Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

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jueves, 19 de junio de 2014

JEREZ, CIUDAD DEL VINO - VINOBLE 2014



Estuvimos en Vinoble, la feria de las ferias. Este importante salón internacional dedicado a los vinos generosos, licorosos y dulces, se celebra cada dos años desde 1998 en el bellísimo Alcázar de Jerez. Tras el intento fallido de 2012 en el que no pudo realizarse, esta edición de 2014 relanza de nuevo un evento único para todos los amantes de los vinos de Jerez.

Y es que los vinos de Jerez fueron los grandes protagonistas durante los tres días de catas y degustaciones, destacando también los vinos de Montilla-Moriles. En ambos casos, la representación de sus bodegas y sus grandes vinos generosos y dulces fue espectacular.

A ellos se unieron marsalas, passitos, madeiras, oportos, moscateles de Setúbal, malvasías de Tenerife, de La Palma, de Lanzarote, ice wines canadienses, vinos de tokaj, de Sauternes, vinos alsacianos, también alemanes, dulces de Georgia, moscateles de la Axarquía malagueña, de Chipiona, de Valencia, de Navarra, mistela de Samos, tintilla de Rota…


Varias bodegas contaban con stand propio: Tradición, El Maestro Sierra, Fernando de Castilla, Lustau, Urium, González Byass, Grupo Estévez, Barbadillo, Pérez Barquero, Toro Albalá, Gutiérrez Colosía… También distribuidores como Coalla Gourmet, Negrini, Primeras Marcas y Vinos Perea.

En la primera planta del Palacio de Villavicencio destacaban varias salas comunicadas donde el CRDO mostraba una impresionante selección de finos, manzanillas, amontillados, olorosos, palos y dulces del Marco de Jerez, servidos y presentados por jóvenes enólogos con profundos conocimientos del vino.

En un marco incomparable como La Mezquita, El Molino o el patio de San Fernando, distintos espacios dentro del Alcázar, se desarrollaron numerosas catas y mesas redondas muy solicitadas, dirigidas y comentadas por masters of wine, enólogos y grandes conocedores del vino (Pedro Ballesteros, Sarah Jane Evans, Tim Atkin, Juanjo Asenjo, Peter Liem, Jesús Barquín, Víctor de la Serna, Antonio Flores…).

Las demostraciones de cocina y maridaje, formando parte del novedoso gastrovinoble, suscitaron una enorme expectación. Dos de ellas no me las perdí, la de Ángel León (restaurante Aponiente) con sus creaciones utilizando planctón y acompañadas por Tío Pepe en Rama y Cuatro Palmas, y la de Dani García (Puente Romano), aportando su arte culinario junto a vinos de Lustau.


Tres días fantásticos y numerosos vinos y momentos que han quedado en el recuerdo. Magnífica representación de las malvasías de Canarias con la Bodega Juan Matías Torres y sus malvasías aromáticas del sur de La Palma, o esa botella de nombre Humboldt de Tacoronte-Acentejo (Tenerife); un gustazo probar los moscateles de Bentomiz, Málaga; excelentes los moscateles roxos de Setúbal; un placer degustar los vinos de hielo de Inniskillin a base de cabernet franc, riesling o vidal; una sesión inolvidable con los PX de Toro Albalá, 1983, 1949, 1962, 1946 y Ginés Liébana 1910; qué decir del Amontillado y del Pedro Ximénez 1905 Solera fundacional de Pérez Barquero, vinos para sentarse y meditar; la sorpresa muy agradable de Urium, bodega que aún no tenía el gusto de conocer; la sesión de más de 20 finos probados en la sala del CRDO (Fernando de Castilla en Rama, La Panesa, Fino Coquinero de Osborne…), o la de amontillados y olorosos (no se me olvida ese Amontillado “Fino Imperial” de las bodegas Díez-Mérito), o la cata magistral de palos cortados dirigida por Beltrán Domecq, presidente del Consejo Regulador. Una feria con multitud de detalles. Disfrutamos también con novedades como el fino en rama de Primitivo Collantes (Chiclana) recién embotellado o la oportunidad de probar el Fino de Gutiérrez Colosía de 16% elaborado a partir de una selección de aquellas botas donde el velo ha permanecido a pesar de alcanzar dicha graduación, un fino extraordinario. Muchos recuerdos y muchas anotaciones para comprar.

