Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

sábado, 12 de marzo de 2016

En Lisboa: Leopold, À Margem, Santa Clara dos Cogumelos... (2ª Parte)



No es difícil comer bien en Lisboa. De hecho, justo al lado de nuestro hotel de la Praça do Rossio (o Dom Pedro IV), en el barrio La Baixa, comimos muy a gusto en un par de ocasiones en una sencilla casa de comidas, localizada en una esquina frente a la bonita fachada de estilo neomanuelino de la estación de Rossio. Nos poníamos las botas: petiscos (aperitivos), recetas de bacalhau, sardinhas asadas, bifanas (carne de cerdo marinada)...

De todas formas, mi afición no se limita a la comida, el vino me importa y no me vale cualquiera, valoro la pequeña producción, artesanal, y la honestidad en su elaboración, de ahí mi búsqueda de restaurantes o bares donde dispongan de estos vinos, vinos, no infusiones de madera ni compota de frutas.   

Si además nos encontramos con un pequeño restaurante, íntimo, de carácter familiar, con personalidad, donde cuidan el detalle, con una cocina atrevida, que ofrezca algo distinto y en el que se esté muy a gusto y perfectamente atendidos, ese lugar hay que visitarlo. Estoy hablando del restaurante Leopold, uno de los que más disfrutamos.

Lisboa se ha modernizado con gusto y lo notamos en todos los restaurantes que hemos visitado.



Localizado en el barrio de Mouraria, rua de São Cristovão 27. Thiago Feio, preparando los platos de degustación, y su esposa Ana Cachaço, atendiendo, informando y sirviendo, llevan dos años en este pequeño, muy pequeño restaurante que anteriormente fuera una antigua panadería.

Sólo cuatro mesas, cuatro, amplias y cómodas. Dos comensales en nuestro caso, como durante todo el viaje. Creo que tuvimos suerte de poder disponer de una mesa reservando sólo unas pocas horas antes.

Para el nombre del restaurante se inspiraron en el museo de arte moderno de Viena donde se expone, aparte de otras obras, la mayor colección de Egon Schiele. La decoración es minimalista, la enorme ventana a la calle nos muestra el contraste con un barrio todavía algo deprimido aunque también con un encanto peculiar. Vajilla de cerámica local de calidad, menú degustación de seis platos y una corta pero adecuada selección de vinos. De fondo, música de Tom Waits.


Se trata de una cocina de autor, con algunas elaboraciones realizadas a baja temperatura, con delicadas notas orientales en algunos de sus platos (gotas de miso, alga kombu, hierbas japonesas, shitake) y producto autóctono (mantequilla de leche de oveja de Avenzao, pan de trigo de Alentejo, ternera de Azores, plátanos de Madeira, quesos de Azores...), siempre en combinaciones exitosas y sorprendentes. Para terminar, unos higos confitados y hojas de menta presentados en una bonita y antigua caja de tabaco. Nos informan que los higos son de una zona de Portugal muy cercana a Badajoz.


No se me olvida nombrar los vinos que saboreamos, dos botellas elegí, valía la pena. Humus 2014 para empezar, un blanco de la variedad local fernao pires elaborado por el viñeron Rodrigo Filipe, quien trabaja de forma natural, sin adicionar sulfuroso. La bodega, Encosta da Quinta, se localiza al norte de Lisboa. Percibimos notas cítricas, salinas, algún recuerdo a pipas de girasol, magnífica acidez e ideal para esta cocina. Sólo 11% de graduación alcohólica.


Y seguidamente otro vinazo, clasificado en su fecha como Vinho Regional Beiras (Bairrada), Poço do Lobo 1995, Caves Sao Joao, variedad 100% arinto, una de las más antiguas de Portugal. Complejo, con notas de miel, fruta seca y  una acidez que le ha permitido envejecer y seguir mostrando frescura. Una vez más una elección estupenda para disfrutar con la cocina de este restaurante.

Tenemos ganas de volver, pero creo que será ya en el nuevo establecimiento al que se trasladaran muy pronto. Cerca, en Castelo.


BELÉM

Desde la estación de Cais do Sodré sale la línea de tren que lleva a Cascais. Desde la estación de Rossio podemos coger el tren a Sintra y admirar, entre otros, el famoso y bello Palácio do Pena, si lo permiten las frecuentes neblinas, imagino que su nombre tiene relación. Por cierto, en este palacio se rodó la película española "El perro del hortelano". Para visitar otro lugar imprescindible, a unos treinta minutos de transporte, subiremos al tranvía nº 15 cuyo recorrido comienza en la Praça da Figueira. Nos llevará a Belém. También se puede acudir en bus, en tren o en barco.

En Belém podemos comenzar visitando la famosísima Antiga Confeitaria de Belém, creo que ya he comentado que elaboran los mejores pastéis do Belém que he probado, recién horneados, crujientes, espolvoreados con canela a gusto.

Al lado tenemos el Mosterio dos Jerónimos, de estilo manuelino. Muy cerca, el Museu Colecção Berardo, de arte moderno y contemporáneo. Y acercándonos al río Tajo, un fenomenal paseo bordeándolo con vistas al Ponte 25 de Abril, al Cristo Rei (estatua situada en el margen de enfrente), al monumento de los descubrimientos (Padrão dos Descubrimentos), monumento monolítico de 52 metros de altura construido en 1960, y a la Torre de Belém, de 1515. De todo ello podemos disfrutar acompañados de buen vino en la magnífica terraza (esplanada) del siguiente restaurante:



Espléndida terraza situada a mitad del paseo mencionado, dentro de un entorno extraordinario. El día que acudí no destacó especialmente la comida, sí la selección de vinos. Aquí se celebra una importante feria de vinos a primeros de julio, Vinho ao Vivo, donde participan productores de varios países europeos.

