicidad aún. Lo decantamos con cariño para dejarlo respirar y esperar pacientemente.

De color rojo cereza de capa media baja y ribete atejado. Los primeros recuerdos en nariz asemejan un gran Barolo, curioso. Complejo y profundo, destacan las notas terciarias, notas finas y elegantes de maderas añejas y nobles, de tienda de muebles de época, también brea, la humedad de la tierra mojada, cueros de calidad, notas balsámicas... Se repiten las mismas sensaciones en retronasal. Buena acidez, con taninos presentes, integrados, un vino con vida por delante, pero no en esta botella, aunque mimamos y saboreamos cada sorbo la terminamos pronto. Era irresistible.

Un vino de renombre internacional cuya etiqueta de hace 40 años indica “Vino Fino de Mesa”, elaborado con uvas cabernet sauvignon, malbec, merlot, tinto fino y uva blanca albillo. 90.000 botellas en su añada 73. Tanto “Único” (proveniente de las viñas más viejas de la propiedad y con un mínimo de siete años de crianza en madera y más de tres en botella), como “Valbuena”, de viñas algo más jóvenes, comenzaron a elaborarse por vez primera en 1915. Siendo “Reserva Especial Único” la otra etiqueta de la casa, un vino sin añada mezcla de las mejores cosechas. Todas las botellas son numeradas.

La bodega Vega Sicilia, fundada en 1864 en Valbuena de Duero (Valladolid), ha pertenecido a distintos propietarios a lo largo de los años. En 1982 fue adquirida por el empresario Daniel Álvarez. La finca consta de 250 hectáreas de viñedos, predominando el tinto fino, los suelos son arcilloso-calcáreos principalmente y el clima continental con influencia atlántica.

En 1992 adquirieron unas nuevas bodegas en Peñafiel (Valladolid) naciendo así el tinto Alión (también en la D.O. Ribera del Duero, denominación creada en 1982), en 1993 fundaron en Hungría las bodegas Tokaj-Oremus y en 2001 aparece la primera añada de su vino de la denominación de origen Toro, Pintia. El último proyecto, junto a Benjamin de Rotchschild, accionista de Château Lafite, ha sido lanzar al mercado sus primeros vinos bajo la D.O.C. Rioja, con el nombre Macán, siendo 2009 la primera añada.

Al parecer, según he leído recientemente en la prensa, existen actualmente fuertes discrepancias en la familia Álvarez respecto a la dirección de la empresa. Tema que no parece impedir el desarrollo de la bodega y sus proyectos.

Forman parte de Primum Familiae Vini, organización formada por bodegas familiares de gran prestigio internacional, como Hugel, Joseph Drouhin o Tenuta San Guido, entre otras bodegas.

Sin duda una suerte probar este 1973 de la etiqueta estrella de la bodega, Vega Sicilia Único, un vino mítico, único.

Vicente

Fotografía:
Juan Luis Vanrell