Felicitaciones por su excelente trabajo a la organización, participantes y expositores de Vinoble 2014, año en el que Jerez ostenta el merecido título de Ciudad Europea del Vino.

Paralelamente, diversos eventos se celebraban fuera del Alcázar. Nosotros optamos por disfrutar de las noches flamencas del Tabanco El Pasaje, uno de nuestros rincones preferidos. Y para acompañar el cante, jamón de Jabugo, butifarra y morcilla de la Sierra gaditana, salchichón y vinos de El Maestro Sierra. Y continuamos soñando, próxima parada de nuestro viaje: Sanlúcar.

Vicente



 Gema “La Cantarota” al cante, Ramón Trujillo a la guitarra.
María González al cante, Noa Drezner a la guitarra.
Tabanco El Pasaje




viernes, 25 de octubre de 2013

COMER Y BEBER EN JEREZ, TABANCOS Y RESTAURANTES



Asociado generalmente al aperitivo, las posibilidades del vino del Marco de Jerez van mucho más allá, pudiendo acompañar toda una comida: finos y manzanillas acompañan perfectamente desde almendras y aceitunas hasta mariscos, sushi, sashimi, pescado frito… jamón ibérico; amontillados son apropiados para carnes blancas, pescados azules, quesos curados, consomés, guisos, setas, alcachofas…; olorosos combinan con estofados, platos de caza y carnes rojas; pedro ximénez con quesos azules, helados (de vainilla por ejemplo) y repostería, principalmente con base de chocolate; moscateles maridan con frutas, sorbetes de naranja… Todo un mundo de posibilidades se abre a partir de la extensa gama de vinos de esta región, sin olvidarnos, en varios casos, de sus virtudes como vinos de meditación: antiguos amontillados, raros palos cortados, finos de crianza más prolongada…

La oferta gastronómica en Jerez es extensa y nuestra toma de contacto no pudo comenzar mejor:

El Gallo Azul

Restaurante situado en la calle principal de la ciudad, en un bonito edificio de estilo neomudéjar construido en 1928 por encargo de la familia Domecq. Probablemente sea el edificio más fotografiado de Jerez.

En la terraza exterior, disfrutamos de la cena en una tranquila noche a la fresca. Los platos elegidos estaban buenísimos, sobre todo el cazón en adobo y el pisto de bacalao, la lasaña de txangurro y verduritas, la tosta, todo. En cuanto a los vinos, nuestra pasión, tenía claro comenzar con ½ botella de La Ina y seguir con diversas copas.

El fino, de color pajizo pálido, se mostró fresco, limpio, punzante, con claras notas a almendra fresca y a crianza biológica. Agradable y fino, a un precio ridículo. Seguimos acompañando los platos, ahora con una copa del Amontillado Viejo Botaina, de precioso color ámbar y nariz extraordinaria, notas a frutos secos, garrapiñadas, punto goloso, seco en boca, sabroso, complejo, con largo y agradable postgusto. Con un bizcocho de café tipo éclair o con un tiramisú lo tomaríamos también a gusto. Nos encantó. La siguiente copa fue recomendada por Andrés, el amable profesional que nos atendió, se trató del Oloroso Viejo Abocado La Raza, de color ámbar rojizo, nariz compleja con recuerdos yodados, sedoso y persistente (85% palomino, 15% pedro ximénez).

Andrés nos informó que hace pocos años, Lustau, que pertenece al Grupo Caballero, adquirió ciertas marcas históricas de la casa Domecq. La Ina, Botaina, por ejemplo, ya aparecen con el nombre de Lustau. Según nos comentaron en una tienda, las botellas de La Raza continúan con la marca Domecq en la etiqueta, pero dejó de producirse esta solera, seguirá en el mercado hasta que se agoten las existencias.

Ya en los postres, junto al tocino de cielo y un helado de chocolate, degustamos una copa del Cream East India, notas de fruta madura, nuez y naranja caramelizada, y otra, del PX VORS, también de Lustau y de color como el arrope, muy rico, nada empalagoso y con notas casi amieladas. Los vinos de Lustau siempre me han gustado, si tenéis oportunidad probad sus Single Cask.

La verdad es que nos pusimos como Las Grecas, locamenti. Por cierto, existe la opción de comandar un menú maridado.