Siempre prefiero solicitar una botella antes que unos vinos por copas, pero ante la variada selección por copas ofertada opté por degustar varios vinos.

Espumante Ataíde Semedo Cuvée Bruto 2013. DOP Bairrada. De burbuja fina, seco, no está nada mal. Sus uvas: bical, cerceal, chardonnay y pinot noir. Método tradicional.

Vale da Capucha Gouveio 2013 Vinho Regional Lisboa, elaborado por Pedro Marques. Suelo arcillo calcáreo de origen oceánico. Bien esta godello.

Vinha do Outeiro 2012 Coleçao Uvelhas Negras Quinta da Pellada & Os Goliardos. Dão. En colaboración con Álvaro Castro. Un vino fresco, atlántico, con recuerdos a tinto gallego, especias, bosque... Afrocheiro 70%, touriga nacional 30%.

Centurião 2007 Uvelhas Negras Quinta do Mouro & Os Goliardos, vinho regional alentejano. Vino de carácter maduro, fruta madura, y ciertos recuerdos al Priorat, o al Douro. Mezcla de alicante bouschet, aragonez, cabernet sauvignon y petit syrah. La aragonez es la tempranillo, llamada tinta roriz en el norte de Portugal.




TRANVÍAS

Al igual que los elevadores, además de medio de transporte, los tranvías se han convertido en atracción turística.

Creo que ya he nombrado el tranvía nº 28, el más famoso de la ciudad. Recorre Alfama hasta la Praça do Comercio, para seguidamente atravesar Chiado y llegar al barrio de Estrela. El tramo que recorre por Alfama y Castelo es el más buscado.

Existe otro tranvía muy curioso, el nº 12. Un tranvía que realiza un recorrido circular, su parada inicial/final es en Praça da Figueira. Aconsejo subirse a él para acercarse al Castelo de São Jorge, construcción árabe de mediados del siglo XI. También pasa junto a espectaculares miradores como el de Santa Luzia y Largo das Portas do Sol. Uno de los puntos más interesantes de su recorrido es la Sé (catedral de estilo gótico). Justo al lado, hay una dirección donde tenía ganas de acudir, Cruzes Credo, local de buena pinta, buen ambiente, pero donde no nos quedamos a cenar, la causa es que permiten fumar dentro de su sala. Lo veo incompatible con la comida y con el vino.



Restaurante situado encima del Mercado de Santa Clara, en una zona muy agradable de Alfama, delante de la cúpula del Panteón Nacional. Alrededor se monta, martes y sábados, el mercadillo de pulgas Feira da Ladra, tipo rastro.

Una buena forma de llegar hasta aquí es aprovechar el tranvía 28 y bajar en la parada justo antes de la monumental iglesia de estilo renacentista São Vicente de Fora, dedicada a San Vicente Martir, patrón de la ciudad.

El restaurante abrió hace dos años y medio. Su carta se centra en las setas, de ahí su nombre. En sus paredes exponen pinturas con la posibilidad de comprarlas, actualmente una serie de Anabela Moreira titulada "Retratos de interior".

Cenamos muy bien aquí, a destacar las croquetas, de portobello. También el llamado huevo perfecto, a baja temperatura, con trufa, crema de queso y almendras ahumadas, y el risotto de hongos porcini, trompetas da morte, corteza de naranja, romero y nueces. Delicioso todo. De postre, crême brulée con boletus edulis y trufa, de tremendo sabor.

Para beber:

Gilda 2013, Bairrada, de Tiago Teles. Merlot, tinta barroca y tinta Cao. Suelo arcillo calcáreo y fuerte influencia atlántica. Fresco y vertical.

Fraga Alta Reserva 2006, Douro, vinicultora Lucinda Todo Bom. Llamándose así, cómo no lo iba a pedir. Fruta madura, notas de chocolate, necesita respirar un tiempo, con más volumen que el anterior, más ancho. Son distintos, claro, éste es del Douro y en un estilo algo más clásico. Touriga nacional, touriga franca y sousão, son las variedades de este vino.

Muy bien atendidos, al igual que en todos los sitios donde acudimos, Santa Clara dos Cogumelos es un restaurante para repetir.

En una bonita noche y desde este bonito lugar recomiendo regresar paseando hasta el centro.




MIRADORES

No lejos del restaurante dos Cogumelos, en un corto paseo, se puede visitar dos extraordinarios miradores: el de Graça, junto a la iglesia del mismo nombre, dispone incluso de un quiosco donde tomar algo, como en muchas plazas lisboetas, y el miradouro da Senhora do Monte, el más alto de la ciudad, con vistas al castillo y al Ponte 25 de Abril. Lugares ambos muy románticos.

Otros famosos son: Miradouro de São Pedro de Alcántara, en Bairro Alto, con hermosas vistas a Graça y al Castillo de Sao Jorge, podemos acceder a él subiendo en el funicular da Glória; Miradouro de Santa Catarina, ya sabéis, al lado del Noobai Café, con fabulosas vistas; el de Santa Luzia y, a un paso, el de Largo das Portas do Sol, también de bellísimas vistas.


Hasta aquí nuestra visita a Lisboa, ya tenemos apuntadas nuevas direcciones para un próximo viaje: LX Factory, en Alcântara, centro de creatividad que ocupa una antigua fábrica textil, y el restaurante Os Gazeteiros, en Castelo. Este último recomendado por Sílvia Mourão, fundadora de Os Goliardos, distribuidores e importadores, quienes realizan un enorme trabajo de acercamiento en Portugal de diferentes vinos europeos de pequeña producción, reflejo de su terroir.

La selección de restaurantes visitados fue fácil de confeccionar, solo tuve que leer el listado que Os Goliardos recomiendan en su web, confirmar su buen gusto, elegir los vinos que más me apetecían y disfrutar. Lástima que el bar de vinos que regentaban lo cerraran hace año y medio, ahora se centran en la distribución y en proyectos de colaboración con elaboradores locales.

Volveremos a Lisboa, o a Portugal, lo antes posible. 

Vicente

viernes, 11 de marzo de 2016

En Lisboa: Fábulas, Noobai Café, Fumeiro de Santa Catarina, Café Tati... (1ª Parte)



Hace ya casi veinte años que visité por vez primera esta ciudad. Por aquel entonces mostraba cierto aspecto decadente que resultaba tremendamente atractivo. Hoy en día, ha perdido algo esa sensación de decadencia, aparece más cuidada y moderna. Sin embargo, continúa siendo una ciudad encantadora, una de nuestras preferidas, romántica, cautivadora, de ambiente tranquilo, calmado, con buen clima y una hermosa y limpia luz mediterránea, sí, mediterránea. Las vistas hacia el Tajo o de la ciudad son preciosas, imágenes de postal.

De aquellos años, dos barrios guardo en la mente, Alfama y Bairro Alto. Recuerdo cenando en un restaurante de estilo familiar, elegido al azar, sorprendernos con las voces de las camareras turnándose exhibiendo sus dotes para el fado, una música triste e intensa, emocionante.

En esta ocasión, comentaremos los restaurantes que hemos visitado en nuestra última visita, por supuesto lugares donde cuidan la selección de vinos. También hablaremos sobre las cafeterías más emblemáticas, mercados, los famosos tranvías y funiculares y los miradores de la ciudad con mejores vistas.

Éste fue nuestro recorrido:


Localizado en Chiado, uno de los barrios de mayor tradición. Bonito restaurante con paredes de piedra, arcos, varias salas y decoración con muebles antiguos, incluso se exhiben máquinas de coser anteriores a los 50. Tienen amplios horarios, nosotros acudimos a cenar, aparte de tomar algún té otro de los días. La cocina es abierta.

Cenamos bien, caldo verde, polvo (pulpo) à lagareiro, lombo de bacalhau, y el vino elegido, Casa de Mouraz Branco 2013, DOC Dão, de variedades malvasia fina, cerceal, encruzado y bical. Seco,  sin excesiva acidez, aromas balsámicos y cítricos.

  
Al restaurante podemos acceder por la calle Garrett, cruzando el enorme patio de manzana donde también tienen terraza, o bien directamente por Calçada Nova de São Francisco 14. Siguiendo la calle Garrett, llegaríamos a la antigua cafetería A Brasileira, y unos pasos más adelante nos encontraríamos con la elegante Praça Luis Camões.

No lejos está el Convento do Carmo, en Bairro Alto, fundado a finales del siglo XIV y convertido en ruinas tras el terrible terremoto de 1755. Bordeando el edificio por un lateral podemos acceder a la parte alta del elevador de Santa Justa sin necesidad de ascender en ascensor el corto trayecto, las vistas gratuitas de la ciudad son memorables.

CAFETERÍAS

Varias cafeterías, bellas y con historia, destacan: Café A Brasileira (1905), de estilo Art Nouveau, y su turística estatua del poeta Fernando Pessoa en la terraza; Confeitaria Nacional (1829), en la Praça da Figueira, donde lo suyo es probar una porción de Bolo Rei, parecido a nuestro roscón de reyes pero con la masa más densa y relleno de nueces, almendras, piñones, pasas y fruta confitada, un desayuno consistente; Pastelaria Suiça (1922), o Casa Suiça, en la céntrica Praça de Rossio; también Versailles (1922), en Avenida da República 15A, una cafetería algo alejada del centro, en el barrio de Saldanha, más allá del Parque Eduardo VII y sus invernaderos (Estufas) y a unos pasos del Museo Calouste Gulbenkian y su impresionante colección de arte. ¿Que si vale la pena acercarnos hasta esta zona? Al museo por supuesto, podemos llegar en metro, y en cuanto a la cafetería, sólo decir que realizan el mejor chocolate caliente que probé durante mi estancia y en muchos, muchos años.

Otra cafetería importante, muy importante, es la Antiga Confeitaria de Belém (1837), ciertamente sus pastéis de Belém (pastelitos rellenos de crema) son deliciosos, crujientes y calientes, vale la pena acercarse. El tranvía 15 te llevará desde Praça da Figueira a Belém, vía Alcântara.

Noobai Cafe


Situado junto al Miradouro do Adamastor (Santa Catarina). Aquí comimos disfrutando desde la terraza del local de una fabulosa panorámica del Tajo y el Ponte 25 de Abril. Una vista única. El puente fue construido en 1966 por la misma empresa que el célebre Golden Gate de San Francisco. Son casi iguales.