Al día siguiente continuamos nuestro proceso de adaptación rápida a las costumbres locales, también a la hora del desayuno. Aquí nada de croissants ni productos pre-congelados, es habitual tomar el café con unas tostas con aceite o untadas con salmorejo, así lo hicimos durante todo nuestro viaje por Andalucía. Y qué bien sientan, inclusive el desayuno “light” de tostadas de zurrapa de lomo que nos ofrecían en La Moderna. La zurrapa son las sobras de carne mechada cocinadas en manteca blanca, también puede ser en manteca colorá obtenida de los chicharrones, siendo su color debido al pimentón. No será light, pero sí delicioso.

Tabancos

Uno de los rasgos distintivos de la ciudad que más me ha atraído en nuestro recorrido de tapas y vinos ha sido el resurgimiento de los tabancos. Su origen es antiguo y su nombre proviene de la fusión de las palabras tabaco y estanco. Afortunadamente, estos tradicionales despachos de vinos volvieron a florecer en el siglo XX y hoy en día continúan su labor algunos pocos pero otros se han recuperado y también han aparecido nuevos. En ellos se puede consumir directamente del barril o comprar vino a granel, degustar sencillas tapas y pasar un buen rato. También han creado una ruta para estos establecimientos, Tabancora.


Tabanco El Pasaje, el más antiguo en funcionamiento actualmente en Jerez, se fundó en 1925. Tiene dos entradas opuestas, de ahí su nombre.

Carteles de toros y utensilios bodegueros decoran sus paredes verdes y, sobre todo, destacan sus botas de vino. Varias veces visitamos este tabanco, disfrutando con sus tapas (boquerones en vinagre, carne mechada, salchichón ibérico y caña de lomo servidos sobre papel de estraza) y los vinos de El Maestro Sierrael Fino y el Oloroso de 15 años, ¡qué buenos! La cuenta la suman con tiza sobre el mostrador de madera.

En este local presentan actuaciones en directo. Enorme expectación recibió el ciclo “Flamenco se escribe con M de mujer”, vimos la actuación de Sara Salado al cante y Agustín de la Fuente a la guitarra. También nos encontramos en otra ocasión con cantantes espontáneos, en concreto dos clientes que, guitarra en mano, cantaban tanto en español como en francés. Sin duda, comprobamos que las bulerías y el vino de Jerez casan de maravilla.


Tabanco San Pablo: local con solera que continúa en manos de la misma familia desde su apertura en 1934. Famosa es la tortilla de “La Nena”, nosotros no la pudimos probar, se agotó ese día, pero sí comimos sus papas aliñás, con atún claro, huevo duro, cebolla, perejil, aceite y vinagre. Las sencillas pero refrescantes patatas y un montadito de melva y pimiento morrón y otro de serranito San Pablo nos supieron a gloria acompañando un Fino Valdespino (bodega del Grupo Estevez) y un Fino Tío Pepe (González Byass). Una copita del Moscatel puso el puntito dulce acabando de recargar nuestras pilas.


Tabanco Plateros: abierto desde hace un par de años y precursores de la guía Tabancora que propone una ruta por este tipo de locales. Trabajan con vinos de la Cooperativa Virgen de las Angustias (también en botas tras la barra), probamos su Fino Sin Pecado (1 €), un platito de queso Payoyo de Villaluenga del Rosario, en la Sierra de Grazalema (cabra y oveja en este caso) y, para seguir ruta, media de butifarra de la Sierra de Cádiz, las cantidades como durante todo el viaje son generosas. ¡Y qué ricas!

Taberna La Sureña, situada frente El Alcázar, es conocida como el tabanco de los moteros debido a los parroquianos y a la afición del propietario. De entre los vinos propios de la casa, creo que el Amontillado Mosen Manuel fue el que más me gustó, dedicado a un sacerdote amigo de la familia. Tampoco tiene desperdicio la butifarra de Chiclana con sabor a sus especias, canela y clavo, o el jamón al corte. Nos invitaron a unos chicharrones fritos que estaban para comérselos como las pipas.

Quisiera nombrar dos tabancos más: El Guitarrón de San Pedro en la calle Bizcocheros (abierto hace pocos meses, trabajan con Fino en rama de Valdespino) y la Vinoteca La Bodega Jerezana (clientela de toda la vida y amplia estantería con botellas expuestas a la venta).

Entre tabanco y tabanco no nos perdimos las ya archifamosas alcachofas guisadas del Bar Juanito. Los corazones de alcachofa estaban buenos, y más aún con una copa de Fino Inocente Valdespino (fresco y limpio), pero no se me olvida el platito de carrillada de ternera y la copa del Oloroso Antique Fernando de Castilla, impresionantes por separado y sensacionales en su maridaje.