De comer, disponen de tapas, tostadas, ensaladas y platos sencillos, muy sabrosos. Para beber, no tuve duda en elegir una botella de Quinta do Infantado 2008. Un vino fresco, joven, muy afrutado, con acidez, un vino del Douro pero muy atlántico. Touriga nacional, touriga franca y tinta roriz (tempranillo) son sus variedades, las tres más clásicas del Douro.


¡Qué más se puede pedir en un día soleado! Sol de invierno, pero sol, y un entorno espectacular.

No lejos tenemos el funicular da Bica.

ELEVADORES Y FUNICULARES

Sólo hay cuatro: el elevador de Santa Justa (1902), de 45 metros de altura, une Baixa y Bairro Alto; el Funicular da Glória (1885), realiza el recorrido desde Praça dos Restauradores hasta el Miradouro de São Pedro de Alcântara, donde podemos contemplar hermosas vistas del barrio de Graça y el castillo; el de Bica (1892), el más empinado, con vistas del río Tajo, sube desde rua de São Paulo hasta Largo Calhariz, o viceversa, y finalmente, el más antiguo de Lisboa, el funicular de Lavra (1884), que realiza un trayecto curvo.



En Travessa do Alcaide 4C. Inaugurado hace menos de 2 años. Sencillo y pequeño, veinte y pocas plazas como mucho. Cocinan todo ahumado, carnes, pescados y verduras, tipo tapas. Apetece probar todos sus platos. En nuestro caso: legumes grelhados con búfala, qué bueno; salmón, buenísimo, y con el vino pedido más aún; frango fumado (pollo ahumado) en barrica de whisky, muy bien también, y pato, éste último tal vez lo más flojo, el pato es pato. Por cierto, no descartéis el pan con la mantequilla y las aceitunas, vale la pena.

De beber, una copa de Lagar de Darei Branco 2014, de Dão, suave y fresco, para abrir los jugos, y una botella de Mux Branco 2010 de Muxagat Vinhos, del Douro, potente pero equilibrado, le va de maravilla a este tipo de comida ahumada, con el salmón se sale.

James Brown como música de fondo, también Wilson Pickett, Diana Ross & The Supremes y el sonido de Detroit, de la Mowtown, ¡una cena estupenda!





En rua da Ribeira Nova 36, junto al mercado da Ribeira, cerca de la estación de Cais do Sodré. En nuestro caso, llegamos en unos pocos minutos paseando por el litoral desde Praça do Comercio. Tampoco está lejos del funicular da Bica, la parada de abajo.

Al ver la selección de vinos de este café no tuve duda en pedir una botella de Colares, Adegas Viúva Gomes, un blanco de 1969. Colares es la región vinícola más occidental de Europa continental, situada en la costa de Sintra, entre la Sierra y el océano, al oeste y norte de la ciudad de Lisboa. Su variedad, malvasia de colares, proviene de cepas plantadas en suelos arenosos sin necesidad de portainjerto, en pie franco. El vino, de color ámbar y carácter oxidativo, me recuerda en cierta manera a los extraordinarios blancos riojanos de López de Heredia, notas aromáticas y especiadas, frutos secos, miel... También percibimos la influencia marítima en sus notas. Botella de 650 ml y solo 11% de graduación.




Antes habíamos probado una agradable copa de Auratus 2014 de Quinta do Feital, alvarinho y trajadura (treixadura) de la zona de Minho. La comida, rústica pero sabrosa, caldereta de peixe y borrego con verduras gratinadas. Con la carne probamos una copa del tinto de Quinta da Serradinha 2010, nada pesado, combinó muy bien. El vino es elaborado por António Marques da Cruz en la zona de Leiria, región vinícola de Lisboa, cerca del mar, en un clima fresco. Sus variedades: baga, castelao, touriga nacional y alfrocheiro. Nos gustó este tinto.

Café Tati tiene una dinámica programación musical, principalmente jam sesion.

MERCADOS

De entre los mercados de Lisboa existen dos que presentan una zona gourmet donde degustar platos elaborados de los diversos puestos de restauración. El Mercado da Ribeira, un antiguo mercado de alimentos de finales del XIX, fue renovado hace poco, recordando el estilo del famoso Mercado de San Miguel de Madrid. Tiene bastante éxito entre lugareños y turistas. Aquí están representados varios restaurantes de la ciudad, algunos con estrella Michelin, podemos consumir cualquiera de sus platos en las largas mesas corridas dispuestas en el espacio central. Siendo uno de los locales la Vinoteca Garrafeira Nacional, es una lástima que en este caso no se puedan consumir sus vinos en el propio mercado, al menos si no es comprándolos en otro de los puestos a precio de restauración (x2).


Otro mercado equivalente, que posiblemente nos gustó más, más acogedor, es el Mercado de Campo de Ourique, fundado en 1934, en el barrio de Estrela. La parada de conservas típicas de Portugal y la de la Marisqueria Malha fueron las que más nos entraron por los ojos. No lejos de aquí, no desaprovechar una visita a la Basílica da Estrela, de estilo neoclásico. Una buena forma de llegar hasta este barrio es a través del más famoso tranvía, el número 28. Si queremos realizar su recorrido completo, el punto de partida sería desde la Praça de Martim Moniz.

Lisboa tiene mucho para ver, mucho donde pasear, variedad para comer, beber, disfrutar... Seguiremos en una segunda parte.

Vicente






lunes, 29 de febrero de 2016

Le Temps des Vendanges, Bàcaro... Sitios que no te puedes perder en Toulouse (2ª parte)



Continuamos en Toulouse disfrutando de la ciudad y de nuestra afición, en esta ocasión comentamos la comida y cena en dos lugares que aconsejo no perderse:



Tienda y bistrot localizado en el nº 9 de la Place Estrapade, en el barrio de Saint Cyprien, cruzando el río Garona, muy cerca del centro de exposiciones y museo Les Abattoirs. Es la primera opción que tenía anotada en mi lista de visitas. Amandine y Eric Cuestas dirigen este local de carácter familiar desde 2002. Eric nos guardaba la mesa situada bajo los magnums de la tienda.


En la pizarra figuran 3 primeros platos a elegir y 3 segundos, aparte de la tabla de quesos o charcutería y de los postres. Pienso que se acierta eligiendo cualquier plato, los que nosotros degustamos eran apetitosos, sustanciosos (pressé d'oreilles de goret y salade de radis noir, sauté d'agneau aux épices, boulgour et légumes...). Un plato de quesos es imprescindible para nosotros, trabajan con el afinador de Lyon, Maison Janier. Delicioso el queso de un pequeño pueblo del Vallée d'Ossau.

En cuanto a mi objetivo principal, y recordando el primer vino degustado a nuestra llegada a Toulouse, en Le Tire Bouchon, elijo de entre las numerosas botellas de los estantes Les Hauts de Bonaguil Canta Maniac 2013. Un rosé algo espumoso, naturalmente sin sulfitos añadidos. Realizado con la estimable ayuda de Alain Castex, vigneron de Banyuls. Así indica la etiqueta y así confirma nuestro vecino comensal de la mesa de al lado, el elaborador de la cuvée, el propio Stéphane Deligny, ¡casualidades de la vida! El amable Stéphane nos informa que se trata de sauvignon y gamay y de nuevo sauvignon y gamay, todo prensado y con remontados. También piensa que el 2014 es mejor. Nosotros notamos frutos rojos, carácter mineral y especiados en un vino para beber a cualquier hora del día. Canta Maniac recuerda el nombre de la cuvée Canta Mañana de Castex.


Tenía dudas sobre qué vino tomar a continuación. Eric Cuestas me ofreció una botella que parecía sacada de mi pensamiento y gusto: Terroiristes L.14 de Robert y Bernard Plageoles (Gaillac). Se trata de un ensamblaje de nebelescol, piquepoul gris, marocain gris, morrastel, mourtes, jurançon noir, prunelart blanc, prunelart noir, verdanel, duras y mauzac vert, todas ellas variedades locales fermentadas en conjunto. Con menos de 5 mg/l de SO2 libre y 25 total. La etiqueta, casi de culto, en el wine bar Terroirs de Londres cuelga enmarcada, está realizada por Louise Sheeran.

El vino, carafé (servido en decantador), se muestra desde el primer momento floral, con aromas que recuerdan las fresas silvestres, parece un poulsard. Es turbio, ligero, pero profundo. ¡Qué bien entra!


Por último, degustamos una copa dulce de Mauzac Roux 2014, de la misma bodega, invitación de la casa, y tras un vistazo por las dos enormes estanterías laterales de la tienda elegí algunas botellas para llevarme, el magnum de L'Anglore aux Foulards Rouges, Roulpapille, una cabernet de Didier Chaffardon, y un ejemplar de Racines Blanc de Claude Courtois, ¡vaya regalos me hago!

Además de tienda física y bistrot (precio botella más sólo 6 €, creo recordar), Le Temps des Vendanges también es tienda de vinos on line, de hecho a fecha de hoy he recibido perfectamente mi último pedido, vinos de Philippe Valette, Yvon Métras, Valentin Valles y Daniel Sage.

Como tienda únicamente virtual existe otra dirección en Toulouse muy a tener en cuenta, Vin nouveau de Franck Bayard. No desaprovechamos la ocasión para contactar con él (mediante la información de Eric Cuestas) y aumentar el peso de nuestra maleta con el preciado líquido.



Restaurante en funcionamiento desde hacía 4 semanas a fecha de nuestra visita. Localizado en el nº 9 de la rue du Pont Guilhemery. Disponen de una enorme barra cuadrada en el centro del animado local y varias mesas alrededor. Para los vinos nos atiende Manuel, tienen una amplia carta pero me centré una vez más en los vinos de la zona, y lo más naturales posible. Tras comentar algunas de las referencias me decido por dos botellas, tenía sed, Lestignac Blanc 2013 y Maximus 2014 de Nicolas Camarans. El primero, tensión y frescura, es una mezcla de sauvignon, semillon, muscadelle y ugni blanc elaborado por Mathias et Camille Marque (Château Lestignac) en Bergerac. El segundo vino se trata de la variedad tinta fer servadou, conocida en Aveyron como braucol, redondo y fácil en boca, afrutado, huele a palo de rosa, también a raspón. Maximus está bien, pero el vino que más me sorprendió, muy gratamente, fue el blanco de Lestignac.



De comer, mientras degustamos el aperitivo de mantequilla con algas, optamos por una selección de 5 platos incluido postre dentro de un menú que denominan Transversal, también es posible elegir distintos platos de la carta a modo de tapas.

En resumen, buena cena, buena música, carta extensa de vinos, gran ambiente, encuentro con recientes amistades (Fabien, Eric...) y apuntes para nuevas visitas (restaurant Solides).

El último día durante nuestra estancia en la ciudad recorrimos tres de sus más importantes mercados, Marché de Saint-Aubin (al aire libre), Marché des Carmes y Marché Victor Hugo, en cuyo primer piso, donde se encuentran algunos restaurantes, nos despedimos con uno de los platos tradicionales de la región, el famoso cassoulet.