Restaurante La Carboná

Para la última noche en Jerez teníamos una dirección indispensable, la del restaurante La Carboná. Localizado en un antiguo bodegón jerezano cuya estructura ha sido conservada, cuenta con un comedor amplio y cómodo y están especializados en cocina de la tierra y en carnes de Cantabria al carbón. El trato es exquisito. Ana Soto, la propietaria, nos comentó que llevan más de 20 años. Javier Muñoz, hijo de los propietarios, es el jefe de cocina.

¡Y qué cocina! Elegimos salmonetes pequeños fritos al momento y alcachofas salteadas con mollejas en vino Fino, estos dos platos como entrantes. Como platos principales nos decantamos por la presa ibérica macerada en soja y pedro ximénez con puré de patatas trufadas y castañas y, el otro plato, solomillo de vaca de Cantabria relleno de setas y foie con reducción de oloroso. De postres, un bizcocho de canela sin harina con helado de Px y la tosta de arroz con leche con helado de caramelo. Todo delicioso. Se me hace la boca agua recordarlo.

Y para acompañar tales delicias, degustamos varias copas de importantes bodegas de la zona.

Un trío de finos para los entrantes: Marismeño Sánchez Romate, delicado, ligero, fino, sutil; Inocente Valdespino, procedente del Pago Macharnudo, fermenta en botas de roble (creo que es el único, lo normal es en depósitos de acero inoxidable) y con más de 8 años bajo velo de flor, un fino de mucho nivel, punzante, almendrado, seco y sedoso en boca; con La Panesa Emilio Hidalgo, 15% al igual que los anteriores, recordamos nuestra visita a la bodega, es extraordinario.

Probamos Lustau Almacenista Manuel Cuevas Jurado Amontillado Sanlúcar de Barrameda (17.5%), una botella recién llegada a la bodega del restaurante de la que nos ofrecieron una copa. Este amontillado sanluqueño, proveniente de una solera de 21 botas, aúna salinidad marina, suave sabor avellanado, finura y elegancia. Lustau es la única casa del Marco que comercializa vinos de las tres ciudades que conforman la zona de crianza. En su gama almacenista, siempre menciona en la etiqueta el productor.

Para las carnes: Palo Cortado Leonor, González Byass, recomendado por Ana, frutos secos, vainilla… y Oloroso VORS de Bodegas Tradición, 20% como el anterior, caoba oscuro, muy complejo, maderas nobles, frutos secos, intenso, equilibrado… Colosal.

Y finalmente, para los postres, una gentileza de nuestros nuevos amigos de La Carboná, Matusalem Oloroso Dulce Viejo, González Byass, (20,5%), de color caoba, nariz compleja con notas de frutos secos dulces y roble viejo. En boca es un regalo para el paladar, redondo y aterciopelado, concentrado y elegante. 75% palomino y 25% pedro ximénez de los pagos Carrascal y Macharnudo.

La cena en este restaurante fue uno de los grandes momentos gastronómicos de nuestro viaje.


Vino, gastronomía, flamenco… y caballos. En esta ciudad también se da un espectáculo difícil de igualar: “Cómo bailan los caballos andaluces”, en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre. Realmente emocionante, cargado de belleza y arte.

Durante nuestra estancia coincidimos con las fiestas de la vendimia, en las cuales había programados numerosos eventos en lugares emblemáticos de la ciudad como, por ejemplo, en el Alcázar o junto la Catedral: conferencias, exposiciones, conciertos, bulerías, orquestas sinfónicas y bandas municipales, feria gastronómica, muestras de maridaje, jornadas de puertas abiertas en numerosas bodegas, catas magistrales en el Patio de Armas del Alcázar (monumento de obligada visita)… Todo en un ambiente tranquilo y festivo, perfectamente organizado.

Muchas son las causas para visitar esta ciudad, pero el principal motivo es su gente, por su amabilidad, simpatía y acogida. En Jerez no debemos tener prisa, hay que dejar disfrutar nuestros sentidos, impregnarse del encanto, del embrujo, del sabor de esta ciudad, y de su olor a flores y vino. Ya que hemos sido invitados, intentaremos acudir a las próximas fiestas de la ciudad, abiertas a todo el mundo: la Feria del Caballo. Ganas no nos faltan, Jerez enamora.