Hasta pronto Toulouse.

Vicente

domingo, 28 de febrero de 2016

Tiendas, bistrots y restaurantes de Toulouse: Le Tire Bouchon y Magnum. Para repetir una y otra vez (1ª parte)



Toulouse, atravesada por el río Garonne y el Canal del Midi, es una tranquila y conocida ciudad del suroeste francés a mitad de camino entre el Mediterráneo y el Atlántico. Una ciudad de tono rojizo debido al característico color de sus edificios más antiguos, de ladrillos vista.

Varios lugares destacan: Place du Capitole, Catedral de Sainte-Etienne, mercados, plazas, puentes... Y el tipo de local en el que yo disfruto sobre todo, pequeño, familiar, con oferta de producto artesano, de elaboración casera y un sinfín de vinos, vinos naturales: 


Bistrot y cave localizado en el número 23 de la Place Dupuy. En funcionamiento desde hace 23 años. Philippe Lagarde lleva esta pequeña pero importante tienda de vinos convertida en bistrot al mediodía. Su esposa Laurence elabora un delicioso menú que podemos acompañar con cualquier botella de entre las múltiples referencias del local.

De primeros elegimos la soupe de letucce, crème fraîche y semillas de girasol y la cocotte de canard y parmentier, muy buenos. De segundos, unos sabrosos raviolis caseros rellenos de verduras y el agneau blanc, con castañas, boletus... De postre, souflé Grand Marnier y Mascarpone de café. Poseen pocas mesas, unas tres en la planta y dos o tres más abajo, así que mejor reservar.

Para beber, en nuestro caso fueron 2 botellas. Mis preferencias eran vinos de la zona, lo más naturales posible, a partir de ahí me dejé llevar por los ofrecimientos de Lagarde, un acierto asegurado:


Una chardonnay, Les hauts de Bonaguil 2012, de Hélène Bassas y Stéphane Deligny. Al principio algo reducido, iba mejorando en el decantador, un blanco complejo, sin sulfitos añadidos, prometía mucho, seguro que al día siguiente estaba fantástico, pero no quedó. Se trata de una pequeña producción, tal vez unas 2000 botellas, y además ésta es la cuvée más simple, ¡caramba! Nos cuentan que Stéphane es arquitecto de profesión, diseñó y decoró precisamente el restaurante donde cenaríamos al día siguiente, Bàcaro. La casualidad hizo que además coincidiéramos con este elaborador comiendo en Le Temps des Vendanges. Ya os cuento.


Le Tour 2014, de l'Ostal, de Louis y Charlotte Pérot. Un tinto joven, 100 % malbec, llamada auxerrois en la región, en Cahors. El mismo vigneron diseña sus etiquetas, cambiándolas cada año, su anterior profesión era la de librero.

El vino, parece mosto de frambuesa por su bonito color, tiene algo de gas carbónico, también acidez y sabor a fruta, nos gustó mucho beberlo. Me sorprendió gratamente esta malbec.

Este sitio resultó el lugar ideal donde comenzar nuestro recorrido por la ciudad. Constatamos algunas direcciones, me recomendaron otras, me ayudaron a organizar un par de reservas en sitios imprescindibles, rollo vino, y charlamos con Philippe y Fabien, uno de sus clientes asiduos, de esta afición tan apasionante de la que siempre se aprende algo más. Muchos vinos, vignerons y bistrots nombramos durante la conversación: Jean-Marc Brignot, Overnoy, Courtois, Desplats, Beauger... sin faltar la historia de Eric Callcut y sus anhelados vinos. También mencionamos amigos o conocidos comunes, el mundo del vino no es tan grande.

Comimos y bebimos tan a gusto como en casa, Le Tire Bouchon siempre será el lugar de partida en todas nuestras próximas visitas a Toulouse.



Al mediodía en Le Tire Bouchon y por la noche en este bonito y pequeño local situado en el número 5 de la rue de Perchepinte, no lejos de la Place de Carmes. Buena música de fondo, barra lateral, algunas mesas altas con taburetes y una enorme estantería en la otra pared  lateral repleta de botellas, es gracioso ver entre ellas una foto del actor protagonista de la serie de televisión de los ochenta Magnum. Disponen de tapas y varios platos que van cambiando frecuentemente. Quisimos probar algunos de estos últimos:

Sashimi de boeuf Aubrac (raza bovina) à la japonaise. Macerada en sake, con láminas de ajo, jengibre, cebolleta y sésamo. Magnifique!

Oeufs mollets, espuma topinambour, foie gras, truffe et noix. El topinambour en combinación con las nueces asemeja también el sabor de la trufa. Un plato exitoso.

Céviche de rascasse (pescado), mangue, coco y piment végétarien (no picante). Muy refrescante, pensaba que este plato iría mejor al principio, pero no, éste era su momento.

De postre, tabla de 4 quesos de la famosa fromagerie Xavier, situada junto al mercado de Victor Hugo. Destacó la porción de Saint-Nectaire, queso de leche de vaca de la zona de Auvergne (Auvernia).

¿Qué os parece? Nosotros estamos deseando probar nuevos platos en la próxima visita.

Otra pareja que trabaja juntos, Jérôme Rey en las mesas sirviendo, y con grandes conocimientos de vino, y su mujer cocinando así de bien. Llevan 5 años en este local, llamado Le Vinea al principio, pero muchos más años en la profesión.

Para beber, difícil elección, viendo que no disponían de muchos vinos de la zona, se me abrió un amplio abanico: vinos de Philippe Jambon, de Meyer, Binner, Ganevat, Métras, Eric Pfifferling... No me pude resistir a elegir dos botellas en lugar de una.


Bourgogne Blanc 2012 de Jean-Marie Fourrier. Ganas tenía de probar esta chardonnay, sus pinot noir son una delicia. Servido en erlenmeyer de 2 litros de capacidad. Notas cítricas, acidez, potente y fino a la vez, va mejorando. Proviene de una sola barrica.

Savagnin 2011 (lacrado amarillo) de Houillon-Overnoy. Ouillé. Buenísimo  desde la primera copa, sin necesidad de utilizar decantador para que respire. Olfato de frutos secos, nueces, cítricos maduros... Retrogusto magnífico, puro placer. Es equilibrado. Además de un gustazo para estos platos. No es la primera vez que probamos los vinos de esta casa, mi mujer reconoce rápidamente estas botellas, bromea con que es fan de Pupillin. 


El precio de las botellas es el marcado en ellas, esto como tienda, servidas y consumidas en el local suma 8 euros. No acabaron aquí los detalles de esta velada, me llevé una botella de Xavier Caillard, su tinto, el blanco es casi imposible de encontrar. Acepto detallazos.

Definitivamente, Toulouse vale la pena. Continuamos...

Vicente

miércoles, 13 de enero de 2016

"MIS VINOS DE 2015" por Juan Luis Vanrell



La felicidad no se puede comprar, pero siempre podemos comprar vino, viajar o disfrutar de la familia y de los amigos para conseguirla. “Mis vinos de 2015” es la suma de un buen montón de momentos felices. Muchos de los vinos que aquí voy a nombrar son de un nivel importante, otros no tanto, pero todos ellos me hicieron muy feliz por su calidad, por disfrutarlos con quien los disfruté y en el lugar en el que lo hice.

El listado tiene un orden cronológico, sin orden de preferencia, ya que me resulta complicado establecerla. Estos son mis vinos, mis momentos, de 2.015:

1) SUBSTANCE. Avize. Jacques Selosse

El mejor champagne que he bebido nunca.

Diferente a cualquier otro. Equilibrio perfecto entre la acidez y la sutileza de sus notas aromáticas donde predominan los recuerdos a calabaza asada. Muy elegante. Lo bebí en la Taberna Laredo el viernes previo a la cata por parejas de la Vilaviniteca.

Vicente, Paco y Mario, gracias. Los cuatro sabemos que esa noche la recordaremos toda la vida. Y también sabemos que no será la última, pues nos quedan por delante muchísimas más.

2) LES PETITES COULEES 2013. Savennières. Clément Baraut.

Loira. Vino natural. Palabras casi inseparables.

En el Loira, de la mano de mi amigo Vicente, bebí excelentes vinos de chenin blanc, sin embargo este fue especial por complejidad y por matices. Mucho más que uno de los múltiples vinos de placer del Loira. El viñedo es uno de los grandes referentes del mundo vinícola.

Una joya de vino que repetí en versión magnum en otra noche mágica del mes de junio.


3) LA BOTA DE PALO CORTADO nº 17. Saca de enero 2009. Jerez de la Frontera. Equipo Navazos.

Jerez, Jerez y Jerez. Siempre Jerez.

Aroma enorme. Salino, yodado, maderas nobles delicadamente protegidas por mágicos barnices. Notas perfectamente ensambladas para lograr un vino complejo, elegante y sobre todo espectacular. Sólo hundir la nariz en la copa eriza el vello.

Este vino lo bebí en la “reboda” de Nuria y Mario, con todo el Nucleo Duro, y si mal no recuerdo lo trajo Juan Ferrer. ¡¡¡¡Vaya día!!!!


4) CLOS ROUGEARD 2007 Saumur Champigny Clos Rougeard.

Cabernet franc.

No hubo forma de encontrar este vino en el Loira. Agotado en todas las tiendas que preguntamos, y no fueron pocas. Después de beberlo lo comprendí. Festival de frutos rojos. Placer excelso de un vino, que a pesar de ello era realmente complejo.

Vino que trajo Vicente en una cata de junio con Mario, Esteban, Paco y Salva.

5) AUSLESE 1982. Wehlener-Sonnenuhr. Weinhaus Hans Beth.

Hay veces que los vinos te encuentran, que aparecen en tu camino como por arte de magia.

Este vino llevaba más de 30 años esperando a que mi amigo Esteban y yo entráramos en una pequeña y turística tienda de un pueblecito del Mosela y lo rescatáramos de una cutre vitrina. La riesling es una de las uvas que mejor envejecen y Wehlener-Sonnenhur uno de los grandes viñedos del Mosela. El resto lo podéis imaginar…

En ese viaje bebimos muchos y muy buenos vinos, que aún sin nombrarlos quiero recordar, incluida la visita que hicimos a Haart.


6) PRADO ENEA 2006. GRAN RESERVA. Haro. Bodegas Muga.

Uno de los grandes vinos que disfrutamos en el viaje a La Rioja, en el mes de octubre. Espléndido vino que me trae a la memoria una mañana lluviosa entre viñedos, que cerramos con una cata de Riojas clásicos y modernos.

María, Pablo, Amparo’s, Vicente, Rosana, Pepe, fue un viaje realmente “encumbrado”.