Vicente




jueves, 24 de octubre de 2013

LAS BODEGAS DE JEREZ



La mejor forma de conocer el particular método de elaboración de esta zona es visitando sus bodegas, en cuya penumbra y calma interior se crían importantes vinos en viejas botas de roble. Durante nuestra corta estancia en Jerez de la Frontera visitamos las siguientes cuatro:


Hace ya algún tiempo, tuve la suerte de asistir a una cata-degustación de los vinos de González Byass. Dirigida magistralmente por Antonio Flores, enólogo de la bodega, pudimos comparar distintas muestras: un mosto (vino base), pendiente de clasificar pero con maneras de apuntar hacia una crianza biológica; un fino de sobretablas; un oloroso de sobretablas… Y así hasta grandes vinos de la casa como Amontillado del Duque o Palo Cortado Apóstoles. La sorpresa final fue poder degustar Cuatro Palmas, un vino de meditación, de una antigüedad de 54 años y una complejidad irresistible: bálsamo, acetato, tabaco, maderas nobles, frutos secos… finura, delicadeza... Un amontillado viejo que no olvidaba sus principios, su crianza biológica. Una joya enológica.

Con estos recuerdos tan gratos acudimos a esta casa de Jerez, un complejo enorme formado por varias bodegas, calles y hectáreas de viñas. Una ciudad dentro de la ciudad. Una de sus bodegas más bonitas es La Concha (fotografía de cabecera), en las botas que alberga en su interior se pueden ver las banderas de los países a los que se exporta los vinos de González-Byass.

Nos ofrecieron un magnífico recorrido a través de sus viejas botas y su historia, siendo uno de los protagonistas su simpático emblema, Tío Pepe. Por cierto, se podría decir que el Cuatro Palmas sería su vino Tío Pepe pero con más de 50 años. Sin duda es una casa importantísima que hay que visitar. Fundada en 1835.


Compañía familiar fundada en 1830 y dirigida actualmente por Doña Pilar Plá. Hasta 1992 era una bodega almacenista, es decir, vendía el vino a otras bodegas. A partir de esa fecha comienzan a embotellar y comercializar su propio vino.

Su enóloga, Ana Cabestrero, nos enseñó muchos detalles que yo desconocía y que no había apreciado hasta entonces, por ejemplo, el distinto tamaño de las botas, siendo algo más reducidas las que se montan en la hilera superior (las botas en Jerez, de roble americano, suelen tener entre 500 y 660 litros de capacidad, o lo que es lo mismo, de 30 a 40 arrobas, siendo habitual 600 litros).

Al conjunto de botas que componen el sistema de crianza de un vino también le llaman solera, pero no es necesario que todas las hileras de la misma solera estén montadas unas sobre otras como vemos en los esquemas dibujados en los libros. En la bodega se podía observar una hilera correspondiente a la 1ª criadera dispuesta sobre su solera y en cambio ver la 2ª criadera en otro conjunto de botas, o bien una escala de olorosos sobre una criadera. En todo caso, nunca vi apiladas más de cuatro alturas de botas.

Nunca utilizan madera nueva, algo que ya presumía, era fácil: no se desea ni los aromas propios de la madera nueva que ocultaría el carácter de la flor ni un contenido alto de tanino en vino que inhibe el desarrollo del velo. Nos mostró algunas viejas botas pendientes de ser rehabilitadas por personal especializado. Su cuidado era constante.

Vimos una simulación del uso de la canoa, jarra y rociador, técnicas que aún utilizan en esta bodega para el rocío de sus soleras. Otra cosa, estas botas estaban cerradas pero no herméticamente, la flor necesita cierta aireación. A través de la aspilla (una regla) miden el volumen de vino contenido en una bota, la unidad utilizada es la arroba (1 arroba = 16,66 litros en Jerez).

También nos enseñaron su sala de embotellado y etiquetado manual. Nos saludó Doña Pilar y posteriormente pasamos a la zona de cata. En una de las calles dentro de la bodega, rodeados de botas, nos tenían preparadas unas sillas y mesitas con los vinos que nos presentaron: su Fino, de 5 años, el mínimo tiempo de crianza obligado por la reglamentación son tres años; el Amontillado 1830, grandioso vino que descansa en viejas botas de 2000 litros firmadas por el fundador de la bodega, pienso que alguna micropartícula de la fecha de su fundación debe quedar en este viejísimo amontillado; Oloroso Extra Viejo 1/7, 80 años de vejez media, sin palabras; y el mejor Px que he probado hasta ahora, Pedro Ximénez Viejísimo, con una vejez de 50 años, sin encabezar y sólo 10,5% de graduación: pasas, pan de higos, dátiles y hasta miel, también café… muy complejo, nada empalagoso y con una sedosidad fuera de serie.