7) ENTRE CIEL ET TERRE BRUT. Françoise Bedel.

Es un buen champagne, desde luego, pero la razón de su presencia aquí es el motivo por el que fue abierto. Con este vino celebré con Esteban y Pakito, más la gente de Fierro, mi tercer lugar en el Premio Planeta 2015. Además, su nombre responde a lo acontecido, “entre el cielo y la tierra”, pues ahí me quedé, a las puertas.

8) CUATRO CORTADOS. Jerez de la Frontera. González Byass.

Como dice mi amigo Esteban, este “no es un vino para calmar el ansia de la sed, es más bien un vino para alimentar el alma”. Así es, no se puede definir mejor.

Es difícil saber la antigüedad de su solera, al parecer anterior a la batalla de Trafalgar (1805)!!!! Apenas quedan unas cuantas botellas en el mundo y los que estuvimos en la cata magistral impartida por Pepe Ferrer pudimos probar unas gotas de historia. Es un vino yodado, oscuro, concentrado y potente. Un vino que aún cuando se acabe no morirá nunca.

Pitu Roca lo definió como “lágrimas saladas vestidas de cobre, espinas de yodo”… El último suspiro del hombre…

Lo disfruté en Fierro de la mano de Pepe Ferrer y Eva Pizarro, acompañado de mis amigos Paco, Esteban, Pakito y Mario.

9) LES MANYES 2009. Torroja del Priorat. Terroir al Límit.

Gracias Joaquín.

La cata de garnachas y cariñenas y/o de Priorats y Montsants se presumía apasionante. ¡Y vaya si lo fue! Había vinos importantes como un Espectacle que estuvo impresionante. Todos los vinos fueron de gran nivel, sin embargo Les Manyes 2009 nos dejó sin palabras. El sinfín de matices, su textura, su sutilidad, su elegancia… Todo tan bien colocado… A ciegas lo podía haber enviado, sin rubor, a algún grand cru de la Borgoña.

Este es uno de los vinos que Paco, Esteban, Julio, Vicente, Joaquín, Asun, Mª Cruz, Yolanda, y yo no olvidaremos nunca, tampoco el fin de semana que pasamos en el Priorat…


10) MARGUEIRA 2001. Barolo. Luigi Pira.

Enópata, de la mano de Juancho Asenjo, nos ofreció una cata de barolos muy interesante. Los vastos conocimientos de Juancho sobre los barolos y su capacidad para relacionar los diferentes vinos del mundo entre sí y también con la historia hizo de la cata una noche memorable. Entre aquella selección de barolos destacó, en mi opinión, este Margueira 2001. Estaba en su punto. Tengo que volver al Piemonte.

Gracias Juancho, gracias Juan y Rebeca.

11) CREAM PIÑERO. Jerez de la Frontera. Juan Piñero.

Más Jerez. No, no es una casualidad. Simplemente, calidad.

Este cream me ha sorprendido muy gratamente, tanto que lo he repetido en varias ocasiones. Y no sólo a mí, pues todo aquel que lo ha probado ha quedado impresionado. En mi opinión es la expresión de lo que debe ser un cream. Fresco y dulce, no empalagoso, con recuerdos a pasas y frutos secos, pero con la complejidad de un buen oloroso.

Este vino fue uno de los que bebimos en noviembre en la “Cata Garrigues”, con María, Salva, Guillermo, Arturo, Pepe, Enric y Nestor.

12) BERBERANA 1960. GRAN RESERVA. Bodegas Berberana.

He bebido muchos riojas “viejunos”, aunque nunca los suficientes.

De todos los riojas clásicos y “viejunos” que he bebido, este Berberana de 1960 es uno de los que más he disfrutado. A pesar de llevar 55 años en el interior de una botella, se mostró excelso. Muy buena acidez. Aterciopelado. Recuerdos de fruta escarchada y una inagotable muestra de cueros, brandys y maderas nobles. También me volvió a recordar cómo se asemejan los riojas, los barolos y los borgoñas con el tiempo.

Uno de los muchos y grandes vinos que bebo todos los meses en la “Cata del Mar” con Andrés, Paco y Rafa en Marinetta Mía.

13) UNA SEMANA EN TENERIFE CON ESTEBAN Y PACO.

También fueron muchos y buenos fueron los vinos que bebimos en Tenerife, tanto canarios como de otras partes del mundo. Alguno de esos vinos podría haber estado en esta lista, sin embargo prefiero incluir un momento. El dueño de la casa que alquilamos nos dejó un vino manchego de regalo: Viña Alambrada (¡¡¡Tela!!!). Ahí estuvo hasta el último día. Esa noche sólo nos quedaba un vino: La Cueva del Contador, que había traído Esteban. Paco y yo nos conchabamos y decidimos darle el cambiazo, haciendo creer a Esteban que el Viña Alambrada era La Cueva del Contador. Cuando éste probó el vino, su cara fue un poema. Improperios varios y la convicción de que el vino (lo que debía ser un vinazo en toda regla y que realmente lo fue) había salido con defecto y estaba malo. Paco y yo aún nos estamos riendo. Gracias a los dos por muchos motivos.
      
Esta es una pequeña selección de los vinos que he bebido en 2015, pero ha habido muchos otros vinos y con ellos grandes momentos. No quiero olvidarme de ninguno ni de nadie, así que gracias a todos aquellos con los que he compartido un vino en el 2015, porque seguro que fue un momento feliz.

Juan Luis Vanrell



Fotografía y texto Juan Luis Vanrell