Mientras tanto, Ana nos contaba más detalles. Se evita realizar sacas con demasiada cantidad de vino con el fin de no perder el carácter de la solera. A su vez, se realiza el corrimiento de escalas con sacas y rocíos de pequeña cantidad para no desestabilizar el vino. Clarifican con las claras de huevo que compran en la pastelería de toda la vida del barrio. Comprendo que sean tan comunes los tocinillos de cielo en la región aprovechando las yemas que no utilizan las bodegas, de hecho este postre es originario de Jerez. La historia que nos relató del amoroso os la cuento luego.

Nos habían tenido que dejar un momento para atender unos asuntos, hay que tener en cuenta que mientras nosotros estamos de vacaciones ellos están trabajando. Entretanto, seguimos degustando estos vinos de extrema calidad acompañados por el resto de visitantes: una pareja de escoceses enamorados de Jerez y sus vinos, apuntaros su página Criaderas-Adventures in Sherry; una pareja de asturianos tan locos por el vino como nosotros; y la cuarta pareja, madre e hijo jerezanos, vecinos de la bodega, que nos comentaban su apego por esta casa (pudimos apreciar su cultura vinícola cuando la señora nos contaba que siempre cocinaba con oloroso, incluso el pescado). La conversación era distendida, ocho personas recién conocidas compartiendo los placeres del vino en el lugar donde nacen. El vino es para compartir, contar vivencias, ilusiones, e iniciar amistades. Por cierto, se estaba tan a gusto que si no viene el capataz preguntando por nosotros, nos quedamos allí. ¡No será por falta de vino! En cualquier caso, en ningún momento nos metieron prisa alguna.   

Compramos algunas botellas para saborear el recuerdo, no sólo las de alta gama, también su Oloroso 15 años, de precio ridículo en tiendas, clasificado como Vino con Indicación de Edad. Bajo petición, el Consejo Regulador concede dicha clasificación al vino de un sistema de criaderas y solera en base a la comprobación de su calidad y vejez. En este caso sus ventas anuales serán limitadas proporcionalmente a una quinceava parte de sus existencias. Los vinos de 12 años también se pueden clasificar bajo esta categoría de Vino con Indicación de Edad.

Mientras preparaban nuestras botellas, entre ellas alguna recién etiquetada, mi pareja y yo no pudimos evitar mojar nuestro dedo índice en el vino que rezumaba a través de las duelas de una vieja bota, puro arrope en boca.

Visitar esta bodega familiar ha sido una experiencia para enmarcar.

Me queda comentaros la anécdota del vino Amoroso, un Medium que pronto será su único nombre desapareciendo de la etiqueta la palabra amoroso, cosas del reglamento. Nos contaron que en otros tiempos, no tan lejanos, los maridos compraban para sus esposas vino dulce que tomaban a pequeños sorbos mientras cocinaban. De broma decían que sus mujeres se ponían de buen humor y más amorosas.

Seguimos nuestro itinerario, si por la mañana salimos de El Maestro Sierra con una sonrisa de oreja a oreja, por la tarde tocaba Bodegas Tradición.


La empresa se fundó en 1998 pero la bodega es del siglo XIX. Como es común en la zona, el edificio se caracteriza por gruesos muros que ayudan al aislamiento térmico y una gran altura que permite la ventilación. La orientación está estudiada, favorece las suaves y húmedas corrientes del viento de Poniente frente al cálido y seco viento de Levante. Las ventanas son pequeñas, altas y cubiertas con esteras de esparto que controlan la entrada de luz impidiendo a la vez el polvo e insectos. El pavimento está cubierto con albero, como mínimo bajo las andanas de botas, que se riega dependiendo de la estación con el fin de regular la temperatura y humedad.

Esta bodega está especializada en elaborar Vinos de Vejez Calificada, los vinos más añejos, que el Consejo Regulador divide en dos categorías especiales. Se trata de los V.O.S. (“Vinum Optimum Signatum” o, en inglés, Very Old Sherry), vino calificado como bueno con más de 20 años de vejez media, y de los V.O.R.S., más de 30 años (“Vinum Optimum Rare Signatum” o Very Old Rare Sherry), vino calificado extraordinariamente bueno. Además, por el sistema de cupos, ninguna bodega puede comercializar más de un 5% (1/20) de sus existencias de vinos como V.O.S. ni el 3,3% (1/30) de los V.O.R.S. En todo caso es necesario la comprobación y control del Consejo para conceder la certificación para cada partida (saca), empleando técnicas como el carbono 14 y análisis de cata a ciega.

En el recorrido por la bodega pudimos observar varias botas de añada de olorosos y palo cortados correspondientes a 1970, 1975 y 1998. Frente al sistema dinámico de criaderas y solera, utilizado en su inmensa mayoría, existe la posibilidad de realizar una crianza de carácter estático, como añada. El Consejo Regulador se encargará del precintado y control de estas botas para asegurar su autenticidad.

Dentro de la bodega, tuvimos la oportunidad de admirar una importante colección privada de pintura española, la Colección Joaquín Rivero, que cuenta con obras desde los siglos XV al XIX. Una muestra de pintores universales como El Greco, Goya, Velázquez, Zurbarán, Murillo, Sorolla o Picasso.


Tras tal golpe de belleza, necesitábamos alguna copa. En la sacristía, donde se guardan los tesoros de las bodegas, nos tenían preparados su Amontillado VORS (de unos 45 años), Oloroso VORS (50 años), Palo Cortado VORS (40 años) y Pedro Ximénez VOS. Difícil, muy difícil nombrar cuál nos gustó más, el maridaje vino-arte fue espectacular. Y por si fuera poco, también degustamos los brandies que elabora la casa, otra de sus especialidades: Brandy Tradición Platinum Solera Gran Reserva (más de 50 años) y Tradición Gold SGR. ¡Qué bueno está el Brandy de Jerez!

Nota: Bodegas Tradición, hasta hace poco la única bodega del Marco de Jerez dedicada exclusivamente a vinos VORS y VOS, ha sacado recientemente al mercado su Fino Tradición, un fino con una crianza de 12 años. No lo he probado, pero espero no tardar mucho.

Bodegas Emilio Hidalgo

Bodega creada a mediados del siglo XIX, hoy en día dirigida por la quinta generación de la familia fundadora. Recibidos por Juan Manuel Hidalgo, disfrutamos en esta bodega jerezana de una de las grandes experiencias del viaje, catar distintas escalas de las botas de su excelente Fino Especial La Panesa. En el vino de dos años podíamos ver en el catavinos su flor (y por supuesto la probé), Juan Manuel la había extraído con la venencia. También probamos otra bota de unos tres años, otra de cinco y finalmente La Panesa a punto de ser extraída para embotellar. Las muestras eran espléndidas, cada una en su evolución y características, ¡esto sí que es beber en rama! Siempre utilizando la venencia, Juan Manuel nos ofreció su nuevo Amontillado Fino El Tresillo (nariz golosa, boca seca, tabaco rubio, caja de puros…), parte de él se destina a rociar su Amontillado El Tresillo 1874. Finalmente, catamos de la bota de oloroso destinado al Villapanés: ebanistería, cedro… y riquísimo. Si anteriormente comentábamos lo fenomenal que se llevan el jamón de bellota y un fino de crianza prolongada, Juan Manuel apuntó para el oloroso un buen maridaje con ostras, y recordó un plato ideal para este Villapanés, la fabada con almejas de Casa Gerardo en Gijón. Salivábamos.

Durante nuestra visita, era curioso observar las distintas temperaturas dentro de la bodega, las botas para la elaboración de fino se sitúan en los lugares más oscuros y frescos de las bodegas, por el contrario existen incluso botas de vino en crianza oxidativa situadas en los patios.

Estamos contentos de haber asistido a estas cuatro bodegas. Muchas quedaron en el tintero, pero con solo 3 días de estancia en esta maravillosa ciudad de Jerez no tuvimos tiempo para más visitas, había también que comer, y en esto la oferta es igualmente sensacional. Os invito a leer: tabancos y restaurantes en Jerez.

Queda pendiente acudir a otras grandes bodegas y poder seguir aprendiendo: Lustau, Rey Fernando de Castilla, Valdespino… Grandes templos del vino. De momento, saborearemos sus vinos. 

Vicente